Los ocupas de Guaymallén se niegan a retirarse

La comuna ofreció a las seis familias que vivían en un edificio abandonado pagarles un alquiler de $ 1.000, pero sólo una aceptó.
La mayoría de las familias que viven en condiciones muy precarias en un edificio abandonado, junto al Mendoza Plaza Shopping y el hotel Intercontinental, se negó a abandonar ayer el lugar, pese a las arduas negociaciones realizadas por funcionarios del área social de Guaymallén.

La situación es tensa porque en horas el sector adquirirá el rango de zona de máxima exclusión por la Cumbre del Mercosur, que tendrá a ese establecimiento hotelero como una de sus sedes.

Pero, con prescindencia de este hecho, existe una acción judicial por usurpación.

Ayer parecía que finalmente las familias que permanecían en el abandonado y ruinoso lugar, ubicado casi en el cruce de la lateral norte del Acceso Oeste y la calle Gagliardi, iban a desalojar espontáneamente el lugar. Durante muchas horas mantuvieron diálogos con el director de Desarrollo Social de la Municipalidad de Guaymallén, Pablo Gareca, asistido en las negociaciones por la jefa de Niñez y Adolescencia del municipio, María de los Ángeles Díaz de López. Inclusive firmaron un acta acuerdo que fijaba los compromisos que asumía el municipio.

Gareca y los demás municipales habían acordado una salida consensuada de las familias -9 mayores y 18 niños-, pero al promediar la tarde el grueso de los ocupantes, resolvió desligarse del acuerdo que había firmado y tomando la decisión de quedarse. Señalaron, ante consultas de este diario, que estaban disconformes con la oferta municipal.

Los negociadores de la comuna habían ofrecido el retiro de las personas y su traslado a viviendas alquiladas y cuya mensualidad iba a ser abonada por la comuna, a razón de $ 1.000 por grupo y durante 6 meses. El único compromiso que debían tomar los particulares era presentar a la repartición municipal un contrato de alquiler.

Como este trámite -hallar una casa para alojarse podría tener demoras- se estableció que los que no pudieran irse provisoriamente al domicilio de algún familiar, iban a recibir el pago de cinco días de alojamiento en un hotel próximo a la Terminal de Ómnibus. Además, camiones municipales fueron aprestados para llevar las pertenencias y enseres de los ocupas a un destino elegido por ellos.

Todo parecía ir en la dirección de la evacuación del edificio, que alguna vez se construyó para instalar una florería.

A las 17, aproximadamente, los referentes del contingente le dijeron al director Gareca que se quedaban. Cinco familias se encerraron otra vez en el ruinoso inmueble.

Solamente el grupo formado por Carlos Alberto Pincol y su pareja, Jésica Rojas, embarazada de seis meses, y tres niños de 1, 2 y 7 años, partieron hacia el residencial contratado por el municipio. Veintidós personas, en su mayoría menores, se quedaron en el galpón. En este lote está Joana Rojas, muy joven, quien está a punto de dar a luz, con fecha de parto prevista para hoy o mañana. Está en compañía de Daniel Ángel Cortez (21) y 3 niños.

Un problema que afrontan todas estas personas, y se supone que principalmente los varones en su calidad de jefes de hogar, es que está en curso una causa por usurpación que se tramita ante Unidad Fiscal N° 9 de Guaymallén, y que es diligenciada por el fiscal Julio Mila.

"Nosotros -comentó Pablo Gareca- ya hemos cumplido con nuestra parte, aportando la solución que estaba a nuestro alcance; ahora empezará a actuar la justicia".

Se especulaba que hoy, y por orden del fiscal de instrucción interviniente, es posible que se proceda a citar a los presuntos responsables de la usurpación. Pero, nadie sabe cómo terminará la ocupación.

La intención de Gareca era hacer cesar el delito que estaban cometiendo los ocupantes de la propiedad y proponerles la solución inmediata con el alquiler de casas y luego iniciar tratativas para incorporar a estas familias en los planes de emergencia habitacional que gestiona la administración de Alejandro Abraham.

Todas las tratativas de la larga jornada transcurrieron mientras fuerzas policiales provinciales y de la Federal, además de Gendarmería Nacional, comenzaban los operativos de reconocimiento de la zona con vistas a la reunión de mandatarios y cancilleres que comienza en la fecha.

Casi todos los varones del grupo que permanece en la construcción se ganan la vida cuidando y limpiando automóviles en el área del Shopping.

Otro apoyo que estaba dispuesta a brindar la comuna era llevar las pertenencias de los interesados a domicilios que ellos indicaran, pero todo eso se frustró antes de la puesta del sol.

Matías Pérez, uno de los más jóvenes del contingente expresó que su deseo es emplearse como electricista o como ayudante de refrigeración, ya que está haciendo cursos de esa especialidad en el marco de planes nacionales. "Con empleo, podremos enfrentar mejor esta delicado situación", comentó.

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