Por: Pepe Eliaschev.Aescasas horas de las elecciones presidenciales de la semana entrante, el gobierno de Cristina Kirchner tuvo ocasión de lanzar un “nuevo” plan oficial para agregarle un nuevo cuerpo policial a la Capital Federal.
La idea de la señora Garre, que fue viceministra del Interior durante el gobierno de la Alianza bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, es crear hacia 2012 un equipo que estaría (esperan) especialmente capacitado para consagrarse a resolver “por medio del diálogo y la cercanía con los vecinos, conflictos sociales en las villas porteñas”. Gigantesco resbaladizo objetivo es éste, sobre todo si se considera que, como es habitual en la Argentina, primero se hace el anuncio y después se acomete la tarea.
Este Cuerpo de Policía de Prevención Vecinal debutaría entre enero y febrero próximos, se esperanza la ministra Garré, con unos 300 a 350 agentes uniformados, pero ya en junio funcionarios del Ministerio de Seguridad venían conceptualizando sus teorías más importantes, como que “no pueden aplicarse los mismos conceptos de seguridad pública en, por ejemplo, una pelea en el centro porteño que en el corazón de un asentamiento”. La idea que cautiva a Garré y a sus equipos de diagramadores intelectuales es que en la actualidad en las villas lo cierto es que la Policía no puede entrar. Eso es cierto, pero en el Gobierno se imaginan que la “nueva” policía se podrá hacerlo, para -se ilusionan- “recuperar así la presencia del Estado”.
Esta Policía de Prevención Vecinal desarrollaría “acciones de mediación y pacificación en la comunidad” y se nutrirá, además del personal actualmente en las filas y quiera desempeñarse en las villas, de 120 de los 580 aspirantes que deben egresar a fin de año de la Escuela de Suboficiales y Agentes Enrique O’Gorman, inscriptos como voluntarios para el nuevo desafío.
Pero la Casa Rosada desplegará esta nueva policía sin haber consultado ni informado al propio Gobierno de la Ciudad, cuya jurisdicción sobre la Capital las autoridades nacionales ignoran deliberadamente. La decisión de Garré, obviamente certificada por Cristina Kirchner, implica además ningunear explícitamente a la Policía Metropolitana, dotada actualmente de varios centenares de efectivos.
Tampoco reveló la Casa Rosada aún en cuál de las numerosas y cada vez más abigarradas villas porteñas debutará la flamante policía amistosa, aunque se supo que operará en equipos de armados con tres uniformados, dedicados a caminar las 24 horas los barrios marginales, para solucionar litigios vecinales entre pobladores de los barrios más pesados. Eso es lo que hace años dejó de hacer la Federal, cuyos agentes andan solos por la calle, habitualmente sumergidos en sus teléfonos celulares y sin mayor vocación de observar y vigilar lo que sucede en torno de ellos.
Las villas son tierra de nadie en las que reinan bandas marginales y en donde se cobra peaje a todos, incluyendo ambulancias y otros servicios. No es mala la idea del Gobierno, pero lo lamentable es que se lleve adelante este proyecto en evidente competencia con las autoridades comunales, que bien podrían haber sido invitadas a articular esfuerzos, para que forme parte del emprendimiento la Policía Metropolitana. No era ésa la idea; antes bien, todo revela que Garre sencillamente “primereó” a la ciudad, sin ninguna idea de compartir nada.
Diplomático hasta lo empalagoso, el ministro de Seguridad de Mauricio Macri, Guillermo Montenegro dijo que “todo lo que tenga que ver con ayudar con la seguridad de la ciudad es muy bueno y siempre es bien recibido. Siempre que se habla de una policía vecinal se habla de un modelo de proximidad, con lo cual el modelo que nosotros impulsamos con la Policía Metropolitana es el que debe tener una ciudad como Buenos Aires. Celebro que el gobierno nacional nos siga copiando”, pero más frontal y claro fue el propio jefe de la Policía Metropolitana, Eugenio Burzaco, quien advirtió que “no terminamos de comprender para qué crearon otra fuerza en la ciudad. Nos toma por sorpresa. Por otro lado, todo lo que se venía discutiendo era en función del traspaso o no de los efectivos de la Federal, y esto va, claramente, en otra dirección”. El razonamiento de Burzaco es que “en la mayoría de los países hay políticas de Estado, no hay divergencias profundas con las cuestiones de seguridad entre Gobierno y oposición, “porque se entiende que eso hace a valores fundamentales de Estado y con eso no se jode”.
Pero si la jurisdicción en temas de seguridad es compartida entre la Nación y la Ciudad, ¿por qué la Casa Rosada no advirtió de su anuncio al Gobierno de la Ciudad antes de divulgarlo al público? Kirchnerismo puro: nada debe ser aprovechado por quien no reporte a la conducción.
Burzaco dijo, incluso, que desde las cercanías de Garré primero “arrancaron con la creación de una nueva policía y luego fueron mutando a la decisión de crear un cuerpo dentro de la Federal, especializado en la acción en las emergencias, un poco tomando el modelo de Brasil y Colombia”.
Sería una medida totalmente sana y legítima si hubiera sido consensuada entre ambos gobiernos para generar más seguridad, ese bien tan necesario y tan elusivo. “No me parece mal que se ataque esta problemática que es complicada, eso requiere de cuerpos especializados, lo que pasa es que esa acción tiene que ser conjunta”, comenta melancólicamente Burzaco.
La decisión de poner en el terreno una “nueva” Policía fue anunciada por la ministra Garré en medio de la veda electoral para actos oficiales y desarmó en pocas horas el clima de supuesto diálogo abierto en la Casa Rosada para con Macri, lo que incluía la hipótesis de un eventual traspaso de la Federal a la órbita porteña. Cerca de Garré prevaleció su núcleo duro de asesores, para quienes Macri es un enemigo y la ciudad de Buenos Aires un escenario culturalmente hostil.






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