El daño causado por la lluvia en las calles de tierra dejó a cientos de vecinos presos de inmensas lagunas y capas de barro infranqueables. Los damnificados hicieron escuchar su voz y dijeron que se sienten tratados como “una clase inferior” .
Cervantes está perturbada. Pasó toda la semana en vilo por las consecuencias del mal tiempo que se instaló en la ciudad desde el sábado pasado y que sólo le dio un respiro el miércoles, cuando el paso fugaz del sol le permitió ver cómo terminaba de evaporarse la inmensa laguna que se había formado en toda la cuadra de Suiza y Drago. “Había pasado tres días encerrada con mis cuatro hijos. Por lo menos me ahorré de gastar en nafta para la moto”, relata con marcada ironía la mujer.
Dejando el doble sentido de lado, Ofelia cuenta que “entre el domingo el martes estuvimos adentro, y siempre nos pasa cada vez que llueve fuerte. No podemos salir porque no tenemos ningún negocio cerca y si lo intentás en bicicleta o en moto es de gusto, no pasás”.
A la charla con DEMOCRACIA se incorpora Javier, un conocido del lugar que reside en el barrio Fortín II y que dice haber tenido problemas en el trabajo por tener que faltar lunes y martes. “Soy empleado y mi jefe no me cree que no puedo salir de mi casa, pero es la verdad. Imaginate que ando en una ´Zanellita´ y con el fandango que se arma no podés encarar porque te quedás ahí nomás”, advierte.
No es muy distinta la situación que describe Cecilia, quien habita la zona de Libanesa y Azcuénaga, aunque en su caso a la problemática de las calles en mal estado se le suma la presencia de un servicio de recolección de basura al que califica de “irregular”.
A propósito del camión de residuos, Gabriela, de calle Caseros casi Libertad, relata que el jueves a la tarde el transporte de Ashira “se quedó encajado y tuvo que ir a sacarlo una Champion de la Municipalidad porque se había atascado en una cuneta y no podía salir”.
Una cuadra más al sur, Carla, de Alberti al 900, da muestras de moderación para no descargar la rabia que le produce sentir que vive campo adentro, a incontables kilómetros de la ruta, cuando en realidad está a trescientos metros de un asfalto al que se le torna una odisea llegar cuando llueve.
Pero eso no es lo que más la enerva. “Al lado de mi casa hay un lote lleno de plantas y yuyos que es un aguantadero de ladrones. Por ahí se nos metieron tres veces a robarnos. La última yo estaba sola con mi bebé de cinco años y cuando escuché que estaban me tuve que encerrar con llave hasta que llegara la Policía. A la Municipalidad llamé unas diez veces para que vinieran a desmalezar ese terreno; después de tanto insistir, el otro día vinieron, cortaron tres o cuatro plantas y no aparecieron más”, asegura.
“Una clase inferior”
Como esos testimonios recogidos en la parte norte de la ciudad, otros tantos y del mimo tenor grafican la sensación de inferioridad que embarga el espíritu de muchos juninenses. Se sienten parte del “otro Junín”, ese que para ellos nace cuando se cruza el paso a nivel, se atraviesa la avenida de Circunvalación o no se vive sobre asfalto.
Graciela, del barrio La Celeste, casada y madre de cinco hijos, sufre el drama de un marido que hace doce años que está buscando un empleo y está viviendo de changas.
En ese escenario, cada jornada laboral representa la única bocanada de oxígeno que les sofoca el ahogo financiero. “Me pagan por horas para cuidar bebés y llegar tarde al trabajo es una pérdida con un riesgo incorporado: el de que un día elijan a otra que no tenga los problemas de intransitabilidad que tengo yo y les cumpla con la carga horaria en tiempo y forma”.
Por su parte, Viviana y Alfredo, del barrio Villa del Parque, aprovechan para adicionarle a la problemática del agua y el barrio la idea de constante inseguridad que los atosiga por los lotes desocupados y cubiertos de malezas que rodean su vivienda.
“Hay terrenos abandonados en los cuales podrían hacer planes de viviendas. Acá somos muchos los que estamos viviendo de prestado en la casa de los padres, de la suegra, de un amigo”, señala Viviana. Y concluye: “Son muchas cosas las que estamos pidiendo, no se pueden arreglar todas de un día para otro, pero creo que ya tuvieron bastante tiempo como para haber empezado a resolver de a poco estos problemas”.
Comentá la nota