Hay una idea billiquinesca, pero todavía muy extendida en la opinión pública de nuestro país, que presupone que un diario es, por naturaleza, una suerte de tribuna pública que actúa como garantía de los derechos de los ciudadanos frente al poder del Estado, y una voz, al mismo tiempo, a través de la cual se expresan y defienden la ideas de la libertad porque, en la defensa de esas ideas un diario encuentra su esencia y su razón de ser.
Hay diarios en la Argentina que históricamente cumplieron el rol de gendarmes de las ideas libertarias, con lo cual pensar que un diario puede constituirse automáticamente –por el sólo hecho de llamarse diario- en la garantía de las libertades que consagra la Constitución es una idea pueril y absurda. Sin embargo, es muy difícil negar que un marcado número de publicaciones, en la polifonía que esas publicaciones generan, sirve para mejorar el funcionamiento de la democracia y garantizar la vigencia plena de los derechos de los ciudadanos y de la comunidad.
En otras palabras, la libertad de expresión y el derecho a acceder a la información están asegurados en tanto el número de diarios represente una cantidad lo suficientemente importante como para que no haya ninguno ubicado en una posición tal que le permita controlar o dominar la circulación de ideas en función de los intereses particulares –cualquiera sea la esfera de pertenencia de estos intereses- que indefectiblemente todos los medios de comunicación representan.
Es relevante demorarnos en este punto porque, precisamente, quienes se oponen a la ley que nos ocupa, sostienen que el gobierno incurre en un claro atentado en contra de la libertad de prensa. En verdad, este presunto atentado sólo podría ser imputado al actual gobierno si éste no hiciera nada frente a las evidencias que hoy tenemos, y frente a lo que hoy sabemos en torno a los grandes grupos, como Clarín, que junto al diario La Nación, controla Papel Prensa a partir de un oscuro hecho que tiene todas las características de un crimen de lesa humanidad.
Pero es obvio que quienes se oponen a la ley tienen razones para hacerlo: son los dueños de la principal llave para actuar con éxito en el mercado de diarios, y saben que si pierden esa llave ya no dispondrán de las ventajas que hoy computan a su favor, con lo cual habrá más diarios compitiendo, en un pie de mayor igualdad y, sobre todo, menos poder en manos de menos diarios.
Habrá sí, por el contrario, más democracia porque será mayor el grado de oportunidades para ejercer la libertad de prensa. Pero eso, claro está, no le interesa a Héctor Magnetto y mucho menos a la señora Ernestina Herrera de Noble que sabe como nadie que el principal poder de un medio no es lo que dice sino lo que es capaz de callar y de hacer callar. Ese servicio fue el que prestó Clarín y La Nación a la dictadura militar, a cambio de quedarse con Papel Prensa: callar, confundir y manipular a la opinión pública, garantizar impunidad a los genocidas, hacer, en definitiva, lo que mejor saben hacer: convertir todo en negocio.
Pero claro está que no ignoramos que lo que verdaderamente está en juego otra vez, como sucedió cuando se debatió la ley de comunicación de servicios audiovisuales, es la cuota de poder que tendrá cada cual en un país que desde 2003 está saliendo de un modelo de concentración en todos los órdenes, y que viene fraguando una nueva matriz -pese a los obstáculos que ha tenido que enfrentar y que está enfrentado en este mismo momento- basada en una concepción nacional y popular de la economía, en procura de lograr una sociedad más inclusiva, signada por los principios de la justicia social.
Es aquí, en este objetivo estratégico del actual proceso político que lidera el doctor Néstor Kirchner, donde debe comprenderse el grado de reacción destituyente que vienen teniendo estos medios con la complicidad de algunos sectores de la oposición y del vicepresidente Julio Cobos; algunos de los cuales, en otros momentos de la historia, no dudaron jamás en golpear la puerta de los cuarteles y ahora, más modernos y acordes con los tiempos que corren, golpean las puertas de algunos medios y de las oficinas del grupo que regentea el señor Magnetto para alcanzar el mismo fin de aquellos días, cuando salían en busca del poder militar.
“Las libertades de prensa e información, realizadas de buena fe, son unas de las más grandes conquistas de la humanidad civilizada, pero, practicadas de mala fe, son uno de sus peores azotes.” Esta sentencia, que pertenece al tres veces presidente constitucional de los argentinos, el teniente general Juan Domingo Perón, producto de sus reflexiones sobre los medios de comunicación, es de una actualidad absoluta.
Perón ya había observado en su tiempo la lógica de los grandes diarios que lograron transformarlo para la opinión pública mundial en un tirano, porque su gobierno no respondía a los intereses de quienes habían perdido el control sobre la Argentina.
Con variaciones, en la actualidad sabemos que esta lógica poco ha cambiado. Por lo tanto, el motivo que hoy nos reúne es de una enorme trascendencia para la democracia y el país. Hemos conocido el azote, hemos conocido de qué manera perdimos enormes oportunidades por habernos tragado el cuento de quienes tuvieron el poder de engañarnos.
Por todo lo expuesto, solicitamos al honorable Congreso de la Nación la aprobación de la ley que declara de interés público la fabricación, comercialización y distribución de pasta celulosa y de papel para diarios, tal cual lo indica el texto del proyecto que para ese fin remitió la señora Presidenta. Y esta solicitud la hacemos de manera muy especial a los parlamentarios que representan a nuestra Provincia, para que den su voto a favor de esta ley que contribuirá al desarrollo de la prensa gráfica del país del interior, de esos cientos de medios gráficos que diariamente deben batallar para paliar el costo más significativo que tienen en la producción de sus diarios: el papel, el insumo que secuestró la dictadura para entregárselo a sus actuales apropiadores.
Ponencia del legislador Pedro Pesatti en el Foro de ley para declarar de interés Público la fabricación de papel para diarios




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