Para el final, Macri eligió la música y vecinos amigablesAbrió la jornada en Almagro y la cerró con jóvenes músicos en Caballito
Los tres grados de sensación térmica pegaban directo a la cara de candidatos, periodistas y colaboradores. Eran las 7.23 de la mañana y Mauricio Macri llegaba, bolsita con medialunas en mano, a tocar el timbre del departamento de la calle Bulnes al 700. "Seguimos batiendo récords, innovando", se reía el jefe de gobierno mientras miraba las caras de sufrimiento de los hombres de prensa que lo esperaban, entre ellos LA NACION. Un rato más tarde, y muy relajado, Macri estaba tomando un té con Paula y Pedro, dos vecinos del barrio de Almagro que le dieron una bienvenida casi ideal.
En el primero de los diez minieventos con los que ayer puso fin a su campaña por la reelección, Macri fue a lo seguro: sus colaboradores eligieron para efectivizar la promesa de más jardines maternales a una pareja de jóvenes amables de clase media que hasta piensan votarlo en las elecciones de pasado mañana.
No había salido el sol cuando Sergio "Chelo" Bouzas, director del CGP y candidato a comunero, se paró en la puerta del edificio por donde entraría Macri. "Somos madrugadores", dijo a LA NACION Bouzas, mientras otros colaboradores recibían a María Eugenia Vidal, candidata a vicejefa, y el rabino Sergio Bergman, que se quejaba porque había debido obviar sus rezos matinales para llegar a tiempo. "Es una casa elegida al azar", repetían colaboradores de Pro antes de ingresar al domicilio, casi prenunciando lo contrario.
"Te alborotamos la mañana, ¿no?", dijo Macri a Paula, la embarazada dueña de casa, con tono cordial y luego de subir al primer piso por escalera. Con Pedro hizo contacto enseguida. "Me faltan tres materias para recibirme de ingeniero", le dijo, antes de que Mauricio empezara a recordar sus épocas de estudiante universitario. "¿Cómo se va a llamar? ¿Mauricio?", bromeó mientras miraba a la futura mamá. Mientras sostenía un vistoso iPod, Macri explicó a la pareja (y a los medios) lo hecho por su gobierno en materia de infancia y prometió 100 jardines maternales en su segunda gestión. "Si necesitás apoyo durante la lactancia, te dejo mis datos", agregó Vidal, afectiva.
La charla derivó, como era de esperar, hacia el fútbol. Macri contó sobre los torneos organizados en su quinta y habló maravillas de los ex futbolistas Norberto Alonso y Sergio Batista. Pedro, a la salida, se mostró contento, aunque explicó algunos entretelones que desmitificaban la elección "al azar" de su hogar. "Nos llamó el lunes el novio de un amigo de mi señora para preguntarme si podían venir. Les dije que sí, claro", dijo, convencido. "Los dos ya hemos votado a Pro y lo volveremos a votar", agregó, convencido, por si hacía falta, cerca de Bouzas y mientras Macri enfrentaba a los periodistas.
Actos y más actos
El resto de la jornada fue ajetreado: visitas a los medios, más visitas a vecinos y otros nueve minieventos (uno por cada compromiso de campaña), y un cierre a toda orquesta con músicos en Caballito. En Colegiales, por ejemplo, presentó cámaras de seguridad, y en la avenida Juan B. Justo prometió extender el Metrobús.
Ante los periodistas, Macri reafirmó su decisión de no asistir a los debates organizados en el canal América y la Universidad de Buenos Aires. "Si Filmus hubiera ido al debate de TN todo habría salido muy bien", repitió. Calificó de "más ansioso que yo" a su consultor Jaime Durán Barba, que pronosticó un lanzamiento presidencial hacia 2015 si triunfaba el domingo.
Con sólo 80 pesos en el bolsillo ("no llevo cartera ni reloj", reconoció en una de sus entrevistas de ayer), Macri recorrió la ciudad. Se lo vio de buen humor y evitó en todo momento polemizar con el Gobierno. "No es bueno que nos agredan tanto", dijo sobre sus rivales kirchneristas. Terminó cantando, al final de un día que había comenzado a pura campaña.




Comentá la nota