Opinión de Gabriela Ceppi

Opinión de Gabriela Ceppi
Si la promesa se convierte en realidad, puede ser el pasaporte hacia la cima en lo político; pero si no lo cumple, los mendocinos pueden tomar represalias y las mismas pueden ser demasiado caras.
Y, sobre esto, Celso Jaque sabe mucho porque le puso plazo a su mapa del delito, lo mismo que el ministro Juan Carlos Behler está haciendo ahora nada menos que con

la salud pública, un tema ultrasensible.

Si bien a primera vista pareció un plan ideado por Jaque para dar un golpe de efecto en su gestión, el ministro dejó traslucir que fue a la inversa y, de hecho, surgió de los mismos empleados y directores del Lagomaggiore preocupados por las colas interminables en las listas de espera para operarse.

Behler es un tipo difícil. Está algo solo en el gabinete

pero entiende muy bien los principios del peronismo: justicia social y prioridad para los más necesitados. Se enoja por las críticas y está apasionado con la idea de mejorar la salud pública. "Yo ya estoy jugado, tengo 62, no quiero ser gobernador, no tengo ningún tipo de

apetencia política y sólo estoy preocupado por la salud de los mendocinos", resumió mientras escapaba del enardecimiento en que lo hacen entrar los gremios con sus críticas.

El mismo enardecimiento o pasión por la que tal vez le puso plazo a la promesa. Habrá que esperar tres meses para evaluar el final.

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