Las obras en la Capilla avanzan a paso sostenido.

Este jueves a las 20:30 se celebrará en la Capilla "San Juan Bautista", en el marco de la Fiesta del Santo Patrono del barrio y de la Capilla, la Novena, Procesión y Santa Misa. En la ocasión actuará el grupo coral Matices (Colegio San José), al tiempo que también habrá un agasajo a los presentes.
Cabe recordar que el programa de actividades comenzó con la Novena de Preparación, que se desarrolló de acuerdo con el siguiente cronograma: miércoles 16, inicio Novena en Crespo 838 (Familia Barberis); jueves 17, Novena en Florencio Sánchez 851 (Flia. Mansilla); viernes 18, Novena en L. Cacheros 993 (Flia. Chávez); sábado 19, Novena en F.

Sánchez 444 (Flia. Bolatti); del domingo 20 al miércoles 23, Novena Capilla San Juan Bautista, Santa Misa.

En el marco de la Fiesta del Santo Patrono, el próximo sábado se realizará una cena y baile, con el objetivo de recaudar fondos para continuar con la construcción del Templo. La cita será a las 21 en el Salón Mayor Santa Rosa de Lima, y se contará con la actuación del Grupo Manantial. Aquellos interesados pueden solicitar tarjeta a los miembros de la Pastoral, a los teléfonos 505803 (Flia. Giorgetti), 570865 (Flia. Imoberdorf), y 425407 (Flia. Giampieri).

LA NOVENA DE SAN JUAN BAUTISTA

Hijo de Zacarías e Isabel, (prima de la Santísima Virgen). Nacido, según algunos, en Judea, según otros, en Hebrón.

Fue Juan el Precursor de Cristo, el que vino para preparar y alumbrar los caminos del Señor; por esto la Iglesia celebra el 24 de junio su nacimiento, como celebra el de Jesús, distinguiéndolo en esto de los demás Santos.

Y con este fin, en el día de su festividad, ha puesto en la Misa esta preciosa perícopa evangélica, que magníficamente nos muestra su predestinación divina «A Isabel, se le cumplió el tiempo de su parto y dio a luz un hijo.

»Y se enteraron sus amigos y parientes de que el Señor había usado con ella de gran misericordia, y le daban el parabién.

»Y aconteció que al octavo día vinieron a circuncidar al niño, y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; intervino su madre, diciendo: No, sino que se llamará Juan.

Dijéronle: Nadie hay de tu familia que se llame con ese nombre. Hacían señas a su padre sobre cómo quería que se llamase. El, pidiendo una tablilla, escribió en estos términos: Juan es su nombre. Y se maravillaron todos. Abrióse su boca de improviso, y su lengua quedó expedita, y hablaba bendiciendo a Dios. Y se espantaron todos los que vivían en su vecindad, y en toda la montaña de Judea se divulgaban todas estas cosas, y todos los que las oían las guardaron en su corazón, diciendo:

¿Qué será, pues, este niño?. Porque, a la verdad, la mano del Señor visitó y rescató a su pueblo..?.

»Y Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque visitó y rescató a su pueblo..."».

¡Precursor de Jesús! Precursor es el que precede, el que va delante de otro para anunciar su inmediata aparición. Los profetas entretuvieron a la huérfana humanidad, delineando a grandes rasgos la hermosa figura del Redentor; crecía cada día el ansia por la llegada del Mesías y avivábase la confianza.

Juan el Bautista anuncia a Cristo no sólo con palabras, como los otros profetas, sino especialmente con una vida análoga a la del Salvador.

Nace seis meses antes que Él; su nacimiento es vaticinado y notificado por el ángel Gabriel, como el suyo, y causa en las montañas de Judea una conmoción y regocijo semejantes a los que debían tener lugar poco después en las cercanías de Belén.

El nacimiento de San Juan Bautista es un prodigio, porque no fue obstáculo para él la ancianidad y esterilidad de Isabel, como no lo fue a María su purísima virginidad. En vida oculta y escondida consume los treinta primeros años de su existencia; nadie sabe de él, ni de él nos hablan los evangelistas, como tampoco nos hablan de Jesús en aquel mismo período, en que quedan ambos como eclipsados.

A los treinta años salen ambos: uno de su retiro de Nazaret, otro de sus soledades del Jordán; pero Juan, conforme a su oficio de Precursor, sale antes que Jesús.

Truena su voz en las márgenes de aquel río, síguenle las turbas, incrépanle los fariseos... El habla con libertad a los pobres y a los poderosos. Hay quien lo cree el Mesías. Hay quien escucha su voz como la Buena Nueva prometida, cuando en realidad no es más que su prólogo.

Bien claro Juan lo afirma: «Está para venir otro más poderoso que yo, al cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado».

Pronto se extiende el renombre de su virtud, y aumenta la veneración del pueblo hacia él; los judíos acuden para ser bautizados, enfervorizados por sus palabras. Mientras predica y bautiza anuncia un bautismo perfecto: «Yo bautizo en el agua y por la penitencia, y el que vendrá, en el Espíritu Santo y el fuego».

Y cuando Jesús se acerca al Jordán para ser por él bautizado, Juan no se atreve a hacerlo. «¿Tú vienes a mí, cuando yo debería ser bautizado por Ti?» Mas Jesús insiste, y le bautiza entonces.

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