José Ottavis: “El rol y el desafío de la juventud del Bicentenario es ser protagonista”

José Ottavis: “El rol y el desafío de la juventud del Bicentenario es ser protagonista”
El controvertido diputado provincial, referente de La Cámpora, es un dirigente de pocas palabras en los medios de prensa. Difundimos una entrevista de la Revista Peronismo Kirchnerista donde Ottavis cuenta su historia y su militancia en San Isidro. “El radicalismo en San Isidro, con los Posse, son el antitestimonio de la igualdad”, expres
Para empezar, contanos tu historia militante, tus comienzos en la política…

José Ottavis: Mi historia en la militancia empieza desde muy chico. Tuve un abuelo peronista que hablaba mucho, que le gustaba mucho la política y hablaba mucho de Perón. En términos políticos tengo ese recuerdo desde lo ideológico. Después fui formado en una familia de formación cristiana de mucha militancia, de mucha vida en comunidad, en la Iglesia. De chico, en Acassuso, San Isidro, empecé a tener una participación social a los 14 años. Era en los barrios humildes de San Isidro. Un día iba caminando por Martínez y veo un cartel que decía Centro Cultural Homero Manzi. Entré preguntando que era: me decían que daban clases de tango, que hacían teatro, pero me daba cuenta que escondían algo. Ahí me encontré con Marcelo Kaspar; me di cuenta que Marcelo, que mide un metro noventa, pesa doscientos kilos, parece un vikingo recién bajado de Noruega pero con pinta de peronista, no era profesor de tango. Y ahí me di cuenta que eso era una unidad básica y desde ese día no me fui nunca más. Entonces, entre mi abuelo que me hablaba de política y de Perón, entre la iglesia que me hizo conocer lugares muy humildes, y entre la unidad básica, empezó mi militancia. Y ahí me fui a militar muy fuerte a los barrios Santa Rita, en Boulogne, al barrio Obrero y a La Cava.

¿De qué años estamos hablando?

Año 94, por ahí. Yo tendría entre doce y catorce años. Ya con quince años había que dar una clase en un colegio sobre peronismo y eligieron a los dos más políticos del curso para dar la clase, uno a favor y otro en contra. Me acuerdo que yo di la clase de peronismo, y una profesora muy gorila adelante de todo el mundo me empezó a gritar y me echó de la clase. Aquel era un peronismo marginal, un peronismo no oficial, porque era un peronismo que condenaba los indultos de Menem, que claramente no era parte del duhaldismo, era un peronismo perdedor en San Isidro. Empecé a conocer compañeros que habían participado en la gesta de los setenta. Un poco después me encontré con Dante Gullo y ahí empecé a vincularme con una militancia ligada con los organismos de Derechos Humanos. Me vinculé con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Después me fui a vivir a Corrientes porque mis viejos, los dos ingenieros agrónomos, clase media alta, se fundieron y no podíamos pagar más el alquiler de la casa que teníamos en Acassuso. Se quedaron sin trabajo y surgió la oportunidad de que mi viejo ponga un emprendimiento en Monte Caseros, Corrientes. Ahí conocí otra forma de militar, que tiene que ver con la realidad del interior, de la política en ciudades muy chicas, de veinte mil personas. Conocí al peronismo del interior que tiene cosas increíbles. Ibas a cualquier pueblo y en el comedor siempre estaba el cuadro de Evita. Me puse a militar en la JP de la provincia que era una provincia complicada, gobernada por los conservadores, por los radicales. Por ese tiempo tengo una fuerte participación estudiantil formando una cosa que se llamó estudiantes unidos que hacía trabajos solidarios en zonas carenciadas.

¿Después te volviste a San Isidro?

A los dieciocho años que me volví a estudiar a Buenos Aires, empecé Ciencias Políticas en la Universidad Católica. Y empecé a militar más de lleno en Martínez, desde un lugar de fuerte compromiso social.

¿Otra vez en la unidad básica, con Marcelo Kaspar?

Sí. Pusimos una biblioteca popular en Martínez y seguimos trabajando con mucha fuerza en los barrios. Y además seguí con la militancia en derechos humanos. Tengo recuerdos muy fuertes de la militancia en la APDH, de laburar con Tati Almeyda, con Lita Voltano, con Mabel Gutiérrez, con muchas Abuelas y Madres, en la difusión de los derechos económicos, derechos culturales. Hablábamos de los derechos humanos peronistas. Después estuvimos trabajando en el Frente Nacional contra la Pobreza. Estamos hablando de fines de los 90, el final del neoliberalismo, el Gobierno de la Alianza. En ese marco me encontraron las jornadas del 19 y el 20 de diciembre de 2001. Estuvimos con Dante resistiendo en la plaza. Haciendo el repaso me doy cuenta que todos nosotros (el Cuervo, Mariano, Juan, Wado) venimos de experiencias parecidas. Una experiencia política fuerte tuvo que ver con construir una JP distinta, una JP peronista, hoy yo te diría kichnerista, fue la de la JP Identidad. La consigna de la JP identidad era juntar a la JP de toda la provincia de Buenos Aires y de la Capital para volver a marchar el 24 de marzo, algo que el pejotismo había abandonado y que había ganado la izquierda. Me acuerdo haberme encontrado con compañeros, como Tamara Pierini de Avellaneda, por ejemplo. La JP Identidad marchó mucho en el 2000, 2001.

Fueron años muy duros para militar, para hacer política. Era el momento más duro de las políticas neoliberales, el ajuste…

A medida que iba militando iba sufriendo en carne propio los desastres del modelo neoliberal. Un ejemplo claro de eso es la familia Ottavis, de cómo una familia de cierta clase media con los prejuicios de la clase media hacia la política, hacia el peronismo y con la intención de seguir siendo clase media y clase alta, empieza por una mala elección política, porque yo estoy seguro que mis viejos votaron a Menem. Después sufrieron en carne propia el desmembramiento económico, social, familiar, peleas matrimoniales, conflictos entre nosotros, los hijos. Por un lado militaba y combatía al neoliberalismo y por el otro lo sufría en carne propia.

¿Qué recuerdos te quedan de la militancia en el distrito, en San Isidro?

Muchas cosas. Una que aprendí es cómo el radicalismo funciona muchas veces como un partido conservador, cómo el radicalismo es el antitestimonio de lo que dicen ser, no sólo el menemismo fue el antitestimonio del peronismo, el radicalismo en San Isidro, con los Posse, son el antitestimonio de la igualdad. Y algo que me marcó con fuerza es todo lo que significa la desigualdad. En una misma manzana vos tenías a un joven que gastaba $500 en un almuerzo y en la misma cuadra un pibe de 15 años que no tenía 2 pesos para comprar una empanada. En San Isidro entendí mucho lo que son las diferencias sociales; en Corrientes comprendí la magia del peronismo. Con el Canca conocí a un montón de compañeros, a Ernesto Villanueva, a Carlos Kunkel, a Jorge Taiana, a tantos.

¿Cómo fue el difícil período que va desde el final del neoliberalismo en 2001 y la transición en 2002?

En 2002, durante el gobierno de Duhalde estaba militando con todo en el conurbano. Me puse a laburar muy de lleno en la Mesa Federal de Juventud. Había que echar al corachismo y para eso buscábamos incorporar a los compañeros del interior. Trabajamos mucho con Marcelo Santillán, que ahora va a ser diputado nacional por Tucumán, Federico Aquino, que es candidato a diputado nacional por La Cámpora de Salta, con Daniel Jaime, de Santiago del Estero, con Jesús Salim, diputado provincial por Tucumán. Después llegó Néstor Kirchner, yo siempre tuvo mucha afinidad ideológica con Kirchner. A Cristina la vi en Monte Caseros, hablando en la campaña por los hielos continentales. Fue impresionante escucharla.

¿La aparición de Néstor dividió las aguas en el interior del peronismo?

Sí, sin dudas. Se empezó a dividir el peronismo y empezamos a juntarnos los que pensábamos que Kirchner tenía que ser el jefe máximo y los que pensaban que no, que debía ser Duhalde. Nosotros trabajábamos en la idea de construir una juventud kichnerista o peronista kichnerista. Empecé a militar fuerte en el esquema de Compromiso K, que era claramente un esquema contra el pejotismo, a favor del kichnerismo. Fuimos los primeros en usar la palabra K como identificación. Recuerdo un encuentro en La Plata, ahí lo conozco al Cuervo que era el referente de Juventud Presente. Ya empezábamos a vincularnos con Juan Cabandié, Wado De Pedro, Mariano Recalde. Con Mayra empezamos a soñar, laburando los dos codo a codo en esa juventud de Compromiso K. Y empezamos a coordinar de manera más articulada con el Cuervo, recuerdo que el primer video decía Juventud Compromiso K, Jóvenes Radicales, Juventud Presente en La Cámpora y el logo de La Cámpora era el logo de la K. Empezamos a conocer a Máximo y a los chicos que son los que militaron con Máximo toda la vida y que nosotros llamamos “pingüinos”. Empezamos a ser conducidos por ellos y trabajar mucho más fuerte.

En el contexto actual, ¿cuál es el rol que debe desempeñar la Juventud?

Lo primero que tenemos que pensar es en el momento que vive la Argentina. El rol de la juventud o el desafío de la juventud del Bicentenario es ser protagonista. En la Argentina hay dos momentos en los que el clima está enrarecido, cuando va a pasar algo muy malo, o cuando va a pasar algo muy bueno. Seguramente el clima estaba raro el 23 de marzo del 76 o los primeros días de abril antes de Malvinas. Nosotros vivimos los días previos al 19 y 20 diciembre de 2001 y seguramente lo estuvo el 16 de octubre ahí no por la negativa sino por la positiva. El 10 de marzo del 73, antes que gane Cámpora lo mismo. Creo que hoy el clima está raro en términos de positividad, algo nuevo se está gestando en nuestra patria que no tiene que ver con una tragedia sino que tienen que ver con un nacimiento. Cuando se gesta algo nuevo la juventud tiene un rol ahí, hay una tradición de lucha juvenil. En ese sentido nuestra responsabilidad es ocupar ese rol. Ahora se habla mucho de protagonizar la profundización. Pero lo primero que tenemos que decir es ¿qué es profundizar? Para nosotros profundizar fundamentalmente es romper paradigmas, es generar algo nuevo en una instancia establecida. Y es lo que hizo Kirchner desde el primer día. Cristina hace lo mismo. Cuando Kirchner elije no ser empleado de las corporaciones profundiza rompiendo un paradigma, cuando Kirchner define que no es él el candidato a presidente y que es Cristina profundiza rompiendo otro paradigma. Después cuando Cristina nacionaliza las AFJP, cuando propone discutir la ley de medios, cuando establece la asignación universal, las netbook. Nosotros como jóvenes debemos profundizar rompiendo paradigmas y eso en primer lugar significa seguir organizándonos; tenemos una juventud organizada en el territorio, como dijo Cristina en Huracán: organizada en la transformación, organizada para cambiar. Kirchner dijo en 2003 que el cambio es el signo del momento que estamos viviendo y para cambiar hay que organizarse. Ahí tenemos un segundo ítem de las responsabilidades de los jóvenes.

En ese sentido. ¿Cuán organizada está la juventud para acompañar la profundización de la que hablábamos?

La organización de la juventud pasa por transformarse en un frente nacional de masas. Hoy La Cámpora significa la adhesión popular juvenil espontánea más grande que existe en la Argentina. Ahora, nuestro rol no sólo es organizarse en función de un sistema orgánico como el de La Cámpora sino que nuestro rol debe ser darle a esa organización contenido político. En términos del peronismo, el contenido político pasa por darle a Cristina la magnitud de jefatura real del peronismo. La derecha, las clases dirigentes minoritarias, cuando quieren opacar lo que viene empiezan a hablar de que todo tiempo pasado fue mejor. Entonces Mariano Grondona para hablar mal de Kirchner habla bien de Perón; La Nación, para hablar mal de Cristina habla bien de Evita. Son trampas de la derecha. Es más, falta poco para que empiecen a hablar bien de la juventud de los setenta para cuestionarnos a nosotros. Y la verdad, todo tiempo pasado no fue mejor, nosotros tenemos que tratar de romper esa argentinidad minoritaria. Por eso nosotros decimos que todo tiempo presente y futuro va a ser mejor. Y Cristina tiene junto a la juventud, los dos juntos, como actores de poder, la oportunidad histórica ser el liderazgo más importante de la historia. Por oportunidad histórica, por circunstancias coyunturales históricas y por circunstancias personales, porque es la combinación justa del amor entre Perón y Evita, y la combinación justa ente el amor de Néstor y Cristina. Tenesmos esa oportunidad histórica de hacer que Cristina sea la mejor presidenta, siendo mejor estadista de la historia. Y para eso nosotros tenemos que ser el mejor pueblo, como comunidad organizada, y nosotros el mejor espacio juvenil como caja de resonancia de los problemas sociales que se transforman en propuestas desde el Estado. Y eso significa que la juventud de ahora tiene y debe ser mejor que la juventud de antes, y que Cristina debe ser mejor que Perón, que Evita y que Néstor.

Cristina habla siempre del desafío de la generación del Bicentenario…

Si Cristina es mejor y su pueblo es mejor, es que hay menos pobres en la Patria, y es ahí cuando entra el desafío de la generación del bicentenario, porque cada generación debe tener un desafío. El de la generación de los 50 fue la incorporación de los obreros en el poder, el de la de los 70 fue la democracia y la vuelta de Perón. El desafío de la del Bicentenario es la plena realización de justicia social. Nosotros debemos lograrlo bajo el signo de nuestro tiempo, el signo del cambio, el signo de la transformación, el signo del peronismo, el signo del kichnerismo y hoy el signo del cristinismo.

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