Una vez más las gestiones del ministro de Justicia porteño perjudicaron a su jefe político. El ex juez se reunió con el camarista Freiler días antes del pronunciamiento. Las sospechas de una extorsión y la sugestiva situación del funcionario macrista que comparte abogados con Kirchner y siempre queda bien parado en la causa de espionaje.
Como en los tramos más sinuosos de esta causa, el ministro de Justicia Guillermo Montenegro, aparece en el centro de una gestión que inevitablemente termina perjudicando a su jefe político.
Montenegro es un ex juez federal, amigo de Norberto Oyarbide, que además subroga el juzgado que el hoy ministro porteño dejó vacante cuando asumió como ministro de Macri. Ya esa decisión fue insólitamente funcional al kirchnerismo. Es que Montengero tenía la causa Skanska que por ese entonces hacía tambalear al Gobierno nacional con impactantes escuchas en las que se mencionaban coimas millonarias para “el pingüino de la Casa Rosada”. Y sin embargo, Montenegro decidió renunciar al juzgado.
Como era previsible, la causa pasó al juzgado de Oyarbide y quedó archivada en un cajón hasta hoy. Por esa misma época, el fiscal de esa causa Carlos Stornelli, recibió un ofrecimiento para ser ministro de Seguridad de Daniel Scioli ¿Pura casualidad o acuerdo político?
Desde el inicio de la causa comenzaron a circular rumores que indicaban que Montenegro, pese a ser el responsable directo del ex jefe de la Policía Metropolitana, Jorge “Fino” Palacios, iba a quedar desvinculado por sus buenos contactos con el kirchnerismo y el fuero federal.
El macrismo se negaba a convalidar esta teoría conspirativa y sostenía que era imposible que se sobreseyera a quien tenía mando directo sobre el área investigada y se avanzara sobre el jefe de Gobierno, ubicado en el organigrama dos escalones por arriba. Pero sucedió. Y sucedió de la peor manera. Una semana antes ya se sabía que Oyarbide iba a desvincularlo de la causa. De hecho La Política Online anticipó la decisión.
No parece un dato menor que Montenegro haya elegido para su defensa en esta causa al Estudio Righi, el mismo que defiende a Néstor Kirchner. El que conduce el actual Procurador de la Nación, Esteban Righi. De hecho, el abogado de Montenegro fue Fabián Musso, la estrella del estudio Righi, de acceso habitual a los despachos de la Casa Rosada y Comodoro Py.
Montenegro explica esta situación con un argumento que no hace sino agigantar la sospechas: su mujer, reconocida penalista, es socia del estudio Righi. La pregunta obvia es: ¿Si toda la causa es una obra maestra de la influencia del kirchnerismo en la Justicia, como obviar la eventual incidencia de Righi?
Como sea, más allá de la suspicacias, la lógica que prevalece en las causas políticas en la Argentina es que primero caen los secretarios, luego los ministros y por último el jefe de Gobierno o el Presidente. El macrismo naturaliza la anormal situación de tener a todos los ministros desvinculados de la causa y al propio Macri embretado.
Una cena complicada
La revelación de Clarín, no viene sino a alimentar las suspicacias sobre el rol de Montenegro y en todo caso descubre cierto doble discurso. Esta mal que el kirchnerismo presione a los jueces, pero esta bien que Montenegro cene con uno d elos camaristas para sondear como viene el fallo.
Según Van der Kooy “el macrismo descontaba el procesamiento pero con un voto en disidencia. El domingo 11 de julio, cuatro días antes del veredicto de la Cámara, el ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, cenó con el camarista Eduardo Freiler”.
Y según este relato no fue una cena social, en la misma “el juez habría señalado una cantidad de inconsistencias y anomalías en el fallo de Oyarbide. Montenegro salió convencido de que nunca firmaría la ratificación del procesamiento”.
“Ese convencimiento lo comunicó por teléfono a otro ministro del Gabinete y al mismo Macri. El macrismo sospecha que esa conversación fue grabada y utilizada por un emisario de Kirchner para intimidar a Freiler. De otra manera, no logran explicar el vuelco que en pocos días dio el camarista”, agrega el periodista.
Una vez más, una gestión de Montenegro termina con Macri en una situación peor que la inicial. Es decir, hasta este fallo, en todo el devenir de la causa Freiler siempre había fallado en disidencia ¿Pura casualidad?







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