Benedicto XVI visita este fin de semana España con el objeto de afianzar la relación con el gobierno tras el enfrentamiento por la ley del aborto del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, impulsor también del matrimonio homosexual, en un país con cada vez menos católicos pero en el que la Iglesia conserva privilegios.
Benedicto XVI llega a España cuatro meses después de la aprobación de la nueva ley del aborto, que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14ª, y que el Vaticano calificó de “absolutamente insensata”, y de “atentado contra la sociedad”. Se trata de la última medida social impulsada desde que Zapatero llegó al poder, hace seis años, que provocó una confrontación abierta con la Iglesia católica, contraria además al matrimonio homosexual, legalizado en 2005.
El rechazo del Vaticano, tanto a la ley del aborto como a las bodas gay, se trasladó a las calles, donde miles de personas pertenecientes a los sectores conservadores de la sociedad secundaron protestas promovidas por la Iglesia Católica y el PP. Días antes de la llegada el pontífice, Rajoy, líder de los conservadores y a quien las encuestas dan hoy como vencedor en las elecciones de 2012, abogó por derogar el matrimonio gay y modificar la ley del aborto.
El viaje papal ha desatado en España una ola de protestas bajo el lema “Yo no te espero”, encabezadas por grupos laicos y detractores del pontífice, opuestos a que la Iglesia se siga financiando con los impuestos de todos.


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