La oposición se mostró contenida en las críticas

En la tranquila tarde del sábado, en la que todos los actores del tardío almuerzo de Bodegas de Argentina parecían haber firmado una tregua, la paz se vio alterada por una afirmación de Celso Jaque.
El Gobernador aseguró que no es legal cambiar la coparticipación del impuesto al cheque como pretende la oposición y esto despertó las únicas furias de una siesta lánguida por parte de Omar de Marchi (PD), Juan Carlos Jaliff (Confe) y el ex ministro Enrique Vaquié, entre otros de los presentes, quienes señalaron que Jaque "o está equivocado o está buscando un argumento que justifique su alineamiento con el Gobierno nacional".

La tradicional reunión de la industria vitivinícola local, en la que se trataban temas eminentemente locales, se nacionalizó casi naturalmente, sin conflictos, sin altisonancias, sin reclamos pesados. Incluso, hasta el momento en el que se subió el tono, la discusión fue por un tema nacional. Pero siempre primó la idea y el ánimo de poner paños fríos y bajar la tensión entre el oficialismo y la oposición.

El mandatario terminó y De Marchi y Jaliff salieron a poner el único condimento de la tarde. "La ley que fue fruto de un convenio y que no puede modificarse sin el acuerdo de las provincias es la de Coparticipación. Me extraña que el Gobernador, que fue miembro de la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado nacional, diga semejante cosa", dijo De Marchi.

El comentario fue convalidado por Jaliff, quien recordó que para modificar la ley de Coparticipación (que tiene vigencia desde la presidencia de Carlos Menem), se requiere, además del tratamiento en el Congreso, que sea remitida y aprobada por las legislaturas provinciales, lo que hace casi imposible cualquier cambio.

Esta ley, surgida de la reforma constitucional de 1994, no es la norma que creó el impuesto al cheque. Éste fue generado durante la presidencia de Fernando de la Rúa, cuando Domingo Cavallo estaba al frente del Ministerio de Economía y no fue el fruto de un convenio con gobernadores, por lo que no requiere de un tratamiento especial para su modificación.

La lectura inmediata tenía dos vertientes: o está confundido, o busca un argumento para defender la postura del Gobierno nacional, contraria a coparticipar los recursos obtenidos a partir de ese impuesto. "Coparticipar esos fondos implica que la Provincia contaría con unos 300 millones de pesos más. Negarse a eso es ir en contra de los intereses de Mendoza", dijo De Marchi.

Mas allá de la ofuscación pasajera, el almuerzo tardío (debido al prolongado Carrusel que determinó la tardanza de Jaque) y el calor, nadie arriesgó nada. Jaliff fue claro: "Hay que bajar los decibeles, porque el clima está caldeado".

Uno de los pocos que se salió de libreto fue el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, quien llegó a la Bodega Navarro Correas flanqueado por los justicialistas disidentes Francisco de Narváez y Felipe Solá.

Los dos dirigentes bonaerenses llegaron y hablaron con la prensa. Solá dijo que el miércoles van a tratar en el recinto el último decreto de necesidad y urgencia (con el que el Gobierno pretende hacerse de parte de las reservas del Banco Central para pagar deuda), para luego entrar en la sintonía de los paños fríos y decir que está dispuesto al diálogo superador del mal clima político que tiene paralizado al país.

De Narváez dijo que no se puede "saquear" el BCRA, que la deuda se va a pagar en un marco de razonabilidad y que Cristina terminará su mandato. La llegada con Cornejo alimentó la especulación de una alianza opositora, que el bonaerense rechazó de plano, y mientras daba fe de lo inoportuno de hablar de candidaturas hoy, dejó abierta la posibilidad de su nombre. Luego, con Solá, partió antes de los discursos.

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