Son 62 las familias instaladas, que piden vivienda. En el Centro Cultural de España, que lo tenía a su cargo, dicen que ya no es de ellos. Y en las audiencias de mediación no se ha llegado a un acuerdo.
Los restos del acampe, el frente del edificio cubierto de carteles y dos patrulleros de la Policía Metropolitana que hacen guardia permanente. La historia reciente de un conflicto que lleva casi tres décadas se resume en imágenes sobre la calle Balcarce. “Imposible pasar”, dice el oficial que sale al encuentro del equipo de este diario.
Unos golpecitos en la puerta, la voz de una nena que pregunta quién es y sale corriendo a buscar a Carlos Vargas y Teresa Mealla, presidente y secretaria de la Cooperativa San Telmo, la misma que ocupa históricamente el lugar.
Al edificio sólo pueden entrar los 96 adultos y 58 chicos que figuran en el censo realizado por la fiscalía. “Salimos para trabajar, los chicos van al colegio pero no entra nadie que no esté en el listado. Es algo que estamos reclamando en la fiscalía porque hay familias que quedaron divididas”, explica Vargas. Agrega que las organizaciones del barrio buscan juntar fondos para recuperar los edificios. Y que esperan que les permitan ingresar las cosas que les faltan. “Tenemos electricidad y agua, porque hicimos una cañería. Hay cuatro baños y uno químico, y tres duchas que funcionan con calefón eléctrico. Para cocinar usamos gas envasado”, apunta.
Hasta el momento de la ocupación, allí funcionaba una de las sedes del Centro Cultural de España. En 2009 la Legislatura porteña había aprobado la cesión en comodato por 30 años a la Embajada española a cambio de que restauraran el lugar.
En este punto las versiones se bifurcan. En su momento, desde la cooperativa habían contado que venían manteniendo reuniones con Ricardo Jarne, director del Centro Cultural, que les había dicho que por la crisis pensaban retirarse. El funcionario español desmiente categóricamente esta versión . “Los perjudicados somos nosotros. Invertimos casi un millón de dólares y el centro cultural estaba funcionando. De hecho, adentro han quedado un montón de cosas como libros, material fílmico y sillas que pertenecen a la Embajada y he tenido que poner una persona de seguridad para protegerlas de posibles robos o mal uso”, responde.
La situación actual del edificio tampoco es clara . Construido en 1895, fue sede del Patronato hasta 1978. En 1984 fue ocupado por 118 familias que conformaron la cooperativa a la que el ex intendente Carlos Grosso cedió el 70% de la titularidad del edificio en 1991. La medida fue cuestionada en 2003 con el argumento de que no habían hecho el reciclado correspondiente y corría riesgo de derrumbe, y fueron desalojados. En 2009 fue expropiado por el Gobierno porteño que luego lo cedió a los españoles.
Desde la cooperativa alegan que la expropiación ya no es válida porque en marzo se venció el plazo de tres años para hacer las obras. Jarne asegura que ellos salvaron el lugar del “derrumbe total”, y que pagaron todas las obras para recomponer techos, paredes y desagües, entre otras cosas. “El uso del edificio estaba cedido. Como no lo podemos usar, pues ya no es nuestro”, sostiene. Fuentes del Ministerio de Cultura porteño confirmaron que continúan las gestiones para encontrar una solución definitiva al problema.
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