"Ojalá nos dejen de discriminar"

En su discurso de cierre de campaña, el jefe de gobierno y candidato a la reelección por el PRO, Mauricio Macri, intentó dar un mensaje "de construcción hacia el futuro" y pidió que se abanden de una vez las agresiones.

"Acá te quieren saludar, se llama Florencio", se exaltó una simpatizante en medio de la multitud mientras le alcanzaba a su rozagante bebé para que lo bese. Mauricio Macri lo saludó y aprovechó para lanzar una estocada política. "Ese chico tiene un problemita", ironizó divertido el jefe de gobierno en tiro por elevación a Florencio Randazzo, ministro del Interior kirchnerista, según publicó el diario La Nación.

Fue el final del breve acto público con el que el líder de Pro cerró su campaña para obtener la reelección en el ballottage pasado mañana. El acto de anoche, en el coqueto Buenos Aires Design, fue el punto final de una jornada ajetreada en la que Macri intentó dar un mensaje "de construcción hacia el futuro" y pidió el voto a los que aún dudan, pero en el que no pudo evitar un breve encontronazo con Daniel Filmus, rival kirchnerista al que confía en derrotar en la segunda vuelta.

Por la mañana, Macri encabezó un miniacto en el club Barracas. A la salida se dirigió a una radio para una entrevista y allí se cruzó con Filmus. "No da que te hagas la víctima", le dijo Macri a Filmus, según confirmó el propio jefe de gobierno a La Nacion. "Fue una campaña llena de agresiones, necesitamos bajar ese nivel de confrontación", agregó el jefe de gobierno. Desde el kirchnerismo respondieron con dureza horas más tarde (ver aparte).

Al mediodía, todavía molesto por lo que considera una campaña "de constantes ataques desde el Gobierno", llevó a cabo el segundo acto, este formato de charla, con vecinos en Boedo. "Hemos sido discriminados estos años. Ojalá en los próximos se reconozcan nuestros derechos y nos dejen de discriminar", fustigó.

Casi a las seis de la tarde, Macri llegó al Buenos Aires Design, en la Recoleta. Lo esperaban dos centenares de militantes, funcionarios y curiosos, sentados en sillones de diseño moderno y luces tenues. "Está bueno engancharse para construir una mejor política. Entendimos que no hay condenas sino problemas que podemos ir resolviendo", dijo Macri, micrófono en mano, luego del enésimo abrazo de quienes se le acercaban, en su mayoría mujeres. El discurso no duró más de seis minutos. Un rato después enfrentó a las cámaras y allí retomó el discurso conciliador. "No sabemos quién va a ser el próximo presidente, pero sea quien sea somos optimistas, encaramos las cosas con alegría, entusiasmo y vocación de trabajar juntos", afirmó cuando lo consultaron sobre los vínculos con el Gobierno en caso de ser reelecto. A su lado lo escuchaban su compañera de fórmula, María Eugenia Vidal, y el rabino Sergio Bergman.

¿El Gobierno dejó sólo a su candidato en Capital? "Recibió mucho apoyo del Gobierno, ¿no viste la cantidad de publicidad que hizo?", contestó ante una pregunta de La Nacion. Cuando lo consultaron por el apoyo de otros opositores, fue pragmático. "Que nos apoyen es bueno, sobre todo si tienen domicilio acá, como Elisa Carrió", sorprendió. Nadie quería hablar de encuestas, pero por lo bajo dirigentes de Pro sostenían que su jefe iba a obtener "unos 62 puntos" en los comicios.

Después de varios minutos, decidió que ya era tiempo. Bajo el ascensor con cara de alivio y partió hacia el enésimo estudio de televisión. Por la noche cenó con dirigentes y militantes a modo de cierre de una campaña extenuante en la que espera terminar festejando.

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