Un video que detalla los actos del rebelde ugandés causa sensación en la Web. Provocó donaciones de millones de dólares y el envío de tropas.
En apenas un par de semanas un video de 30 minutos consiguió que más de 100 millones de personas en el mundo hablaran de una misma persona, Joseph Kony, y de un mismo conflicto, el de Uganda. Comenzó en Youtube, se difundió por Facebook y Twitter, y finalmente inundó las páginas de los principales diarios y las pantallas de los canales más importantes de todos los continentes. Negar la efectividad de la campaña de la ONG estadounidense Invisible Children (Niños invisibles) sería necio.
A primera vista la misión del video es loable: concientizar al mundo entero sobre la impunidad de la que goza Kony, un hombre responsable por miles de crímenes de lesa humanidad, principalmente el reclutamiento de niños soldados y esclavas sexuales. Kony es el líder de un grupo armado rebelde conocido como LRA (Ejército de la Liberación del Señor, en español) que surgió a finales de los años ochenta en el norte de Uganda en oposición al gobierno del actual presidente Yoweri Museveni, instalado en el poder de la mano de su propio ejército rebelde pero más tarde legitimado por el reconocimiento y la ayuda de las potencias occidentales y las instituciones internacionales de crédito.
No es necesario relatar aquí los crímenes cometidos por Kony; el video lo hace magistralmente y nadie los pone en duda. Sin embargo, lo que sí hace falta analizar en más profundidad es el relato que construye el video. El narrador y cofundador de la ONG, Jason Russell, utiliza una estrategia muy simple y efectiva: se lo explica a su precioso hijo de cinco años. Le muestra dos fotos, una de Kony y otra de un niño que logró escapar del LRA. “Este es el malo –le explica señalando la primera foto–. Tiene un ejército y secuestra niños y les da un arma para matar a otra gente. Los fuerza a hacerlo.” El descolocado niño llega a una sola conclusión: “Hay que pararlo.” Minutos después aparecerá el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, y repetirá las mismas palabras.
El resultado es peligrosamente familiar: la construcción de un enemigo. La convicción es tan fuerte –nos enseña el video– que la ONG consiguió el año pasado torcer el brazo de Barack Obama y el Capitolio para que aprobaran el envío de 100 militares a África Central para asesorar a los ejércitos en la persecución de Kony. Por fin, los EE UU se involucra en una buena causa, concluye el sonriente y emocionado joven de 33 años.
Pero esta suerte de “intervención moral” no es sólo el resultado de la pulseada entre los poderosos indiferentes en el gobierno y el poder de la gente. Desde 2008 Washington comparte información y envía millones de dólares a las Fuerzas Armadas ugandesas para derrotar al LRA de Kony. Lo hace a pesar que la mayoría de los informes sostienen que ese grupo no opera en Uganda desde 2006 y se dispersó por la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Y también a pesar que numerosas organizaciones de Derechos Humanos, locales e internacionales, han acusado al Ejército ugandés de sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos, durante los años del conflicto y hasta el día de hoy.
Uganda es uno de los países de África más fértiles y ricos en recursos naturales, la mayoría intactos aún y además comparte una extensa frontera con la República Democrática del Congo, otra fuente gigantesca de recursos minerales azotada por la violencia y codiciada por las empresas de tecnología.
Pero los jóvenes de la ONG evitan estas complejidades. ¿Cómo explicar a un niño de cinco años, si no, la situación en una de las regiones más violentas del mundo? ¿Cómo atraer a millones de jóvenes con una historia tan compleja en donde no hay buenos a quien asesorar o ayudar? ¿Cómo explicar que el gobierno, al que asesora y financia EE UU y Europa, reprime de forma sangrienta las protestas sociales y empobrece a un país agrícola permitiendo la especulación de commodities siguiendo las recetas del FMI y el Banco Mundial?
Los jóvenes de la ONG aprendieron la lección más importante que nos dejó la historia escrita por los vencedores. En la guerra hay buenos y hay malos, no puede haber grises. Por eso la ONG, que el año pasado incrementó sus fondos en un 500% y manejó un presupuesto de 6 millones de dólares, quiere empapelar las ciudades del mundo con un poster simple y poderoso: Kony, Bin Laden y Hitler. <

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