Al menos, así parece nos gusta creer, o justificar, a los argentinos. Basta no más alguna mirada atenta sobre promesas, estén estas escritas en papel o hayan sido redactadas en el aire pomposo de los discursos, para constatar nuestra gran paciencia, nuestra infinita credulidad.
Hace años que nuestros políticos, imbuidos de una fe a toda prueba, hacen gestiones y publicitan esperanzas sobre el tren urbano que circularía entre ciudades del Alto Valle. No solo se formó una asociación civil a este solo efecto, sino que los gobiernos de Neuquén y Río Negro se han reunido una buena cantidad de veces con funcionarios nacionales. El tren, nos han dicho, está al alcance de la mano. La mano, suponemos, es la que firma el permiso para que la fantasía se transforme en realidad.
La noticia más concreta que se ha tenido al respecto data, no obstante, de mayo de 2009. Un día de ese glorioso, para los argentinos, mes revolucionario, llegaron al puerto de Buenos Aires las máquinas, conocidas como “triplas”. Llegaron desde España, y así como llegaron, fueron derivadas a un galpón ignoto, en el que supuestamente serían “acondicionados” para estas vías infinitas y desnudas de la Patagonia.
Nada ha sucedido desde entonces.
Ese mismo mes de ese mismo año (es decir, 2009), la presidenta de los argentinos, Cristina Fernández de Kirchner, visitó Chos Malal.
En la larga lista de obras que anunció, estaba la del puente sobre el río Curí Leuvú. Como sabemos por aquí, es un puente necesario porque el que está ya no sirve: cada vez que el Neuquén bravío se para en dos patas, ayudado por la lluvia o la nieve cordillerana, el puente se cae o queda parcialmente destruido.
Ahí está el puente, con sus números presupuestados mas no ejecutados. Es decir, el puente lo único que une, por ahora, son promesas viejas con promesas nuevas. Dos parajes que acostumbramos a visitar asiduamente los argentinos.
Otro ejemplo pondremos, y si no ponemos más es para no aburrir. En su discurso de inauguración de sesiones del 15 de febrero de 2009, el intendente Martín Farizano anunció la posibilidad de que ese mismo año comenzara la construcción del Teatro de la Ciudad, una ambiciosa obra con tres salas opcionales, la mayor de la cual tendrá capacidad para 1.200 espectadores.
La obra, varias veces millonaria, está contemplada en el presupuesto nacional de aquel entonces, y de ahí, no ha salido.

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