La resolución adoptada por el Poder Ejecutivo contra Carim Asus encierra numerosos símbolos. La desvinculación del cirujano fue posible por el estado precario de su situación laboral, ya que reemplazaba al médico titular del cargo en el Centro de Salud.
En la justificación técnica para la separación de Asus se mencionó la carrera sanitaria, cuya plena implementación es otra exigencia de quienes están en lucha. En cambio, desde el Gobierno se la invoca sólo cuando juega a favor y nunca en contra, como si las leyes pudiesen aplicarse con beneficio de inventario.
En este episodio se ejecutaron también otras dos técnicas de desgaste que implementan los funcionarios. La ausencia de interlocutores en Casa de Gobierno responde al ninguneo que se aplica desde comienzos de año, luego de que en 2009 debieron reconocerle entidad operativa al sector rebelde y firmaron un acta acuerdo con monseñor Luis Villalba de mediador y fedatario. Ahora, en cambio, le niegan entidad y no se sientan en la misma mesa, como el juego de la infancia de ignorar al otro hasta que estallaba en ira.
Una y otra vez
La restante táctica es la provocación sistemática, más en momentos en que el conflicto decae en intensidad. La lista de episodios es larga e incompleta: policías en los hospitales; agresiones de sindicalistas o de miembros de seguridad privada; sumarios internos; traslados...
El caso Asus es uno más, y difícilmente será el último. Cada vez que se produjo un hecho así, la fuerza de los autoconvocados se potenció y la unidad renació, por encima de las diferencias internas entre quienes impulsan la sindicalización ya y quienes piden que se la postergue, que pusieron al movimiento al borde del quiebre final.
Nada de lo intentado le dio resultado al oficialismo. Posiblemente sea tiempo de pensar alternativas en vez de repetir lo mismo, inútilmente, hasta el hartazgo.

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