Olavarría "se apagó" 60 minutos por la lucha contra el cambio climático

Las luces del Palacio Municipal, de la Agencia de Desarrollo Local (Adelo) y del Centro Cultural Municipal "Hogar San José" se apagaron por una hora, como muestra de compromiso respecto de la problemática del cambio climático.
Olavarría se sumó el sábado, y por primera vez, a una iniciativa que nació hace 6 años como gesto simbólico de apoyo a la lucha contra el cambio climático y ya se ha instalado como un fenómeno mundial. La Hora del Planeta, iniciativa de la organización ecologista WWF que invita a todo el que lo desee a prescindir de la luz eléctrica durante una hora un día al año, cumplió este año récord de participantes. 147 países, desde Australia a Inglaterra, apoyaron la idea de prescindir del fluido eléctrico entre las 20.30 y las 21.30 horas de ayer. El primer país en "apagarse" fue Australia y a partir de ahí un manto de oscuridad fue recorriendo el planeta poco a poco, ya que cada uno se suma en su hora local.

¿Cuántas toneladas de CO2 se dejaron de emitir a la atmósfera con una propuesta de este tipo? "Imposible de saber", reconocen los padres de la iniciativa. El cálculo es inabarcable y, además, "no se hace para ahorrar energía, sino para concienciar a la población de la necesidad de hacerlo para luchar contra el cambio climático", apuntaron desde la citada organización, el día previo. Al menos, esta campaña parece que sí cumplió este objetivo en vista del alcance social que tuvo.

A nivel local, el Gobierno municipal decidió apagarán la iluminación del edificio del Palacio Municipal, de la Agencia de Desarrollo Local (Adelo) y del Centro Cultural Municipal "Hogar San José", como muestra de compromiso respecto de la problemática del cambio climático, adhiriendo a la iniciativa mundial "La Hora del Planeta 2012".

La Hora del Planeta es una iniciativa mundial de World Wildlife Fund (WWF), coordinada en nuestro país por la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), creada para demostrar en forma simbólica que gobiernos, empresas e individuos, trabajando juntos, pueden hacer una diferencia en relación con el cambio climático.

La novedosa propuesta comenzó el 31 de marzo de 2007 cuando Sydney, Australia, y la WWF decidieron apagar la ciudad entera durante una hora como símbolo de su posición contra el cambio climático y a favor de un planeta vivo. La ciudad se oscureció completamente ya que 2,2 millones de personas apagaron la luz. Año tras años, la convocatoria crece y la estimación es que esta vez posiblemente haya sido la mayor llamada a la acción para luchar contra el cambio climático, al conseguir que cientos de millones de personas de pueblos y ciudades de los seis continentes apagaran la luz durante una hora.

El cambio del clima en el planeta es innegable. La temperatura del planeta ya aumentó 0,8º C en los últimos 100 años a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Los primeros impactos son visibles: más inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, expansión de enfermedades como el dengue, y la retracción de los glaciares. Esto causa 300.000 muertes, afecta a 325 millones de personas y genera pérdidas de U$S 125 mil millones por año.

Incluso si las emisiones se cortaran inmediatamente, la temperatura de la Tierra seguirá aumentando en, al menos, 0,5ºC en los próximos años debido a la inercia del sistema atmosférico y a la cantidad de GEI ya emitidos.

La FVSA considera que la respuesta a estos cambios implica desarrollar e implementar herramientas de adaptación que favorezcan la capacidad de los ecosistemas de responder a los impactos del cambio climático y que limiten su vulnerabilidad ante las consecuencias negativas.

En Copenhague, Vida Silvestre y WWF reclamaron, entre otras medidas, la accesibilidad de al menos 63 mil millones de dólares anuales para el Fondo de Adaptación de la UNFCCC, destinados a financiar la adaptación al cambio climático por medio del manejo sustentable de los ecosistemas para la protección de los servicios ambientales que brindan a la humanidad.

El actual nivel de consumo de la población mundial supera en un 30% la capacidad de la tierra de brindar "servicios ambientales" como alimentos, regulación del clima y provisión de agua dulce. En este sentido, estamos consumiendo el capital ambiental de nuestro planeta, es decir, las reservas que disponemos para nuestra propia subsistencia.

Por ello, la FVSA considera que la inversión solicitada es mínima en comparación con el valor de lo que se intenta proteger, si se considera que los servicios ecosistémicos globales están valuados en 33 trillones de dólares por año.

Las medidas deben ser acordadas y aplicadas de inmediato para que los ecosistemas puedan adaptarse a los cambios, para que la producción de alimentos, la disponibilidad de agua y energía no se vean amenazadas, y para que el crecimiento económico mundial se mantenga a un nivel sostenible.

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