Compartió su pasado con los Kirchner, a quienes conoció en los ’70 en La Plata. Estuvo ocho años preso por militar en un grupo que seguía a Montoneros. Se lleva mal con el PJ local y con Celso Jaque. Fue el único diputado mendocino que no pidió que se derogue la promoción industrial.
Poco tiempo después conoció a Cristina Fernández, militando en un desprendimiento de la FURN que se llamó Federación de Agrupaciones Eva Perón (FAEV). También fue jefe político de la actual Presidenta. Hoy, cuando se juntan los tres en la Quinta de Olivos, Néstor se ríe de las viejas diferencias políticas y les dice “traidores” por haberse abierto de la FURN.
Jorge “Pampa” Alvaro es diputado nacional por Mendoza, donde llegó a fin del ’82 después de estar preso por razones políticas durante 8 años. Acá lo esperaban su esposa y su hijo, que nació cuando él estaba en cautiverio.
En noviembre de 1974, cuando militaba en Montoneros, fue atrapado en la calle y apresado por estar armado con un revólver calibre 22 con municiones de guerra (balas con punta hueca). Pasó por varias cárceles de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Chubut.
Llegó al Congreso en 2007, de la mano de la Concertación entre el kirchnerismo y el cobismo. Tras el fracaso estrepitoso de la alianza política, se quedó del lado de los Kirchner, a quienes les debe lealtad y sólo los critica en privado.
Fue el único de los diez diputados mendocinos que no firmó ningún proyecto de ley para derogar el decreto presidencial que prorrogó la promoción industrial. “A ese coro no me sumo”, dice, aunque cuestiona que Cristina haya sacado la norma sin consultar y consensuar con todas las provincias.
Alvaro corre a los Kirchner por izquierda. Les reclama más transformaciones y cambios rotundos. “Si se pusiera en consideración la despenalización del aborto, votaría a favor”, dice y recuerda que fue uno de los dos diputados mendocinos que aprobó el casamiento homosexual.
“Hay que controlar la inflación, porque si no todo lo bueno que se hace termina estrellándose contra el carrito del supermercado”, explica. Y postula que el Estado genere cadenas de producción y comercialización de los artículos de primera necesidad, para hacerle bajar sí o sí los precios a los supermercadistas.
Tiene una relación complicada con el justicialismo mendocino, a pesar de ser peronista. “No me gusta estar por estar”, explica y confiesa que “no le encuentro la vuelta al PJ provincial”. Hoy, sus vínculos partidarios locales son precarios. Con Celso Jaque tiene una relación áspera. El malargüino se quedó dolido porque cuando se preparaba para lanzarse como candidato a gobernador, en 2006, Alvaro era uno de sus escuchas. Pero Kirchner le ordenó jugar con el cobismo y Jaque quedó resentido.
El Gobernador nunca lo invitó a la Casa de Gobierno en los dos años y medio que lleva al frente de la provincia. Excepto el domingo 30 de mayo, cuando todas las fuerzas políticas de Mendoza consensuaron una estrategia contra la promoción industrial. Pero en esa ocasión, Alvaro desconfió y decidió no participar.
Dice que se lleva mejor con Omar De Marchi, del PD, aunque piense totalmente distinto. “Nos podemos decir las cosas de frente”, explica. Eso es justamente lo que -dice- no puede hacer con los dirigentes peronistas de Mendoza. “Ellos sólo prestaron su voluntad porque el kirchnerismo les garantizó éxito”.
De oficio electricista, tiene una pyme con 8 empleados en Luján, donde vive desde 1989. Dice que su empresa “es una de mis mejores creaciones”. Termina su mandato como diputado el año que viene y no sabe si seguirá en política o no. “No me desvelan los cargos”, asegura. Pero muchos lo imaginan como candidato del kirchnerismo más ideológico.
En el Congreso, integra el bloque de la Concertación, pero podría dar un salto hacia otra bancada aliada de los Kirchner: la que conduce Martín Sabatella e integran Vilma Ibarra y Carlos Heller, dos legisladores que forman parte del think-tanks del kirchnerismo.





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