La amante de Petraeus amenazó por mail a una mujer, porque creía que tenía relaciones con el general. Esta hizo la denuncia al FBI y así salió a la luz el affaire.
Un nuevo condimento se agregó al affaire que terminó con la carrera del ex jefe de la CIA, el general David Petraeus, quien debió dejar su cargo luego de que saliera a la luz una relación extramatrimonial con su biógrafa. Esa comprometida situación se conoció porque la amante del destacado militar le mandó correos amenazantes a una segunda mujer. Esta, quien tampoco es su esposa, estaba atemorizada, le pidió inmediata protección al FBI y que investigaran a la acosadora.
Así, el secreto mejor guardado del titular de los espías se convirtió en escándalo .
La Unidad de Contraespionaje del FBI tomó el caso de la segunda mujer e intervino el remitente de los e-mails que recibía. Aunque estaban mandados desde una dirección que no la identificaba, rastrearon desde donde habían sido mandados y se dieron cuenta de que eran desde la máquina de la biógrafa de Petraeus, Paula Broadwell.
Pero lo que más sorprendió a los agentes de informática fue lo que hallaron minutos después en la casilla de correo con su nombre verdadero.
Mensajes cariñosos, admiración mutua, deseos de encontrarse.
Las misivas entre el jefe de la CIA y la mujer que había escrito sobre su vida eran más que por motivos profesionales. Mostraban una relación amorosa que llevaba un tiempo. Al encontrarse con esta información, los hombres del FBI avisaron de inmediato a sus superiores.
Al preguntarle a la mujer denunciante sobre esta relación, ella negó saberlo pero confirmó que conocía a Petraeus y que tenía una relación fluida con él. Los encargados de la investigación infirieron que Broadwell percibió como una amenaza a esta mujer y por eso decidió espantarla sin saber que era lo peor que podía hacer.
Luego de eso sólo quedaba enfrentar a Petraeus con los resultados de las pericias. Hace dos semanas se produjo el encuentro. El jefe de la CIA no puso excusas y la situación se mantuvo en secreto para no perjudicar al presidente Barack Obama en el final de la campaña . Petraeus era uno de los pilares en la lucha contra el terrorismo y una carta ganadora en temas militares. En silencio, entonces, esperó que pasaran los días sabiendo que su futuro estaba decidido.
El miércoles pasado se informó a la Casa Blanca; el jueves lo conoció el presidente y el viernes se hizo pública la renuncia.
La decisión fue por cuestiones de seguridad nacional.
Las agencias de inteligencia están muy atentas a este tipo de relaciones ocultas que pueden terminar convirtiéndose en una extorsión a alguien que maneja información clasificada.
Respecto de la amante amenazadora, los medios informaron que tiene 40 años, nació en Dakota del Norte y está casada con un radiólogo, con quien tuvo dos hijos. Se licenció en la academia militar de West Point y obtuvo un master en Administración Pública de Harvard. A esa universidad Petraeus fue a dar una charla sobre inteligencia y allí se conocieron. Impactada por el encuentro, ella decidió escribir un libro sobre su vida.
Broadwell fue hasta Afganistán e Irak, donde el general estaba al mando de los grupos de contraterrorismo en la zona. En esa estadía que duró dos años comenzó una relación que habría terminado hace pocas semanas.
El FBI cree que ella pensaba que la habían cambiado por otra y comenzó a mandarle correos a la segunda mujer.
“Después de estar casado por 37 años, demostré un pobre juicio al involucrarme en una relación extramatrimonial”, escribió el militar en su carta de renuncia conocida el viernes.
“Ese comportamiento es inaceptable tanto como marido como jefe de una organización como la nuestra. Esta tarde, el presidente aceptó mi renuncia”, añadió.
Petraeus no ofreció ningún detalle sobre el asunto. Sólo se limitó a explicar que presentó la renuncia “por razones personales”.
El militar había ganado notoriedad durante la gestión del presidente republicano George W. Bush gracias a sus tareas para negociar y lograr en Irak una fuerte baja de las hostilidades tramitando con todos los sectores afectados, incluidas las milicias más duramente enfrentadas a EE.UU.
Esa táctica la continuó luego en Afganistán en 2010 con negociaciones que incluyeron a todo el arco de las milicias talibán para habilitar la retirada estadounidense, intentando que la maniobra no fuese traducida como una derrota. Los resultados, en ese país, sin embargo, no tuvieron el mismo éxito que en Irak. A su regreso, Obama lo convenció de que dejara el ejército para unirse a la CIA.

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