Paco Pérez mantiene al justicialismo en estado de tensión

El justicialismo mendocino vive los últimos cinco días hábiles previos a la asunción de Paco Pérez como si hubiese perdido las elecciones. El humor es el peor hacia adentro del partido y se juega la fortaleza o debilidad de su gestión
El justicialismo vive un momento de tensión interna. Algún dirigente de primera línea lo ha graficado de esta manera: “Estamos como si hubiésemos perdido las elecciones”.

En medio de este clima, el nacimiento del nuevo gobierno encuentra a los nuevos gobernantes en medio de pases de facturas, pero también de disputas por espacios de poder, sin encontrar en el nuevo mandatario, Francisco Paco Pérez, un catalizador.

En un principio se creyó que la gran discusión se centraría en dos polos: todos contra los azules de Juan Carlos Mazzón que se niegan a abandonar los sitios que ya tienen en la estructura del gobierno. Aquí, los hermanos sureños Félix inclinaron la balanza en contra del nuevo gobernador, respaldando la continuidad de Eduardo Frigerio al frente de Irrigación.

Pero al final, no son solo los azules y los “azulados” de San Rafael los que están enfrentados a Pérez: hay disconformidad manifiesta en los jefes comunales que revalidaron su poder en Guaymallén y Las Heras.

Todo indica que Pérez está tomando decisiones en soledad. Pero no desde una posición de poder, desde el rol central que debería tener una persona que todavía no ha comenzado, siquiera, a transitar su período de “luna de miel”. Lo hace desde el aislamiento y la dificultad de conciliar posiciones, de negociar, de escuchar: de hacer política, ya que de eso se trata.

Nuevamente la relación de un gobernador con su vice resulta un problema que va más allá de su entorno. Cuando este vínculo se quiebra los que sufrimos las consecuencias somos todos los mendocinos.

Las diferencias en torno a quiénes deben ocupar los puestos claves demuestran una serie de situaciones preocupantes, como la que indica que Ciurca no está dispuesto a ceder su posicionamiento interno en el partido y si bien no reclama ser un par del nuevo gobernador, afirma con toda claridad que ha venido a hacer política, con todo lo que ello implica. Se niega a desempeñar un “rol decorativo”.

Pérez, por su parte, alienta dos potenciales alegrías para el sábado, fecha en que anunciará un gabinete al que le faltan confirmaciones y hasta un ministro, el de Gobierno. Se trata de la concreción del crédito 430 millones de pesos con el que podrá respirar tranquilo en el fin de año, pagando sueldos y aguinaldos. Lo otro, un posible ramilletes de sorpresas que pueda haber conseguido en Buenos Aires.

Así y todo, lo podrá presentar hacia fuera. La relación interna, en tanto, seguirá siendo un tema pendiente.

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