Los terrenos ocupados no sólo están en el Pirayuí, ya se extienden hasta los límites del Fray José de la Quintana y el Doctor Montaña. Son miles los improvisados campamentos formados. Cada cual con una historia diferente pero con una necesidad común: la vivienda.
Los vecinos de las 550 Viviendas del barrio Pirayuí anunciaron que esta mañana volverán a cortar el tránsito de la Ruta Nacional N° 12, para pedir el desalojo de los okupas.
La vista no alcanza para abarcar todo el espacio copado por la gente que se apropió de terrenos, en un fenómeno social llamado comúnmente como “okupas”. Decir que sólo afecta al barrio Pirayuí es quedarse en el tiempo. Con el correr de las horas, las personas fueron ingresando a nuevos dominios y ahora llegan hasta los límites del Doctor Montaña, Fray José de la Quintana, e incluso el Esperanza.
En estos últimos sectores se los puede ver más organizados. Frente a las viviendas Epam del Montaña, hay unas 200 familias con parcelas de 10 por 30. “Esto era del Ejército; no ocupaba nadie, por eso decidimos venir a buscar un terreno donde construir nuestra casa”, afirmó Rodrigo en un contacto que mantuvo con El Litoral.
Todos coinciden en que están dispuestos a pagar una cuota mensual con tal de que les otorguen esas tierras donde poder construir un hogar.
“La gente del Quintana a nosotros nos ayuda con prestarnos el baño, darnos agua caliente e incluso nos prestan platos y cubiertos”, contó Graciela Paniagua, quien reveló además que ella se convirtió en una especie de delegada de unas 32 familias que se apostaron en el lugar.
“Los vecinos de las viviendas están contentos con nosotros porque esto era monte y un foco constante de inseguridad”, describió su esposo Diego Hervier, quien no dudó en señalar que “con ella -por su mujer- estamos dispuestos a levantar nuestro hogar; somos una máquina de trabajar los dos juntos; sólo nos faltaba nuestro terreno porque no podemos vivir toda la vida de alquiler”, expresó.
En la zona del Montaña, hasta dejaron libre un sector particular donde hay una cancha de fútbol “porque queremos conservarlo como para un espacio público, ya que en las viviendas no tienen ni siquiera una plaza”, afirmó una de las vecinas.
Erika Paniagua es madre soltera. Tiene 3 hijos varones. “Vivía en el barrio Seminario, a una cuadra del río, pero ya éramos muchos en la casa de mamá. Uno de mis chicos es discapacitado, tiene retraso madurativo y necesito un lugar donde vivir con ellos”, explicó a este medio. Todas sus esperanzas están depositadas en que le puedan dar un terreno. Sólo son unos pocos ejemplos de los miles con que se pueden escuchar en esos terrenos que hace poco eran la nada. Tierras improductivas con suelo de tierra tosca, que se convirtieron en la mayor esperanza de un sector social que se siente excluido de un sistema, al que culpa por no tener acceso a la vivienda digna.
Están dispuestos a permanecer todo el tiempo que sea necesario hasta que reciban una respuesta a sus necesidades. El caso tomó tanto impulso que los medios nacionales comenzaron a ocuparse también de ellos, considerado como el mayor asentamiento a nivel país.
Por el lado de la Justicia, la titular del Correccional N° 1, Gabriela Aromí de Sommer, espera tener hoy en su poder el censo realizado por las asistentes sociales. Insiste en que buscará una desocupación pacífica, al tratar de convencer a la gente de que están en lugares privados.
Entretanto, el gran campamento okupa cobra mayor dimensión con el correr de las horas.
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