Atrás quedaron negociaciones y componendas: se instaló la certeza de una elección con variada oferta en el distrito capitalino, para el 23 de octubre. La presunción es que se mantendrá una división en tercios, con favoritos para polarizar por el sillón del intendente.
La coalición municipal no pudo sobreponerse a la derrota del 12 de junio, y al debilitamiento que esa derrota implicó para el gobierno del principal municipio de la provincia. Desde el minuto siguiente al escrutinio de esos comicios, la posibilidad mayor fue, como apuntáramos en este diario, la de la diáspora. Pese a los esfuerzos de todos (porque todos, o casi todos, entienden que presentarse divididos es ganar la posibilidad de otra derrota), prevaleció la necesidad de sincerar la potencia efectiva de cada fuerza. Allá van, cada uno por su lado, el PJ, la UCR y UNE. El tridente que dio sustento principal a la ahora fenecida coalición.
Queda un escenario que, según las evaluaciones de los datos a mano sobre las intenciones de voto, podría mantener una división en tercios: uno para el MPN, otro para el Nuevo Compromiso Neuquino (NCN) –que es la novedad política de estos comicios- y el resto para subdividir entre el resto de las fuerzas.
Este escenario, al menos por ahora, mantiene la tendencia inicial: una polarización efectiva entre el MPN y NCN, entre José Brillo y Horacio Quiroga. Después, vendría el mejor posicionado de los ex socios, y así en degradé hasta llegar a las minorías.
La ex coalición pasará así, de disputar con posibilidades de éxito la continuidad en el Municipio, a librar una batalla de posicionamiento con vistas al futuro, y en lo inmediato, por las bancas del Concejo Deliberante.
Del trío que busca colarse en el podio de octubre, el más optimista es Darío Martínez. El joven concejal confía en sumar adhesiones ofreciéndose como la garantía K más legítima, la que le pertenece al Frente para la Victoria. Disputará ese nivel de confrontación con el propio MPN, que también parece hará lo mismo, focalizando su mensaje en la adhesión al presunto fenómeno que permitiría una reelección de Cristina Fernández sin sobresaltos, y aun con porcentajes extraordinarios.
UNE, con Mariano Mansilla, apuesta por primera vez a su propio crecimiento. Quedará expuesto a sus números reales, ayudado por sus aliados del riosequismo y del neo-MPN vecinal del PAN. Números que en realidad nadie todavía conoce en relación a comicios capitalinos para el máximo cargo. Confía en ganarle al alicaído radicalismo, a diferencia de lo que pasó en la interna aliancista del 2007.
La UCR y su candidato a la reelección, Martín Farizano, encierra en sí misma la realidad más dramática. Se ha debilitado de una manera sorprendente desde el 12 de junio a la fecha. El intendente no logró su objetivo de salvar la coalición. Y ese fue el objetivo que había justificado su presentación como candidato. Todas las apuestas fracasaron, y ahora solo puede aspirar este partido a mantener cierta dignidad en su desempeño. En la política la magia, se sabe, no existe: el pronóstico es sombrío.
Del resto, sobresale la opción de Libres del Sur, que ha probado mantener un caudal de votos estables en los últimos años. Puede aspirar a mantener una banca en el Deliberante.
Con todo lo que ha pasado, y más allá de quejas, reclamos, alegrías y tristezas de los dirigentes políticos, el escenario capitalino ha ganado en sinceridad. Están separados quienes estuvieron juntos solo por el objetivo de conseguir triunfos electorales. Ahora, como flamantes divorciados, tal vez sientan liberadas muchas fuerzas que estuvieron constreñidas dentro de los márgenes de esa necesidad acuciante e impiadosa.



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