Otro modelo de solidaridad y trabajo

Otro modelo de solidaridad y trabajo
En un viejo taller del ferrocarril, a pocos metros del río Limay y del balneario Municipal, funciona una cooperativa textil creada por un grupo de mujeres desocupadas del barrio Belgrano.

Sin un trabajo formal pero con experiencia en la confección de prendas, un grupo de mujeres desocupadas del barrio Belgrano decidió unirse para trabajar y producir en cantidad.

La Cooperativa Texol, así la denominaron, está emplazada en el lugar en el que hace muchos años fue un taller de ferrocarril. Desde ahí se bombeaba agua hacia la estación central para los trenes a vapor que pasaban por la ciudad.

Las mujeres llegan todas las tardes de lunes a viernes y comparten el trabajo diario. El lugar es pequeño, y está a unos metros de las bombas que hoy impulsan el agua al Monumento a los Caídos en Malvinas. Se accede a través de una pequeña entrada medio escondida donde la calle México llega a su fin porque después comienza el río.

Un gran ventanal de madera ilumina el espacio. Al ingresar se observa una mesa y una máquina de coser, a pocos metros otra mesa más amplia; un estante con hilos de colores, tijeras y algunos otros elementos imprescindibles para la costura se ubican en la pared del fondo. En otra de las paredes un set de herramientas completa lo que es el lugar de la cooperativa.

En esta época del año ya no hay tanta actividad, y sólo les queda para vender algunos manteles y delantales. “En octubre cumplimos un año, somos una cooperativa de trabajo textil. Nos juntamos mujeres del barrio Belgrano que trabajábamos en nuestras casas. Juntarnos nos rinde más”, contó Claudia Ortega, una de las fundadoras.

Unión y producción

La idea de la cooperativa surgió de la mano de Henry Campos, a través de la asociación Hingkahue, que se dedica a dar clases de apoyo a escolares en forma gratuita, y el “Banquito de la Buena Fe”.

“Se pensó en un trabajo de inclusión social en el barrio, crear fuente de trabajo genuino, y crear inclusión en personas que son mayores y que por algún motivo no pueden tener un trabajo formal. Se captó así a un grupo de costureras”, contó Campos quien es el presidente de la cooperativa y durante largo tiempo formó parte de Hingkahue.

Campos tomó la base de datos del Banquito, y comprobó que la mayoría de las actividades estaba relacionada a la costura.

“Pensamos que era una buena forma de hacer el mismo trabajo en conjunto”, expresó.

Las mujeres contaron que unirse significó un trabajo más rápido y ordenado. “Si nos organizamos, una arma la remera, la otra le pone la manga. Antes era todos una sola cosa, después nos dimos cuenta que producíamos más por ejemplo si una corta, si la otra coloca la manga, por último el cuello. Vamos más rápido”, describió Ortega.

Paso a paso

El trabajo se realiza con máquinas familiares, muchas conseguidas a través de los créditos nacionales del programa el Banquito de la Buena Fe. “Muchas de las chicas cuando terminaban de pagar lo que habían comprado con el Banquito, se quedaron con la maquinaria y se vinieron a la cooperativa”, explicó Ortega.

Para empezar todas pusieron un poco de plata y confeccionaron remeras. Con las ventas de esa primera tanda se comenzó a generar más. Solo producen por pedido: “Buscamos y traemos conocidos, familiares, amigos, una señora por ejemplo tenía un conocido en una carnicería y le hicimos las remeras para todos los empleados. Como cada una se dedica a la costura ya tiene sus clientes”, comentó.

Las temporadas marcan qué es lo que tienen que hacer, en invierno ropa abrigada, cuando empiezan las clases guardapolvos y durante el año han hecho remeras de acetato para todas las edades, remeras para niños, bolsas de supermercado, entre otras.

“No fabricamos en cantidad y salimos a venderlo, la experiencia de las chicas que se dedicaron a producir una determinada cantidad de cosas cuando salieron al mercado no pudieron venderlo”, explicó Ana Cursaro.

Para este año las mujeres de Texol tienen por objetivo contar con máquinas industriales y de esta manera producir en mayor cantidad. Además planean dejar de adquirir la tela en Neuquén y contactarse con Buenos Aires para abaratar los costos de materia prima.

Aseguraron que continuarán con el proyecto “contra viento y marea”. “Es difícil mantener la filosofía del cooperativismo, porque no entrega enseguida los beneficios”, concluyeron las mujeres de Texol.

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