Por: Ricardo Kirschbaum.La renuncia de Taiana y el ascenso de Timerman en su reemplazo pueden ser leídas desde la incondicionalidad que exigen los Kirchner a su gente. No sólo ésta debe ser explícita y abierta a sus necesidades políticas sino que, también, tiene que ser absoluta.
Por eso, que la Presidenta haya elegido a Boudou como ejemplo de lealtad para reclamarle a Taiana es otra desmesura. También es un ejemplo de lo que los Kirchner prefieren. La mención de Boudou, un oportunista de la derecha neoliberal, sube el precio de Taiana, un peronista que sufrió la tortura y la cárcel.
La autorización para que Sadous vaya al Congreso a informar sobre los turbios negocios con Venezuela es un acto que los Kirchner querían prohibir y puede haber sido el detonante de su renuncia. Como también haber dialogado con periodistas de Clarín o, quizá, la financiación con fondos del PNUD de la secretaría general de la Unasur, que habría gestionado Kirchner en persona ante Taiana, quién habría tomado algunos recaudos sobre ese manejo.
Los Kirchner prefieren leales acríticos e incondicionales para los duros meses que vienen. Se juega su futuro

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