Más que oportuna, más que valiosa, la decisión del Concejo Deliberante de San Salvador de Jujuy de abrir el juego para que todas las personas de buena voluntad participen del proceso de germinación de los homenajes a los héroes del Exodo Jujeño, en el año del bicentenario de la máxima gesta que protagonizó nuestro pueblo.
Esas cualidades propias de los valientes, de los osados, de los desprendidos, deben erigirse como un faro en el mar de los desafíos a afrontar los jujeños de hoy. Si bien las conductas avaricias abundan por el accionar ruin de algunos todavía procuran mantener en vigencia y en beneficio propio, reñidos con el compromiso que la provincia demanda, no menos cierto es que también hay potentes elementos de la realidad que abren las puertas a la esperanza de un destino de grandeza.
TRAS LA PESADILLA,
EL DESPERTAR
Es muy alentador asumir que Jujuy superó, después de algo más de diez años, un largo y triste período de inestabilidad política y social que afectó prácticamente toda la década de los ‘90, dominado por enfrentamientos estériles, plagados de incomprensión, desconfianza y disputas inútiles, sumadas a una evidente falta de planificación y de inversiones genuinas y productivas. Esta situación derivó en una evidente disgregación social con pérdida de la autoestima de la sociedad en su conjunto.
Sin embargo, en los últimos meses, Jujuy alcanzó todo un récord de gobernabilidad desde que se consolidó el retorno de la democracia en 1983. Es que comenzó el cuarto mandato constitucional consecutivo del gobierno provincial sin que la provincia se vea amenazada por alteraciones del orden institucional y sin renuncias anticipadas -o casi despidos, en ciertos casos- de gobernadores electos. Y, sobretodo, sin grandes revueltas políticas que coloquen a la provincia al borde del más crítico abismo.
Desde ya, el camino no fue fácil y se tuvo que pagar muchos y altos costos, recurriendo en más de una oportunidad a la inquebrantable voluntad para superar avatares, como el de fines de 1999, el del año 2001 y la transición del 2002. Con estos capítulos a espaldas, llegó el año del Bicentenario del Exodo Jujeño, un acontecimiento que surge para reflexionar sobre lo ocurrido y el futuro que se puede forjar en unidad.
Indudablemente Jujuy cambió en estos últimos años. En primer lugar, porque históricos desafíos pudieron hacerse realidad, como el Paso de Jama o la declaración de “Patrimonio de la Humanidad” merecida por la Quebrada de Humahuaca, hechos que demuestran que, con esfuerzo de todos y sin divisiones, las cosas se pueden lograr.
Es que el jujeño es capaz, es apto. Necesita ayuda sí, pero también puede confiar en propias fuerzas, en arranques de atrevimiento, para salir adelante. Un claro ejemplo de ello es que se ejecutaron y se siguen haciendo importantes concreciones para el desarrollo de la calidad de vida en materia de salud, con nuevos hospitales, centros de atención y equipamiento tecnológico.
En el área de educación, con nuevas escuelas, mejoramiento de establecimientos, materiales didácticos y capacitación docente. También se optimizaron y mucho las condiciones de hábitat para los jujeños con nuevas viviendas, soluciones y mejoramientos, aunque en algunos casos las respuestas tardan en llegar.
Dentro de ese cambio, también es destacable el avance en infraestructura para el desarrollo productivo y comercial la construcción de caminos, puentes, rutas y autopistas los tendidos energéticos, acueductos y gasoductos y otras obras de vasto alcance que generan una potencialidad importante para mejorar actividades ya instaladas e incentivar a nuevas inversiones y proyectos.
PARA APRENDER
Claro está, no todas son rosas. Un sincero análisis no debe dejar al margen que aún parece, de alguna manera, que Jujuy está a mitad de camino en muchos aspectos.
Son varios los aprendizajes que parecen haber sido incorporados por quienes tienen en sus manos la responsabilidad de administrar la cosa pública. En este marco, se puede destacar la conciencia adquirida a lo largo de estos últimos años de la necesidad de que el tanto el Estado provincial como los municipios apliquen criterios firmes de previsibilidad, sustentabilidad y racionalidad en el manejo de las cuentas públicas. Todavía está fresca en la memoria de nuestra comunidad el recuerdo del “bono jujeño”, “patacones”, “Lecop”, “ticket canasta” y las disminuciones y atrasos de varios meses que registraron los sueldos estatales, así como penosas circunstancias que evidenciaron la falta de insumos mínimos en los hospitales;demoras o ausencia en el pago a proveedores y contratistas y otras tantas calamidades que sumieron a muchísima gente en la desesperación y pusieron en jaque al sector comercial y empresarial, instalando a la provincia en un escenario de desconfianza, tanto interna como externa. ¿O quién no recuerda con dolor el término “Jujuy es inviable”?
Sin embargo, todo ese ejercicio de memoria necesario parece no ser suficiente para morigerar los casi permanentes reclamos salariales y laborales de algunos gremios y sectores estatales ni las demandas económicas de parte de grupos y organizaciones sociales que muchas veces exceden con sus planteos las posibilidades de respuesta de parte del Estado.
Parte del aprendizaje que falta hacer debería pasar por asumir cabalmente que en la democracia, nadie puede dudar del derecho al reclamo, a la huelga y a la protesta social. Pero cuando esas manifestaciones sobrepasan el verdadero interés del grupo que las realiza, respondiendo a otros objetivos; uando se empiezan a caracterizar por una exagerada beligerancia y confrontación provocando incomodidades, molestias, temor y hasta daños personales y económicos a los demás; qeda más en claro que hay algo que debe corregirse y cambiarse en nombre de una convivencia sana y responsable plena de libertades. Sería por demás injusto no observar además que la mayoría de las actividades productivas tradicionales y otras nuevas que se incorporaron a la dinámica económica de Jujuy, recibieron y cuentan con el apoyo de los gobiernos provincial y los municipales y que se otorgaron los necesarios incentivos con el respaldo parlamentario de la Legislatura y los concejos deliberantes.
Hay infinidad de nuevas inversiones y desafíos encarados por pequeños, medianos y grandes empresarios que generarán mayor riqueza y crecimiento. Seguramente se requerirá de mayor esfuerzo de la dirigencia gubernamental y política para permitir un mayor rendimiento económico y otorgar fiabilidad a la inversión. Pero también es indudable que, a la recíproca, en muchos casos, habrá que exigir un mayor compromiso de muchas actividades y de algunas empresas y de sus empresarios para con la comunidad, no sólo en la contribución económica, sino también en el aspecto social.
Algo similar sucede también, por ejemplo, en relación al comercio y el turismo, dos actividades de suma importancia por las que mucho se apuesta. También en estos rubros se advierten inversiones y esfuerzos privados por demás trascendentes en materia de hotelería, gastronomía, agencias, galerías comerciales y paseos, un shopping y otros tantos emprendimientos que nos empiezan a colocar en un pie de igualdad comparativamente con la oferta que realizan las restantes regiones.
Estos desafíos, y otros tantos, sólo podrán ser afrontados inaugurando un momento que se espera en la provincia, que no es otro que el de intentar pactar un nuevo compromiso social entre todos los jujeños de buena voluntad; unacuerdo que conduzca a un nuevo rumbo que sea capaz de corregir lo que se hizo mal entre todos; queapunte hacia el futuro de una manera distinta aprovechando la experiencia y que permita despegar, de una vez por todas, con un crecimiento genuino, no sólo en lo económico, sino también en lo social y en lo humano.
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