Padre Darío Betancourt: “Quiero que sientan el poder de Dios”

La palabra del padre carismático fue una bendición para los miles de fieles que se congregaron en el estadio abierto. En su mayoría acudieron para pedirle un favor.
Una vez más, el sacerdote Darío Betancourt llegó a la provincia para brindar la palabra de Dios a los fieles católicos. Con ansias fue recibido por unas cinco mil personas, ayer, en el estadio abierto. La previa estuvo motivada por cantos y oraciones de alabanza, y sobre las 16.30 apareció sonriente el carismático cura. En principio, Betancourt quiso saber quiénes de los fieles presentes estaban por primera vez y quiénes ya lo habían escuchado con anterioridad. Y a groso modo percató que la mitad del público era nuevo, por lo que exclamó un “aleluya”.

Su prédica fue clara: “Debemos pedirle al Espíritu Santo la sabiduría y la luz para conocer cuán grande es el poder de Dios, que actúa en nosotros. Y por el hecho de creer en Dios, tenemos el mismo poder... Esto es lo que yo quiero que ustedes sientan, el poder de Dios”.

De inmediato, la respuesta de la mansedumbre de fieles fue un grito al unísono: “Yo tengo el poder de Dios”. En ese sentido, el padre colombiano sostuvo que “el primer poder es testificar, ser testigo de las maravillas que Dios creó con su inmenso poder -como hacer que el sol brille-, y ese poder es el que todos y cada uno tenemos”; además de muchos otros como el poder de amar, hablar, callar, escuchar, ser humilde, dar, ser paciente, tener buena suerte (y no usar una cinta roja en la muñeca), ser fiel, orar, sano, ser libres, no pecar. Precisamente, en este último poder -poder para no pecar- se focalizó el cura, ya que la mayoría del público confesó, levantando la mano, haber pecado en la vida. Después ofició la santa misa y cayendo la tarde con viento fresco, dio bendiciones a gente que se acercó especialmente para pedir un favor milagroso del Señor.

Cargados de fe

Entre la multitud hay historias de vida que conmueven. Hasta el estadio arribaron fieles desde distintos partes de San Juan y otras provincias.

Cerca del escenario, había un joven con gorra. Se llama Emiliano Villegas. Es de San Rafael, Mendoza y vino junto a sus padres. Tiene 18 años y está en silla de rueda. “Vine a pedirle a Dios, por intersección del padre Betancourt, poder caminar, y darle gracias a Dios”. El joven sobrevivió a una operación quirúrgica que le practicaron en la cabeza, donde le colocaron dos válvulas. “Para nosotros ver ahora a nuestro hijo es un milagro, porque, antes, estuvo mucho tiempo inconsciente y por esas casualidades de la vida, el padre Betancourt visitó la provincia (Mendoza) y acudimos a él para que mi hijo recibiera la bendición y pasó que al día siguiente, abrió un ojo y paulatinamente empezó a mejorar. No puede caminar, pero tenemos la esperanza que pronto pueda hacerlo con la ayuda de Dios, por eso estamos acá”, comentó el papá emocionado, que de inmediato se predispuso a orar.

Por otro sector de los convocantes, estaba sentada Gladis Arancibia -de Rawson-, quien mantenía siempre levantada una foto. En ella figura su hermano Dante Rubén, quien desde hace dos meses está en terapia intensiva del hospital Rawson por haber sufrido un ACV mientras trabajaba como albañil. “Tengo fe que mi hermano se va a recuperar; vengo a pedirle al padre que con su bendición mi hermano se sane”, dijo Gladis tristemente que por primera vez acude a un encuentro del padre.

Por otra parte, a mitad de las filas de sillas, la familia Castro de la localidad de Los Berros, oraba para pedirle al Todopoderoso “sanarnos; tener más paciencia, entendernos los unos a los otros y ser más unidos”, acotó la jovencita Tania, que por primera vez asisten a un evento de Betancourt.

En otra zona, solo, sin compañía a su alrededor permanecía sentado Carlos Montaña -53 años-, que siempre ha participado de los encuentros con el sacerdote. Su intención es siempre la misma: pedirle la fuerza necesaria para seguir adelante en la vida, más ahora que se ve afectado por una hernia de disco, que le impide trabajar como zapatero. “El dolor no me permite hacer mi trabajo y si no trabajo no tengo para comer; estoy solo y me parece que todo me está saliendo mal; por eso vengo a renovar la fe. Vivo como puedo en la Villa del Rosario, en San Martín”, manifestó Carlos, llorando sin consuelo.

Más predicaciones

Ayer en la mañana, el cura participó de un Congreso Provincial de Salud Física y Espiritual dedicado para profesionales en medicina. En tanto, este domingo el padre Betancourt predicará a las 9.00 y a las 16.00 en el estadio abierto.

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