Por: Marcelo BonelliLa tibieza de los bonistas italianos y la dificultad para que los bancos le presten al Gobierno a una tasa de un dígito, enfrían las expectativas políticas del Ministerio de Economía.
Boudou aspira a cerrar el default y después tiene un plan ambicioso: pelear con Daniel Scioli la candidatura a la gobernación para el 2011. El jefe de Hacienda tiene algo seguro: los bancos que lo asesoran ya proyectan una aceptación mínima del 75% de los acreedores. Pero ese no sería el punto que definiría el éxito global de la operación financiera.
Boudou, para superar el examen, tendrá que resolver el tema de los bonistas italianos y, además, habilitar la posibilidad de que Argentina vuelva a tener crédito a una tasa de un dígito. Ambos desafíos generan dudas. El principal problema que tiene Boudou es la dificultad de suscribir un bono nuevo por mil millones de dólares a una tasa de interés del 9,5%. Hasta ayer, el costo de esa operación se ubicaba arriba del 11% y esto descolocaba a Boudou.
Por eso resolvió extender el cierre del primer tramo del canje a la espera de que maniobras especulativas hicieran subir aún más los bonos argentinos. Estas maniobras estarían impulsadas por la ANSSeS y bancos que tienen información confidencial.
En este tema Boudou se juega la credibilidad interna en el Gobierno. Fue su compromiso en la Quinta de Olivos de traer dinero fresco a tasas de un dígito lo único que convenció a Néstor Kirchner para avalar la reapertura del canje. La operación del canje obliga a la Argentina a pagar 1.103 millones de dólares adicionales antes de que finalice el gobierno de Cristina Kirchner. Sin ese prometido ingreso de 1.000 millones de dólares, todo sería pérdida para la Tesorería argentina. En otras palabras: si Boudou no logra ese objetivo, la desdicha lo volverá a acompañar cuando Kirchner opine sobre su gestión. El ex presidente confía en Juan Carlos Pezoa, Guillermo Moreno y Diego Bossio.
Ya ayer el ministro sufrió un traspié cuando el líder de los bonistas italianos Nicola Stock anunció que dejaba en libertad de acción a los miembros de su agrupación. Hace una semana se esperaba un apoyo explícito de Task Force Argentina. Stock emitió un documento con durísimas críticas hacia la marcha económica argentina, que fueron similares a las expuestas por los inversores en los Estados Unidos en las reuniones privadas que mantuvo y trató de ocultar Boudou. Las exposiciones del ministro no conformaron en la comunidad financiera internacional. Hay interrogantes por los desajustes macroeconómicos que genera la inflación y también incertidumbre por lo que ocurrirá en la Argentina después del canje.
Hasta este momento Boudou no elaboró una propuesta para el Club de París y los banqueros reconocen que será imposible acordar con el FMI.
La exposición que tuvo el director argentino en el Fondo volvió a ser una declaración de guerra al FMI. Ocurrió el último domingo en pleno corazón del Washington, cuando el directorio del Fondo trató el apoyo a Grecia. Pablo Pereyra leyó un documento secreto de dos carillas, en cuya redacción participó la propia Presidenta. Clarín confirmó en Washington que ahí se dijo taxativamente que el actual Fondo -no sólo el del 2001- no sirve para nada. Pereyra dijo en la intimidad del directorio y frente a Dominique Strauss-Kahn: "Que la Argentina asistió a una triste historia de acuerdos que originaron graves consecuencias económicas y sociales en muchos países". Y agregó: "Los paquetes de rescate -como el de Grecia- que no tienen en cuenta el crecimiento económico y la sustentabilidad de la deuda, están destinados a tener corta vida". Después de poner en duda la viabilidad de pago de Grecia, Pereyra también afirmó: "Las llamadas reformas estructurales del FMI lesionan la capacidad de gestión y calidad institucional de los países."
También repercutieron las últimas medidas de Guillermo Moreno para frenar importaciones, sin tener en cuenta el problema de fondo: las compras externas de alimentos se proyectan a causa de un eventual atraso cambiario, fruto de la inflación doméstica y un tipo de cambio cuasi-fijo.
En la Unión Industrial igual sostienen que la ofensiva y el escándalo mediático que genera el secretario de Comercio forma parte de una estrategia para obligar a las firmas de la alimentación a pactar futuros acuerdos de precios. Débora Giorgi no participa y tiene una actitud pasiva.
Esto ocurre mientras continúa el hostigamiento político contra la poderosa Asociación Empresaria Argentina. Para eso se utiliza todo tipo de presiones por parte de la dupla Moreno-Roberto Baratta. El kirchnerismo intenta así domesticar y tener un movimiento empresarial dócil, que no critique los problemas económicos.
Ahora, desde la Casa Rosada se intenta reflotar y privilegiar el diálogo con Héctor Méndez para fortalecer a la Unión Industrial Argentina y así tratar de devaluar a la AEA.
Méndez fue en marzo quien propició, junto a la Mesa de Enlace y la AEA, un documento durísimo contra el Gobierno que al final no superó la instancia de borrador. Pero ahora aceptó gustoso el papel que le asignó la Casa Rosada. Reapareció en las fotos con Cristina Kirchner y envió a un acto oficial a su mano derecha en la UIA, el empresario Rodolfo Achille, para ponderar a la Presidenta. El prosecretario de la UIA, en público, aplaudió el accionar económico y político de Cristina Kirchner.
La estrategia de Méndez tiene sus costos: hay versiones de renuncias en la central fabril y fuertes cuestionamientos internos a sus decisiones unilaterales en la UIA.








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