El oficialismo utiliza este color en actos de gobierno y en todo tipo de comunicación en la vía pública. Macri vetó varios artículos de una ley que regulaba el uso de insignias partidarias en publicidad oficial.
Qué tienen en común el bus turístico, los refugios en la vía pública, la nueva web del gobierno porteño, los carteles de los museos o los que anuncian obras públicas? El inconfundible color amarillo con el que el PRO identifica su partido.
El jefe de Gobierno, Mauricio Macri, utiliza ese color para sus actos partidarios, pero también para toda comunicación de actos de gobierno. Así, financia la campaña propagandística de PRO con fondos públicos. Lo hace utilizando el amarillo y negro característico de su partido en todas las comunicaciones del Gobierno. Para poder hacerlo, vació de contenido la ley que regula la pauta publicitaria oficial en la Ciudad.
Sólo revisando los últimos actos de gobierno publicados en el sitio oficial de la gobernación, se pueden ver los colores insignia del PRO en la presentación del Plan Integral de Seguridad, el Hidráulico, el de Movilidad Sustentable, el de Infraestructura y el de Higiene Urbana. Ni el Concierto de Campanas 2010 quedó afuera del marco propagandístico que el jefe comunal les imprime a los actos de gobierno. Esto se extiende a las calles: los carteles de obra y de anuncios nada tienen que envidiarles a los taxis de la Ciudad y hasta a los subterráneos de la línea D, socios oportunos e involuntarios de los colores que Macri eligió para Propuesta Republicana, tal el nombre completo de su partido.
"Esto ya lo vimos en la campaña 2009. Los carteles con la candidatura de Gabriela Michetti como diputada eran del mismo color que los oficiales. He visto juntos, el año pasado, tres carteles: uno que hablaba de mejoras en la Ciudad, rodeado por dos carteles de campaña de Michetti diputada", relató a Diario Z Pablo Secchi, director de Instituciones Políticas y Gobierno de Poder Ciudadano.
En esa sintonía se manifestó la legisladora María Elena Naddeo (Diálogo por Buenos Aires): "Macri publicita la creación de la Policía Metropolitana y coloca carteles indicadores de las comunas con el color amarillo de su partido político. Es abuso de poder y de autoridad. corrupción política. utilización de fondos públicos con fines partidarios", disparó, y adelantó que denunciará el asunto en la Legislatura y en la Justicia.
HECHA LA LEY
Sin embargo, con esta utilización de fondos del Estado para llevar agua al propio molino partidario, el Gobierno de la Ciudad no está violando ninguna reglamentación. No porque no haya existido, sino porque Macri se encargó de crear el vacío legal. Afines de 2009, en la última sesión del año, la Legislatura sancionó la Ley 3.391, que establecía el primer marco regulatorio para la administración de la pauta publicitaria en la que supera los 100 millones de pesos anuales. El texto, de por sí, era escueto, ya que el macrismo había negociado con la oposición la quita de varios de los artículos importantes. Finalmente se llegó a un texto común de 18 artículos. Pero a Macri le pareció poco: mediante el decreto 122/10, fechado el 25 de enero último, vetó la mitad de los apartados. Para justificar el veto a la prohibición del uso de colores, el decreto dice que "dicha prescripción avanza sobre competencias originarias del Poder Ejecutivo"; que corresponde "a la Secretaría de Comunicación Social elaborar y ejecutar el programa de identidad e imagen global de la gestión de gobierno" y que "resulta improcedente que el Poder Legislativo determine qué elementos o símbolos o signos de comunicación deben prevalecer en los mensajes públicos del Poder Ejecutivo".
Otros artículos igual o más relevantes tampoco pudieron entrar en vigor. El 8º, inciso a, prohibía "incluir el nombre, voz, imagen o cualquier elemento identificable con funcionarios del sector público". Según la Asociación por los derechos Civiles (ADC), "ambas prohibiciones -el color y la participación de funcionarios- tienen por objetivo evitar que los avisos oficiales se utilicen como herramientas de propaganda al servicio de los gobiernos y funcionarios de turno, o de fuerzas políticas en particular, desvirtuando el sentido de utilidad pública que debe regir para la publicidad oficial".
El veto asimismo borró el artículo 6º, que explicitaba que "los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial deben enviar a la Legislatura en forma anual un plan estratégico de comunicación" que debería incluir "objetivos de campaña" y "costos estimativos". También el 9º, que planteaba limitaciones a la pauta publicitaria en procesos electorales, y el 16º, que obligaba a los diferentes estamentos públicos a colocar en sus páginas web el plan de publicidad anual; el informe anual de la publicidad ejecutada el año anterior y los regis tros de Medios de Comunicación y de Agencias de Publicidad, contemplados en los artículos 10º y 11º de la ley, fueron eliminados por el mismo decreto. Todo un paquete de disposiciones establecidas para transparentar el manejo del dinero y evitar favores políticos a publicistas amigos.
La misma suerte corrió el artículo 17º, que establecía sanciones a funcionarios y empresas que violen la ley, y el 18º, que prohibía reasignar partidas para publicidad sin "expresa autorización legislativa". "El veto -según la ADC- vacía aún más de contenido a esta ley, y demuestra una reticencia del Ejecutivo a administrar los fondos públicos destinados a pauta de modo transparente".
El puntapié inicial para avanzar en la regulación de la publicidad oficial en la Ciudad lo dio en 2006 el entonces legislador Facundo Di Filippo (Coalición Cívica), quien redactó un primer texto que consensuó con la ex jefa del bloque PRO, Gabriela Michetti. "Firmó conmigo un dictamen que es el mismo que ahora vetó Macri", afirmó el ex diputado porteño a Diario Z. Por su parte, Gabriela Cerruti elaboró un plan propio, el más completo de todos. El primero tenía 23 artículos; el de la ex funcionaria de Telerman, 53, repartidos en títulos y capítulos. PRO sacó un proyecto propio con la firma de la legisladora Diana Martínez Barrios. Tenía apenas 10 artículos. Los que conocen de asuntos legislativos saben que es más fácil negociar con un proyecto vacío que sin proyecto.
De este paquete de proyectos, el PRO no aceptó, por ejemplo, límites al gasto, establecer una autoridad de aplicación y una comisión parlamentaria de seguimiento, o fijar límites al gasto en año electoral. Secchi confirmó que en 2009, a medida que se acercaban los comicios, crecía el desembolso de dinero para publicidad.
La batalla más dura se dio cuando se debatía el alcance de la ley. El texto de Di Filippo hablaba de "sector público", mientras que el de Cerruti hacía extensiva la reglamentación a "la Administración Central, entes descentralizados, entidades autárquicas, el Poder Legislativo y Judicial, y las empresas y sociedades del Estado". El texto final determina que los únicos obligados a planificar y transparentar su publicidad son "el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial". Entes descentralizados, como AUSA o el Banco Ciudad, quedan libres de rendir cuentas a la Legislatura.




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