El pastor evangélico Rubén Proietti lamentó que el debate en el recinto se hubiera "politizado" y cuestionó las presiones para votar a favor del proyecto; "Me preocupó mucho la hipocresía y la falta de honestidad", agregó
Así, tajante, el presidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (Aciera), Rubén Proietti, describe cómo se imagina que será la Argentina tras la aprobación, esta madrugada, de la ley de matrimonio homosexual. La organización es una de las dos que convocaron el pasado 31 de mayo a un acto frente al Congreso para juntar firmas contra la iniciativa.
En diálogo con lanacion.com Proietti aseguró que la discusión que encabezó el recinto representó un cambio en el modelo social que las personas traen "de por vida" y que tiene el mundo, con excepción de los nueve países cuya legislación respalda la unión de parejas homosexuales.
En su opinión la sesión de ayer estuvo signada por un alto nivel de politización y de expresiones que escaparon al fondo de un debate que, sostuvo, tendría que haberse demorado un tiempo.
"Me preocupó mucho la hipocresía y la falta de honestidad. Los mismos senadores dicen que es hipocresía no reconocer el derecho de la minoría y nosotros nunca dejamos de hacerlo. Aquí se confundieron mucho las cosas. Anoche hubo mucha turbulencia", advirtió.
El organizador de la convocatoria, que bajo la consigna "Por un matrimonio con papá y mamá" reunió más de un millón de adhesiones, aclaró que no pretendía hablar desde el lado de la derrota al afirmar que este resultado no cambiará su prédica.
"Nosotros vamos a seguir predicando el Evangelio. Vamos a tener más trabajo y seguiremos ocupándonos de los problemas de la sociedad que no pasan sólo por esto. Nuestra tarea continúa siendo un campo donde hay que incentivar el amor de Dios y seguir viviendo conforme a su plan", argumentó.
Este sector del ámbito religioso había alertado a los fieles sobre las presiones que muchos senadores habrían recibido para votar a favor de la iniciativa. Hoy, Proietti ratificó esos dichos y se refirió a algunas maniobras del oficialismo que facilitaron la aprobación de la ley.
"Lo de las presiones es vox pópuli. Hubo presiones porque hablamos con senadores y gobernadores que nos lo confirmaron", señaló.
Y añadió: "La acción de llevarse a dos senadoras también es cuestionable. Ojo, también tenían todo el derecho del mundo de elegir quedarse y no lo hicieron".
El presbítero evangélico criticó la poca seriedad con la que se encaró el debate y se lamentó de que muchos funcionarios se "hayan tomado la vida para el juego político".
En este sentido, indicó que lo apenó ver el desarrollo de la sesión, sobre todo, por su comienzo y final que tuvieron como protagonistas al jefe de la banca oficialista, Miguel Angel Pichetto, y la senadora de Peronismo Federal Liliana Negre
"Me llamó mucho la atención de la senadora cuando increpó a Pampuro [tras haber impugnado el dictamen de su comisión a favor de la unión civil]. El debate empezó con un disgusto muy grande", afirmó.
"Si tiene razón Pampuro habría que amonestar a la senadora, y si ella tiene razón habría que intervenir. Esto fue como si le hubiesen pegado un tiro, la hubieran matado, la sacaron de cuadro, pero queda presente para votar y poder seguir en la reunión", describió.
También se manifestó acerca de los cruces que la senadora intercambió con el jefe de la bancada oficialista, que criticó la resolución de la Comisión de Legislación General y tildó a Negre de Alonso de "nazi".
En tanto, el vicepresidente de la Corporación de Abogados Católicos, Eduardo Sambrizzi, también cuestionó la sanción de la ley: "Los senadores no entraron a analizar el fondo del asunto. Decían que había discriminación, pero no analizaron por qué habría discriminación según ellos". Asimismo, evaluó: "Me parece que es muy malo para el país, para la sociedad".


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