¿Tenemos clara conciencia de lo que está pasando en el barrio Pirayuí, con la impetuosa irrupción de los okupas, la presencia de personajes extraños al medio, y un clima de tensión que puede estallar en cualquier momento, de no mediar la urgente y correcta intervención de todos los estamentos del Estado en forma conjunta? Que el encono político no meta la cola...
Hoy, con el mismo desparpajo con el que nos acostumbramos peligrosamente a enfrentar las andanzas de los motochorros, un asalto, un crimen y las más diversas formas del delito (como en las grandes ciudades), comentamos lo que está pasando en un barrio de nuestra Capital que pareciera una lejana y desconocida isla del mar de Las Antillas y no un amplio predio cercano, condenado al olvido, despreciado por los medios de transporte, desconocido por los “urbanos del trocen” que recién ahora están tomando conocimiento de su existencia.
Ah!...¿existen terrenos desiertos? ¿Y gente que no tiene piso ni techo donde subsistir?, se pregunta algún ingenuo. Y otro más ingenuo todavía, hipócritamente como cargándonos: ¿Hay correntinos con problemas de vivienda?
Esta semana que concluye -junto con los momentos culminantes de los homenajes a la Virgen de Itatí- hemos batido todos los récords de la indiferencia, la hipocresía, la insolidaridad, la mentira, el desgano, etc..
Aquí no es cuestión de entrar a juzgar si está bien o está mal la ocupación de terrenos en el Pirayuí, sean privados o fiscales. Yo no soy juez. Pero soy un hombre que sabe que allí hay niños y ancianos, hombres y mujeres, familias enteras que se están desintegrando a la intemperie, con frío y con hambre, actuando acicateados por la desesperación extrema de quien se siente abandonado por todos..
Extraña mucho la ausencia de dirigentes políticos y funcionarios, salvo rarísimas excepciones. Pero no extraña para nada las denigrantes intentonas de más de uno de “politizar” la situación, lanzando peregrinas acusaciones hacia uno y otro lado, como ocurrió y ocurre en la Nación y la Ciudad de Buenos Aires.
La misma coincidencia, el mismo codo a codo y las amplias sonrisas mostradas al inaugurar una plaza o izar una bandera, ¿no se pudieron repetir en esta circunstancia?
- Entre los okupas hay activistas, provocadores ajenos al lugar, interesados en reavivar el malestar.
- Es cierto. Pero ese es un tema secundario que se puede averiguar con tiempo, mientras que el frío y el hambre no esperan.
- El problema de la ocupación del terreno, ¿a qué jurisdicción corresponde? Mientras se tramitan expedientes judiciales, supuestas órdenes de desalojo que encrespan aún más los nervios y multiplican las expectativas, ¿no hay que actuar de urgencia para evitar el efecto contagio que ya se está produciendo?
- Estamos (todos) cometiendo el error de hablar de desalojo “pacífico”, como si alguien estuviera propiciando otra manera.
¿Nadie se detuvo a pensar que estamos viviendo un hecho inédito en nuestra provincia y que la situación es muy grave, sobre todo por su posible repetición, por su trasfondo social y por una utópica solución que se anuncia, se promete, se reitera, pero nunca se cumple o se cumple a medias y siempre bajo sospecha?
¿Quién no se estremece recordando las imágenes de la batalla campal del Parque Indoamericano, Capital Federal, donde policías y gendarmes -tanques de por medio- se enfrentaron con los okupas, aparentemente enarbolando un reclamo social? Todo concluyó en una contienda política a lo Pirro para todos. En nada... ¿No irá a ocurrir lo mismo aquí?
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Lo que está ocurriendo no es correcto. Algún engranaje está fallando.
Como dijo monseñor Castagna en 1999, “¡Paren, por Dios”.
Pobre Virgen de Itatí: en la canasta siempre repleta de ruegos que su pueblo le presenta, hoy se le agrega otro pedido: haz que este problema se solucione para bien de todos.
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