El papel de Néstor Kirchner (1.950 – 2.010) en la política misionera

La inhóspita Patagonia resultó ser un refugio acogedor para Néstor y Cristina Kirchner, cuando decidieron abandonar la casita de City Bell en la que el padre de ella los había acomodado tras el desbande generalizado que el golpe de Estado desató entre sus amigos y compañeros de militancia. Con el corazón en la boca y los dientes apretados, el 27 de julio de 1976 aterrizaron en Río Gallegos. La siguiente mudanza familiar, veintisiete años y dos hijos después, los llevaría a Olivos. Y al poder.
Con la dictadura, Kirchner se replegó en Santa Cruz y se dedicó a hacer dinero. La democracia lo devolvió a la militancia, y con habilidad se impuso en la interna del PJ. La intendencia de Río Gallegos fue el trampolín a la gobernación, desde la cual pavimentó su ascenso con audacia, obras públicas y un gran apetito de poder

Misiones no fue ajena a este huracán del sur, como se hizo llamar en su campaña presidencial del 2002. Cuando era gobernador integró el Frente Solidario junto a jefes provinciales, entre ellos Ramón Puerta que en los 90 era primer mandatario provincial. La idea era fortalecer el reclamo de la coparticipación.

Luego estuvo más allegado a uno de los considerados del kirchnerismo de la primera hora, Juan Manuel Irrazabal, quien ya lo propiciaba como candidato a presidente luego de la debacle en la Argentina en el 2001. No hay que olvidar que en el momento primaveral que tuvo Néstor con Duhalde antes de la campaña presidencial, el “cabezón” como lo llaman sus amigos, llegó a la tierra colorada y le ofreció a Puerta la candidatura a la vicepresidencia, el misionero no aceptó.

Luego de las elecciones presidenciales, se acercó más a Carlos Rovira, a quien en 2006 uso como globo de ensayo para instalar la reelección indefinida en Misiones, para luego trasladar esto a todo el país. La jugada le salió mal y en ese momento la propia Iglesia se puso al frente y la cara visible fue Joaquín Piña, quien ganó con la famosa frase “NO a la reelección indefinida”.

Luego de esta derrota que obligó a Néstor a cambiar su estrategia electoral en todo el país, se alejó lentamente de Carlos Rovira a quien no le contestó más los llamados, comentaron sus pares más cercanos.

Después vino Maurice Closs, quien estuvo obligado (siendo radical) a cantar la marcha peronista en un acto organizado por Kirchner para fortalecer la imagen de Cristina que estaba enfrentada de manera visceral con sectores del campo. En fin la historia más reciente es conocida.

Presidente. Con Menem en el llano, Kirchner mantuvo una relación tirante con Fernando de la Rúa, mientras organizaba su desembarco nacional. En 2000 lanzó “La Corriente”, con la que comenzó a instalar su imagen en Capital. La crisis de 2001 lo encontró con las cuentas ordenadas y el apetito de un tiburón. Su decisión se encontró con la necesidad de Eduardo Duhalde por encontrar un candidato que enfrentara a Menem, y con el decisivo apoyo del Presidente, Kirchner cosechó el 22% de los votos en las elecciones presidenciales del 27 de abril de 2003. Hombre de buena estrella, el abandono de Menem para el balotaje depositó a Kirchner en la Casa Rosada.

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