Es que el temperamental, aunque después de marzo eligió mostrarse mucho más sosegado, fue respaldado por el sector del radicalismo encolumnado detrás del senador Oscar Castillo, los Celestes.
El gran perdedor en las sombras es Eduardo Brizuela del Moral, que hace todo el daño posible antes de irse, no solo a los catamarqueños, sino hasta quienes dice apoyar, Gigantino por ejemplo. No hay forma de calibrar el efecto de las ultimas medidas que decretó, por suerte para él, porque si lo hubiera los números de rechazo coincidirían con la derrota que en términos generales sufría el oficialismo brizuelista, de dentro y fuera del partido.


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