Por Eduardo Aulicino.Parece un dato curioso de la política de estos días, pero es el reflejo de una lectura posible de lo que ha venido ocurriendo con la aprobación de algunas leyes controvertidas, cuando no patéticas:
Los números de esas votaciones fueron significativos. Igual o más llamativa fue la división de actitudes en el mundo del peronismo desalineado y de la oposición frente a la ley que determinó la expropiación de la imprenta Ciccone con la intención –surge de los propios discursos oficialistas– de cerrar las investigaciones que involucran al vicepresidente como actor principal de maniobras oscuras.
El oficialismo logró 44 votos en el Senado, apenas cuatro menos que la cifra de dos tercios de sus miembros para avalar una iniciativa de necesidad de reforma de la Constitución. En Diputados, obtuvo 145, veintiseís por debajo de la cifra que desvela al cristinismo. Resulta claro, como advierten con sensatez en la vereda opuesta, que no pueden transpolarse situaciones , menos aún cuando refieren a los planes reeleccionistas, pero hay fisuras más de fondo que de números sobre las que pueden trabajar los operadores de Olivos .
El caso de YPF, pero sobre todo y en escala mayor la ley Boudou, han expuesto que, a veces y en casos de gran porte político, muchos legisladores “terminan atados a principios que en realidad no se discuten sino que son apenas una bandera en apariencia ”, según resume un legislador radical. Refiere a la simulada intención de recuperar la “soberanía monetaria”, necesidad recordada de golpe, en la misma medida que resultaba imposible tapar el escándalo de Ciccone, a pesar de la ofensiva que dejó en la banquina al procurador Esteban Righi y sacó del medio a un juez y a un fiscal.
La lectura sobre inquietudes de origen propio parecen compartidas ahora por algunos representantes del radicalismo que presionan en sus propias filas para imponer un discurso antireeleccionista, por dirigentes del socialismo luego de algunos vaivenes, por macristas ya vacunados con la pelea del subte y por peronistas disidentes que vieron reducir su espacio pero creen que, sin reforma, se reabrirían las posibilidades de juego dentro del propio justicialismo.
El punto, visto desde esa perspectiva, es qué puede ofrecer el cristinismo o cómo puede vestir su proyecto para que resulte atractivo a algunos opositores. Allí empieza a jugar la estrategia más amplia de Olivos, que por ahora apunta a ir instalando el tema , sin mostrar el objetivo reeleccionista o planteando incluso que esa no es la cuestión en debate. Es decir, pueden ser sugeridos temas como la ampliación de derechos sociales, cuestiones de cuidado del medio ambiente o de los recursos naturales, y alguna mirada más amplia sobre formas de democracia semidirecta o parlamentarismo.
Esos pueden ser rubros para abrir la discusión hacia afuera del oficialismo aunque, se sabe, luego nada limita la ampliación del temario y, en el plano hipotético, menos aún el alcance último de una reforma una vez abierto el mecanismo para avanzar sobre la Constitución.
Con ese cortinado a las espaldas, las hipótesis se cruzan con otro elemento: la oportunidad , es decir, cuál sería el mejor momento político del oficialismo para salir con todo. Una de las posibles respuestas tiene que ver con el plano interno del peronismo. La movida reeleccionista apunta en primer lugar a obturar cualquier discusión sobre la sucesión y, en espejo, los movimientos aún formalmente tibios de Daniel Scioli y más sonoros de José Manuel de la Sota aumentan la actividad del oficialismo más verticalista .
Hasta ahora, es bastante extendida la idea de que la ofensiva final sería el año que viene, en función del resultado electoral. Pero aún las encuestas de consultores próximos al Gobierno dicen que hoy no es posible pronosticar un resultado determinante. Un sondeo indica incluso que podría registrar un número similar al de 2009, de alrededor del 30 por ciento. Eso le permitiría a Olivos mantener las mayorías actuales en el Congreso, pero políticamente se le complicaría el panorama : sería un retroceso respecto del imponente triunfo del año pasado.
¿Podría entonces hacer un intento en el corto plazo? Difícil distinguir entre fantasmas opositores y sueños oficialistas .



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