Unos 800 agentes tomaron el control de Mangueira para desalojar a las bandas de narcotraficantes
RIO DE JANEIRO.- Cientos de policías y militares fuertemente armados, apoyados por helicópteros, tomaron ayer el control de la favela de Mangueira, una de las más populosas de la ciudad, en un intento por desalojar de esa barriada a los narcotraficantes que la han dominado durante décadas.
Unos 800 agentes, entre ellos más de un centenar de fusileros navales y 160 policías del temido Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) de la Policía Militar, participaron de una operación anunciada con antelación y destinada a pacificar la favela de Mangueira, ubicada en la zona norte de Río, a poca distancia del célebre estadio de Maracaná, donde se celebrará la final del Mundial de fútbol de 2014. La favela es conocida por alojar a la escola de samba más popular del carnaval carioca.
Los primeros vehículos blindados de transporte de tropas se lanzaron al alba ayer por las calles escarpadas de la favela, mientras helicópteros de la fuerza aérea sobrevolaban el lugar para cubrir el ingreso de soldados y policías.
Una hora y media más tarde, y sin que se produjera un solo disparo, dos vehículos blindados de los fusileros navales habían alcanzado el punto más alto de la favela, ante la mirada atónita de los residentes del barrio.
Cuando concluyó la operación, una bandera brasileña y otra del estado de Río fueron colocadas por la policía sobre el techo de un depósito de agua, en la parte más alta de la favela. Estos emblemas son un símbolo que las autoridades utilizan en cada una de las favelas ocupadas para demostrar que el Estado retomó el control de esas zonas.
En la favela de Mangueira viven alrededor de 20.000 personas. Algunos de los vecinos apoyaron con carteles y aplausos la llegada de la policía. Otros, sin embargo, se mostraron escépticos ante la eficacia de la operación policial.
"Todo esto es por el Mundial. Pero después ¿quién nos garantiza que todo no volverá a ser como antes, que los policías no se irán?", se preguntó Vera, de 54 años, nacida y criada en la favela, según dijo orgullosamente.
Los residentes temen que la ocupación policial desate enfrentamientos con los narcotraficantes.
Las autoridades de Río, uno de los estados más violentos del país por el número de asesinatos, iniciaron en 2008 una carrera contra reloj para mejorar la seguridad en la ciudad antes de 2014. El objetivo se profundizó con la nominación de Río para albergar los Juegos Olímpicos de 2016. Hasta ahora, unas 20 favelas, algunas de ellas entre las más peligrosas de la ciudad, fueron pacificadas.
Estos operativos tuvieron su punto álgido en noviembre pasado, cuando, en una espectacular operación de la que participaron 2200 efectivos de seguridad, fue tomado el peligroso complejo Alemão -un conjunto de favelas del norte de Río-, luego de una ola de ataques de traficantes a puestos policiales y vehículos, con un saldo de 37 muertos.
En el caso de Mangueira, como en otros anteriores a la operación en el complejo Alemão, las autoridades anunciaron con anticipación su llegada al lugar para evitar enfrentamientos armados que habrían puesto a la población en riesgo.
Al mismo tiempo, esa estrategia alertó a los traficantes y les permitió huir de esa zona en donde muchos se habían refugiado tras el operativo del complejo Alemão.
En Río de Janeiro existen unas 600 favelas en las que residen más de un millón y medio de personas.
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