La aprobación del matrimonio de personasdel mismo sexo, el rol del Estado y
el imaginario de una Argentina extraña.
Las turbulencias de la libertad
de espíritu frente a la hipocresía.
El error de estrategia que paga la Iglesia.
El Acuerdo Cívico Social, el primer lanzamiento de un frente político en Azul para el 2011.
La aprobación por parte del Congreso Nacional del matrimonio entre personas del mismo sexo no va más allá ni más acá del papel que le cabe al Estado como ordenador o regulador de las condiciones en que se desenvuelven los individuos en un contexto determinado de la historia social.
La conciencia, la religión, la ley natural, las actitudes más o menos permisivas de índole masiva es otra cuestión.
La idea positivista del orden social resulta a esta altura anacrónica y, porqué no, hipócrita.
No va a haber más homosexuales porque haya una legislación que los proteja si se quieren ir a vivir juntos.
No habrá más pecadores detrás de los confesionarios de las iglesias.
Argentina, un país extraño
El sustento es el respeto de la idea de lo diferente y, eso mismo, abarca a los propios grupos religiosos y su dogma, a los agnósticos o a los ateos, si nos queremos entrometer en este dilema existencial del hombre frente a la inerme estatura de su soledad.
No somos dioses ni es buena la intención de querer serlo.
Somos, sencillamente, eso, un género humano trazado por las diferencias y cuánto más libre es el espíritu habrá más plenitud de derechos.
Claro, que siguen existiendo enormes deudas en los derechos de carácter social producto de una decadencia que, viéndolo en la perspectiva de la historia, cuesta entender.
Argentina es un caso extraño pues con una base autoritaria, gustosa de la génesis de determinados liderazgos, ha hallado en su derrotero histórico construcciones que la han señalado de avanzada.
Porque, después de todo, si el tema es tener razón, todos la tienen desde su concepción filosófica.
El andarivel de la discusión es el rol del Estado y su diseño frente a la nueva escenografía social.
La Iglesia y su error
Que la cúpula de la Iglesia erró la estrategia, resultó obvio.
Entre el mensaje de ciertos obispos y sacerdotes y el manejo del cardenal Jorge Bergoglio hubo desconcierto.
El mismísimo diario La Nación en su edición del viernes bajo el título “La carta de Bergoglio, un error estratégico” publicó un artículo con la firma de Mariano De Vedia en el que señala que:
“según pudo saber La Nación en la propia Iglesia admiten como un error estratégico la carta que el cardenal les envió a fines de junio a las monjas carmelitas para advertirles que el debate ponía en juego la supervivencia de la familia (…) con los resultados de la votación del Senado a la vista, la difusión de la carta le jugó en contra a la Iglesia y despertó las críticas del Gobierno, cuyos voceros identificaron al cardenal con posturas oscurantistas propias de la inquisición”
Perdona nuestros pecados
¿ A la supervivencia de qué familia se refiere Bergoglio ?
En todo caso, la crisis de la institución familia como tal es anterior a la discusión si dos homosexuales se pueden casar o adoptar un pibe a no ser que, como se demostró, se insista con la hipocresía, con la venda en los ojos.
Pero la cúspide eclesiástica criolla, que nunca se caracterizó por estar imbuida de progresismo, va en línea con la enorme crisis de la Iglesia como institución bajo el mando del papa Ratzinger intentando tapar el escarnio de los curas pedófilos por todo el mundo.
Para los entendedores del mundo Vaticano, se está atravesando un período de transición enmarcada por una enorme crisis de diferentes características y el actual Papa es sólo un puente para lo que vendrá.
No se le puede pedir mucho más como tampoco suponer que crujirán los cimientos de una institución que lleva más de dos siglos reinventándose a si misma más allá del dogma.
El Acuerdo Cívico y Social
Claramente, la novedad política de la semana en Azul fue el lanzamiento del espacio común que nuclea a fuerzas que ya venían trabajando juntas pero que, ahora, se formaliza de cara a la elección del año que viene.
Que la Unión Cívica Radical junto al partido Socialista se haya integrado al Frente Coalición Cívica por Azul cuyas partes son el GEN, el ARI y Vecinos por Azul indica un primer movimiento estratégico y de anticipación para lo que se vendrá.
Se abre un abanico de lecturas.
Un peronismo que tiene la fortaleza del kirchnerismo en su conducción y con su presidente que apela a lo más elemental del manual justicialista : que salgan todos a jugar; después se verá quién llega.
El PJ disidente que bucea un direccionamiento en las tinieblas y el macrismo que ha recibido un durísimo golpe con el procesamiento de su líder.
La línea sucesoria
Bajar ese escenario a Azul no es automático.
Este flamante acuerdo indica que la actual gestión del intendente Omar Duclós peleará hasta el final para que haya una línea sucesoria que incluya los matices de otras fuerzas como el vecinalismo y un aggiornamiento del ciclo político que termina.
El papel del radicalismo y sus pasos en la sección y la provincia también será esencial pero, por sobre todo, cómo se irán dirimiendo las diferencias de cara a una elección interna y obligatoria para agosto del año que viene.
En una decisión estudiada, el Acuerdo Cívico y Social “primerió”.
Enfrente, hay movimientos subterráneos de viejos y nuevos nombres en el peronismo en la búsqueda de un candidato sumado al golpe que significa para el PRO azuleño el procesamiento de Mauricio Macri atendiendo al intenso trabajo de instalación de Agustín Carus.
El anunciado lanzamiento solitario de Francisco Tourné desde un sector del justicialismo disidente que avala la diputada Claudia Rucci podría deparar que candidateables como Luis Conti empiecen a magullar otros tiempos de definiciones.
Son sólo las vísperas.
Casi todo está por hacerse





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