Después del ocio, ¿qué? Opama las fiestas pero las cosas siguen sin variantes. Solo el anuncio del pago de sueldos y el comentario generalizado acerca de la presencia en Corrientes de Sebastián Crismanich, el campeón olímpico, a quien algunos ven con futuro político.
Del ocio prolongado pasamos a la semana corta, con la esperanza que el cúmulo de temas sin resolver que hacían cola en la agenda de las cosas urgentes que siempre dejamos para mañana, iban a estallar de una vez por todas hasta ponernos a tono con nuestras expectativas, que no son iguales para todos.
Pero no pasó nada. Seguimos en la misma. Sentados a la vera del camino aguardando que el tiempo lo arregle todo, asistimos al lento desfile de temas repetidos que en su momento hicieron mucho ruído pero que luego fueron cubiertos por el silencio, como el doloroso caso del trágico derrumbe de la calle San Martín, cuyas alternativas posteriores guardan extrañas coincidencias con el proceso por el brutal accidente ferroviario de Plaza Once.
¿Y la usurpación de terrenos, el déficit habitacional y las relaciones Provincia-Nación en torno a la distribución de fondos?
La terapia fue momentáneamente efectiva: primero una exagerada sobredosis de euforia por el triunfo olímpico de Sebastián Crismanich, única medalla dorada, y encima, el anuncio de que al contrario de lo que ocurre en casi todo el resto del país, mañana comienzan a pagar los sueldos cumpliendo así un estricto cronograma que se ha anunciado ya hasta fin de año.
Pero esto no alcanza, con esto se cumple la rutina y nada más.
Es consuelo de tontos alegrarnos por los conflictos que afligen a Santa Cruz pese a ser la preferida presidencial o que Scioli tenga dificultades en pagar el aguinaldo bonaerense.
Lo ideal sería que todas anduvieran sobre rieles sin accidentes por ningún motivo.
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El mundillo político -estrechamente ligado al gubernamental- se vio imprevistamente sacudido por un factor impensado: la presencia de Crismanich y la sorprendente repercusión popular que logró la presencia del campeón olímpico en Corrientes, lo que en el fondo, despertó silenciosas envidias de más de un dirigente.
Lo dijimos el domingo anterior: además de la medalla de oro, Sebastián tiene un cheque en blanco para anotarse como candidato, más que por méritos propios (que los desconocemos) por necesidades de nuestros enflaquecidos partidos, que agotaron todos sus esfuerzos en la lucha por los cargos y se olvidaron de la formación de las generaciones de relevo.
A través de su padre, Sebastián hizo saber, con gran sagacidad y cautela, que ellos ya hacen política... deportiva. De esa manera, pusieron una valla bien definida en los que ya lo estaban mirando con ocultas intenciones partidistas. (Supongo que deben saber que también otros muchos lo miran atentamente, preparando, por las dudas, algunos palos para poner en sus ruedas...)
La cuestión -se concrete o no- ya está instalada en la opinión pública, como es el caso de la re re elección presidencial, que se hable a favor o en contra da lo mismo, todo sirve para que la gente se interese en la cuestión.
* En estos momentos, por ejemplo, se da este gran contrasentido: el PJ correntino se opone a la re elección de los intendentes.
* El PJ nacional, en sus diferentes vertientes, propicia la re re elección de Cristina. Instaló astutamente el tema y no hizo nada más, dejó la tarea en manos de la oposición.
* La oposición -liderada por la UCR- propicia un congreso en contra de la re re, oficializando de esa manera las intenciones del oficialismo, haciendo general una idea que no cuenta con el consenso nacional.
En conclusión, la re re elección está en marcha, lo que significa que habrá elecciones para elegir convencionales para reformar la constitución para habilitar un nuevo período presidencial de Cristina Fernández.
Por supuesto, previamente se reiterarán los conocidos libretos de nuestro folklore político: hablarán todos, menos Cristina; Aníbal F. seguirá negando tal posibilidad; Diana Conti seguirá insistiendo; Cristina exigirá un pronunciamiento popular masivo que le “pida” su aceptación. Igual que siempre.
* El oficialismo, que instaló el tema y escondió la mano mirando como distraído hacia otro lado, habrá logrado sus propósitos con el apoyo de la oposición que está cada vez más confundida, como ya lo demostró al votar la expropiación de Ciccone. Sus bloques de legisladores votan caóticamente, favoreciendo las iniciativas del PE. La confusión va en aumento.
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Si alguien esperaba para el resto de la actual gestión de gobierno un tramo pleno de realizaciones, con más hechos que promesas, como una originalidad distintiva de esta campaña sobre todas las anteriores, se está equivocando de cabo a rabo.
Aumentarán los decibeles de los discursos donde abundarán los gritos y los insultos, las denuncias y las amenazas, se mirará a lo lejos con los ojos clavados en las urnas sin ver la realidad de un hoy que reclama decisiones urgentes de todo tipo; seguirán las rencillas políticas y personales; el diálogo será desterrado definitivamente del debate; grotescos personajes monopolizarán la cartelera diaria como dueños absolutos de la verdad y modelos de patriotismo.
Salvo que la tormenta de Santa Rosa, que está tan próxima, nos de un baño beneficioso, estamos equivocando el camino. Por estos atajos no vamos a ningún lado.
De cada uno y de todos depende que acertemos el rumbo.



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