La exposición argentina en Fráncfort tiene una marcada carga partidista
La prensa internacional no salía de su asombro ante la fuerte impronta kirchnerista del modelo elegido como stand del país y un periodista catalán, en una recorrida previa por la mañana, le preguntó a Magdalena Faillace, al frente del comité organizador de la Cancillería, si no le parecía que había mucha presencia partidista para una muestra que debía representar a todo un país. La funcionaria, incómoda, apenas aclaró que estaban todos los sectores de la cultura representados.
La Presidenta, oradora central de la emotiva ceremonia con más de 1500 escritores en el predio donde desde hoy funciona la tradicional muestra literaria con la Argentina como invitada de honor, resaltó los logros de su gobierno ("ya entregamos 30.000 libros gratis", dijo a modo de presentación), e invitó a Elsa Oesterheld, viuda del autor de El Eternauta, Héctor Oesterheld, a subir al escenario, lo que motivó que todo el público aplaudiera de pie a la mujer que exaltó a la Presidenta por su política de derechos humanos. "Hoy siento que estoy renaciendo", le dedicó a Cristina Kirchner, en referencia a su marido y a sus cuatro hijos desaparecidos durante la dictadura militar.
La Presidenta habló justamente aquí, donde se reclama el pago de la deuda argentina con el Club de París, que el Gobierno había refinanciado "íntegramente" sus compromisos externos, y resaltó la inversión en educación. Y como ya es su costumbre, elogió los textos que para ella son los mejores de la literatura argentina, como "Autopista del Sur", de Cortázar, y "Esa mujer", de Rodolfo Walsh.
"Aquí hay un martillo, ¿se supone que tengo que pegarle a alguien o alguien va a dejar inaugurada la Feria?", preguntó la Presidenta al micrófono cuando terminaba su discurso. "¿Es para pegarle a alguien?", insistió, sonriente. Habilitada por el presidente de la Asociación Alemana de Libreros y Editores, Gottfried Honnerfelder, rompió la tradición y fue ella la que, por primera vez en la historia, dejó inaugurado el encuentro.
En su recorrido por el stand argentino montado a modo de laberinto, Cristina Kirchner interrumpió varias veces a Faillace, que hacía de guía, para contarle ella misma su versión de la historia de algunos escritores argentinos al ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller alemán, Guido Westerwelle, que la acompañaba. "¿Me dejás contar esto a mí?", interrumpió Cristina a su funcionaria sobre la obra de Leopoldo Lugones.
Pasó rápido, y ni la vio, frente a una foto gigante, de unos tres metros de altura, del histórico juicio a las juntas militares, aquí bajo el nombre de "Prozess gegen die Militärjunta", donde además de los represores considerados culpables por aquel tribunal, aparecía en un extremo el fiscal Julio César Strassera, blanco de las últimas críticas presidenciales.


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