Olga Serantes fue estrangulada antes de ser quemada dentro de su auto

El periodista de policiales Mauro Szeta descubrió el dato revelador en la causa de la remisera asesinada a fines de octubre en Olavarría. Fue pura decisión criminal. La historia secreta del caso.
Fue un asesinato artero, bárbaro, cruel en extremo. El 24 de octubre, hubo una decisión criminal en marcha y ejecutores que la cumplieron. Y lo peor de todo, dejaron poca evidencia, poca pista, poco terreno para reconstruir.

Lo único que se sabe es que Olga Noemí Serantes tenía tres lugares de residencia. Cartoneaba, manejaba un remís, hacía de todo un poco. Hasta las 2:30 estuvo en un baile en “El Provincial”. También había pasado por el bingo. Su último registro con vida quedó documentado en una cámara de seguridad municipal. Iba sola en su auto.

Justamente en su auto, la prendieron fuego, en un claro intento de borrar toda clase de evidencia. En parte lo lograron. Los peritos fueron claros en su informe. A la mujer la estrangularon y la prendieron fuego en el auto cuando ya estaba muerta. Se investigó de todo. Una pista sentimental y otra vinculada con la inseguridad urbana. Todavía no se llegó a mucho.

El fiscal Pizzolo y la policía de Olavarría obtuvieron una prueba que por lo menos sirvió para dar con un presunto encubridor del homicidio.

La historia es así. Los asesinos de Olga se encargaron de robarle el teléfono celular. Tres horas después, la carcasa de ese teléfono se activó con el chip de un vecino de la zona. Ese vecino quedó preso. Habrá que determinar si tiene que ver con las manos asesinas o, como pasa muchas veces en estos casos, encontró e celular de la víctima descartado y empezó a usarlo.

Olga Serantes, otra mujer asesinada. Dos parejas investigadas. Otra vez una muerte cruel que cuesta digerir. “Hay que odiar mucho a alguien para matarla y prenderla fuego”, sugiere un investigador, y no se equivoca.

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