Empleados del Instituto Provincial de la Vivienda advirtieron que la obra de los 1008 monoambientes fue licitada por la secretaría de Obras Públicas de la provincia, que ese organismo tiene a su cargo la inspección y la certificación de los trabajos, mientras que la Subsecretaría de la Juventud, realizó la inscripción de los interesados y el sorteo de los futuros adjudicatarios.
Puntualizaron sin embargo que en el organismo de viviendas de la provincia se entendió siempre que un programa de esa naturaleza no contribuye en nada a disminuir la demanda habitacional.
Para los empleados del IPV los monoambientes son un negocio inmobiliario que sirviéndose de los jóvenes beneficia a la cámara que agrupa a los constructores y al banco que financiò la operación, que definió previamente los requisitos y niveles de ingresos para asegurarse el cobro de una cuota que no se sabe cuántos jóvenes la podrán pagar.
Señalan que desde el punto de vista urbanìstico los terrenos del Huaico fueron el botín de guerra ya que ignorando una planificación existente se decidió implantar 84 edificios con monoambientes distribuidos arbitrariamente en un extremo del predio.Otro cuestionamiento es que desde el punto de vista social no solo no le damos respuestas a una gran cantidad de familias, sino que este programa de 1000 unidades puede convertirse en un gheto totalmente aislado de su entorno inmediato, porque se debe pensar pensar una ciudad con barrios donde las familias puedan desarrollarse, con los niños , los jóvenes y los abuelos interactuando entre ellos sin segregaciones.
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