En lo que va del año, más de 1850 personas fueron asesinadas, en una guerra que enfrenta a una banda criminal con la policía
SAN PABLO.- Eran las 20.30 del sábado 3 de noviembre cuando Marta Umbelina da Silva, de 44 años y policía, llegó en auto a su casa en la periferia de San Pablo, con su hija menor, de 11 años. Se bajó y fue asesinada, de seis balazos. Aterrorizada, la niña ahora se niega a salir de su casa.
"Está con miedo. Quiere que la familia se mude", contó a LA NACION Lourival Silva, hermano de Marta, que se sumó a la lista de 97 policías asesinados este año en San Pablo.
El gobierno apunta al Primer Comando de la Capital (PCC), la mayor banda criminal de Brasil, que resurgió, en los últimos meses, para proteger su mayor negocio, el narcotráfico. Escenario de esta renovada guerra entre el PCC y la policía, San Pablo volvió a ser la capital del miedo.
Pero esta lucha sin cuartel explica sólo en parte la reciente ola de violencia en la zona metropolitana, que ha dejado por lo menos 1851 muertos hasta octubre, mes en el que la tasa de homicidios aumentó un 114%.
La promotora de eventos Luciene Neves, de 24 años, fue otra víctima de esa guerra. La noche del miércoles 23 de noviembre estaba viendo el partido entre la Argentina y Brasil en el bar debajo de su casa, en el barrio de Jardim São Luis, en el extremo sur de la ciudad, junto con amigos y primos. De repente, dos hombres descendieron de una moto, ingresaron en el sitio y dispararon unos 30 tiros. Tres de ellos impactaron en Neves, que murió allí junto a otros dos hombres, el tapicero Alexandre Figueiredo, 39, y el electricista Marcos Quaresma, 31.
Los vecinos de estos humildes barrios sospechan que los asesinos pertenecían a grupos de exterminio dentro de la policía militar, a quienes también atribuyen haber divulgado el rumor de que el PCC ordenó un toque de queda en el barrio. De noche, sin gente en las calles, el área es zona liberada para la actuación de estos grupos y su persecución del PCC, aseguran.
"Estamos en medio de una guerra. Meten bala donde haya movimiento. No preguntan, sólo disparan y matan a inocentes", señaló a la nacion Lázaro Neves, 30, hermano de Luciene.
En un primer momento, el gobernador del estado de San Pablo, Gerardo Alckmin, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), ordenó la operación Saturación en la favela de Paraisópolis, una de las más grandes de la ciudad y donde el PCC -surgido en 1993 en el presidio de Tabauté, a 130 kilómetros de San Pablo- tenía gran influencia.
Pero, pese a los más de 500 policías militares desplegados allí -que en un mes, detuvieron a 107 personas y confiscaron 59 kilos de cocaína-, la violencia prosiguió: hubo más matanzas en otros lugares de la periferia y siguieron cayendo policías.
Con el respaldo de la presidenta Dilma Rousseff, se tomaron otras medidas como el traslado de cabecillas del PCC a cárceles de otros estados, y la conformación de un centro integrado de inteligencia, pero no se logró frenar la violencia.
Por eso, renunció el secretario de Seguridad del estado, Antonio Ferreira Pinto, a quien organismos de los derechos humanos responsabilizan por el aumento de la brutalidad policial en los últimos años.
"Priorizó la mano dura de la policía militar en vez de los trabajos de inteligencia e investigación de la policía civil", explicó Ivan Seixas, presidente del Consejo Estatal de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (Condepe).
Según Seixas, el hecho que desató la feroz ofensiva del PCC ocurrió en mayo, cuando agentes de la ROTA, la tropa de elite de la policía militar, torturaron y mataron a un miembro del PCC frente a testigos en la calle. Desde entonces, el PCC pagaría recompensas de 2500 dólares por cada policía asesinado.
No bien asumió, hace dos semanas, el nuevo secretario de Seguridad, el ex fiscal Fernando Grella, designó a nuevos jefes tanto de la policía militar como de la policía civil, y aseguró que las denuncias sobre grupos de extermino dentro de la institución serían investigadas a fondo. Mientras tanto, las muertes y la tensión continúan.
Nervios y cambios de hábitos
"Acá, ahora, las cosas están más tranquilas, no se ven bandidos ni tanta droga, pero en cuanto la policía se vaya, volverán los problemas", opinó la limpiadora Iris dos Santos, 23, mientras se cortaba el pelo en un salón de belleza en la calle Ernest Renan, de Paraisópolis, en medio de puestos callejeros de DVD pirata y pollo asado, despensas y tiendas de electrodomésticos desde donde salía música funk a todo volumen.
El nerviosismo se ha extendido de los barrios menos favorecidos a las zonas más ricas de esta vibrante urbe, que en los últimos años se había acostumbrado a vivir con bajo nivel de criminalidad. Ya el año pasado, sin embargo, trajo preocupación el aumento de robos en las calles, y de asaltos en restaurantes de la zona de Itaim Bibi y del elegante barrio de Jardins, cerca de la avenida Paulista, corazón financiero de San Pablo.
"En los últimos seis meses hubo tres asaltos en comercios por acá. Antes se veía a unos dos policías haciendo patrullaje, ahora hay al menos seis que recorren la calle durante todo el día", comentó el ama de casa Ana Rita Soares, 65, mientras paseaba su perro Yorkshire por la rua Oscar Freire, que con sus selectas boutiques, joyerías y cafés es una de las más caras del mundo.
Mayor presencia policial se ve también en el pujante barrio de Vila Olimpia, donde se acaba de abrir el shopping de lujo JK Iguatemi; a lo largo de la avenida Faria Lima, nuevo centro de negocios de la ciudad, con el impresionante edificio Patio Victor Malzoni a punto de inaugurarse, y alrededor de los bares de la bohemia Vila Madalena, atestados los fines de semana.
"Los problemas de criminalidad en San Pablo no son nuevos. Pero este estallido de violencia de ahora, que se concentra en la periferia, apunta a que la situación se está agravando. Claramente hay crimen organizado detrás de lo que está sucediendo y la gente está más alerta, siguiendo todo por los medios, aunque a mí personalmente no me afecta y no he cambiado mi vida", afirmó el empresario Mauricio Cascao, 41, presidente de la compañía tecnológica Mandic, que vive en el exclusivo barrio de Vila Nova Conceição y se maneja en auto blindado con vidrios polarizados desde hace varios años.
No muy lejos de allí, mientras corría por la mañana en el parque Ibirapuera, la decoradora de interiores Giovana Moschetti, 30, contó que también desde hace tiempo prefiere salir a la calle sin joyas y con poco dinero en la billetera como precaución ante los asaltos.
También como medida de cuidado, el fin de semana pasado, los pilotos internacionales que disputaron el Gran Premio de Brasil, en el autódromo local de Interlagos, fueron trasladados en autos blindados.
"A mis clientes, que son personas famosas o anónimas con mucho dinero, les preocupa la posibilidad de un secuestro, no de ser asesinados en esta guerra entre policías y bandidos", señaló Reinaldo Campello, 21, vendedor de la tienda Tools & Toys, en el exclusivísimo shopping Cidade Jardim, donde se venden helicópteros y yates como el de 53 pies que tienen en exhibición ahí mismo.
Ocurre que detrás de la rica San Pablo se oculta otra ciudad marginal y violenta. "San Pablo es como un archipiélago con varias islas. Hay algunas de gran prosperidad y seguridad, otras de extrema pobreza e inseguridad. El gran riesgo que se corre es cuando se atraviesa de una isla a otra; la muerte puede cruzarse en el camino", advirtió el abogado Domingos Refinetti, al admirar la vista de esta ciudad desde la ventana de su oficina, en el piso 23.
las cifras del horror
1851
Muertos hasta octubre
En ese mes, la tasa de homicidios aumentó 114%
El poderoso PCC
Es la banda criminal detrás de los asesinatos
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Del editor: qué significa
Brasil avanza, pero grupos comandos y narcos lo devuelven al pasado y a un problema que no logra dejar atrás: el de la violencia que hace estragos en la pobreza.del editor: qué significa. Brasil avanza, pero grupos comandos y narcos lo devuelven al pasado y a un problema que no logra dejar atrás: el de la violencia que hace estragos en la pobreza.

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