El evidente corrimiento hacia una posible desaparición de escena del otrora superministro Julio De Vido podría incidir en la suerte de las relaciones que mantiene con la Casa Rosada el gobierno de Jorge Sapag.
También fue el hombre que supo recibir y contener las demandas y necesidades del hombre fuerte del sindicalismo petrolero en esta región de la Patagonia, ahora integrante por unos meses del directorio de la nueva YPF, Guillermo Pereyra.
El triángulo formado por Sapag, Pereyra y De Vido fue el que encauzó las crisis petroleras recientes, que produjeron oleadas de suspensiones y cesantías, encontrando en los planes plus y otros medicamentos coyunturales, una salida para que el vapor de las protestas no terminara haciendo saltar la tapa de la cacerola.
Ahora, De Vido pierde poder en la estructura política que arma Cristina Fernández para enfrentar las nuevas contingencias. La Cámpora avanzó sobre YPF, y la Presidente le quitó la secretaría de Transporte.
Neuquén tiene representante propio en YPF, Gustavo Nagel, y conserva como otra pieza propia a Guillermo Pereyra. Pero la renovación del Gabinete K puede traer alguna consecuencia para los planes neuquinos.




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