Taiana no soportó la desconfianza presidencial ni la mención de que Boudou es el ejemplo de fidelidad
No estaba en los planes de Taiana tomar una decisión de esa magnitud, sobre todo después de jornadas en las cuales creía que, desde la política exterior, había aportado lo suyo para solucionar asuntos tan delicados como el levantamiento del bloqueo del puente que une Gualeguaychú con Fray Bentos por el conflicto de Botnia y el próximo viaje presidencial a China, previsto para el 13 de julio, tras la controvertida decisión de suspenderlo, en enero, con una excusa tan incomprensible en el exterior como la desconfianza por dejar en su lugar al vicepresidente Julio Cobos.
Anteanoche, Taiana había estado hasta las 22 en la residencia de Olivos con Néstor Kirchner; hablaron sobre su papel como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Por la tarde, sin mayores diferencias, había evaluado con la Presidenta la propuesta del mandatario de Uruguay, José Mujica ("Pepe"), de convocar a Brasil para el monitoreo conjunto del río Uruguay.
En Clarín , a diferencia de los otros diarios, se mencionaron "coincidencias" en lugar de "discrepancias" entre ambos gobiernos y la posibilidad de que sea invitado el gobierno de Lula a sumarse al "control de Botnia" en lugar del "control del río".
Parece que esa lectura de los hechos crispó a la Presidenta y, tras acusar a Taiana de suministrarle información a ese diario en particular, con el cual el Gobierno tiene serias diferencias, comenzó a dictarle "una clase de lealtad" no sin achacarle que trabajaba en beneficio propio. Como ejemplo de lealtad, según trascendió, mencionó Cristina Kirchner al ministro de Economía, Amado Boudou.
Eran las ocho y cuarto de la mañana. Menos de dos horas después, a eso de las diez, obraba en poder del secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, "la renuncia indeclinable por razones estrictamente personales" de uno de los miembros más antiguos del gobierno de los Kirchner.
Nadie podía creerlo. Había sido ladero del primer canciller del gobierno de Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, hasta diciembre de 2005. Lo sucedió a pesar de ser elegido diputado por la provincia de Buenos Aires. Lo confirmó en 2007 la actual presidenta.
Contactos internacionales
Por la tarde, Taiana recibió llamadas de cancilleres, embajadores y funcionarios de varios países, así como de la Argentina. Les respondió, en general, en los mismos términos: que "me bajo de la función"; que "me siento parte del proyecto". Y, en plan de desvirtuar toda posibilidad de sumarse a las filas de otra fracción peronista, les dijo: "No voy a hacer política en otra parte".
No mintió al exponer "razones estrictamente personales" porque, en definitiva, sintió que no podía continuar en el cargo, con la sospecha de ser desleal y trabajar en beneficio propio.
En diciembre de 2005, tras ser elegido diputado Bielsa, Taiana ingresó en una audiencia con el entonces presidente Kirchner como diputado electo y salió como canciller inminente.
Había demostrado su lealtad el 26 de julio de ese año, fecha cara para los peronistas por recordar el fallecimiento de Eva Perón. Ese día, Cristina Kirchner debía participar de un acto en el club La Unión, de la ciudad bonaerense de Berazategui. Iba a acompañarla Alberto Balestrini, intendente de La Matanza, pero no se encontraba bien de salud.
Kirchner convocó por teléfono a Taiana. El aún vicecanciller, hijo del médico personal de Perón, vaciló: "Estoy más ligado al ámbito académico que a la campaña, Néstor", procuró rehusarse con delicadeza. Al día siguiente, un coche oficial pasó a buscarlo por la Cancillería. Debía quitarse la corbata y, entre bombo y grito, improvisar sobre la necesidad de votar por el proyecto en marcha. Era una muestra de lealtad, ahora degradada con el estigma de la desconfianza.








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