Fue la desafortunada frase que utilizó el arquitecto Nicolás Kriscautzky, a cargo de Desarrollo Urbano de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca, durante la emisión del programa matutino “En la mira” que conduce José Alsina Alcobert, ...
En el marco de la investigación llevada adelante por LA ISLA FM y ElDiariodeCatamarca.com, el programa radial matutino “En la mira”, conducido por el periodista José Alsina Alcobért, entrevistó este lunes al arquitecto Nicolás Kriscautzky, a cargo del área Desarrollo Urbano de la municipalidad capitalina, quien ofreció endebles argumentos para justificar la demolición de edificios que presentaban una antigüedad de más de 50 años, aunque cuyas “fachadas no presagiaban la hermosura de la época colonial”, según lo expresado por el encargado de Desarrollo Urbano, y que ya no existen. Se trata de viejas casonas ubicadas en calle Rivadavia al 700 y 800, que fueron arrasadas tan rápidamente durante fines de semanas largos en los últimos 30 días y sobre cuyos espacios ya se están erigiendo nuevas obras.
Cabe destacar que en este marco existe legislación municipal vigente, tales como las ordenanzas municipales de protección del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico, como la ordenanza 21453/86, que establece la delimitación del área céntrica, donde se preservará el patrimonio natural y cultural.
La ordenanza 2588/93, que establece la preservación de patrimonio turístico, cultural, histórico y arquitectónico de la ciudad Capital, o la 4707 promulgada en 2009, que en su artículo primero declara “sujetos a preservación por razones históricas, arquitectónicas y urbanísticas a todos aquellos inmuebles situados en el ámbito de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, cuya antigüedad al momento de promulgar la presente ordenanza sea igual o superior a 50 años”, según reza la norma, aunque para el funcionario, al parecer, las mencionadas normas “no son un impedimento absoluto de modificación de nada”, según lo expresara en el aire de “En la mira” Kriscautzky, para explicar que “no absolutamente todo bien de más de 50 años es algo que se pueda aportar al patrimonio de la ciudad. No una vivienda que por más que tenga 50 años aporta algo o es patrimonio de la ciudad”, dijo Kriscautzky, para agregar que “cuando en una cuadra ya ha desaparecido todo el valor patrimonial y queda una sola expresión y es de poca fuerza, no son sujetos de preservación. El caso específico de la farmacia, que tiene el permiso correspondiente de demolición, porque se supone que no aportaba un valor, mientras que el otro local ubicado unos metros más adelante no obtuvo el permiso de demolición por lo que se labró un acta y se pagó la multa correspondiente”, aseguró el funcionario.
Por las aseveraciones de Kriscautzky, Alsina Alcobert pudo arribar a la conclusión de que la casualidad obró en favor de la familia propietaria de dichos locales, los Jalil, ya que sus fachadas no aportaban a la historia arquitectónica a la ciudad.
“Mala fe”
Sobre las raudas y veloces demoliciones que suceden en el casco céntrico, Kriscautzky comentó que sobre la preservación de las fachadas antiguas “el dueño del inmueble puede tener la buena predisposición o no”, dijo, tras aclarar que “hay muchos casos que estamos haciendo el trámite para tratar de impedir la demolición o tratar de llegar a un acuerdo para impedir la demolición de la fachada, y del viernes para lunes la casa quedó demolida”, argumentó el funcionario, para puntualizar que “esto también sería el obrar de mala fe de los ciudadanos”, expresó en definitiva para referirse indirectamente a los propietarios de las mencionadas obras en construcción.
Sobre la fachada de la ex farmacia, el funcionario ensayó la siguiente respuesta: “para mí no estaba completa, porque lo único que quedaba era el muro de fachada. En el interior de la vivienda no quedaba absolutamente nada, solamente había un tinglado. La preservación del patrimonio a veces tiene que ir más allá. A veces cobra más importancia la tipología de la vivienda que la fachada simplemente. Y hay que ir más allá con la visión cuando no queda nada. Era un gran vano abierto, una gran vidriera que había perdido sus proporciones, molduras. Estaba sostenida por una subestructura. No era una fachada en perfecto estado”, sostuvo Kriscautzky.
Asimismo, contradice las palabras del funcionario el ejemplo de un moderno edificio erigido sobre calle Sarmiento entre calles Chacabuco y Mota Botello, y que en su frente se conserva la antigua fachada de lo que fue la vieja Unión Obrera, cuyo edificio de 9 pisos se construyó respetando la ordenanza sin modificar la fachada. También lo es el ejemplo de una casa que se impidió la continuación de su demolición, ubicada en calle Salta, entre Chacabuco y San Martín, que fuera la casa del Gobernador Correa, y de lo que solo quedan vestigios de lo que podría haber sido.
Un argumento más que esgrimió el funcionario de Desarrollo Urbano en defensa de la devastación a la que están siendo sujetas viejas casonas del micro centro catamarqueño y que son propiedad de la familia del intendente municipal, fue apelar a la existencia de “dos decretos que nominan a las viviendas que se van a tomar como sujetos de preservación, y estas viviendas no estaban nominadas dentro de ese listado. Lo que sí es cierto que tenían cierta antigüedad, que luego de análisis se les termina otorgando el permiso de demolición, como se han otorgado otros durante la presente gestión”, dijo para mostrar la existencia de la desigualdad con que se da tratamiento a varios vecinos de la ciudad que no pudieron modificar los frentes de sus viviendas.
Asimismo, cabe resaltar que sobre calle República se procederá a retirar toda la cartelería publicitaria de la vía pública y fachadas de los comercios, ya que se implementará la Ordenanza 4721/09 en pos del “Plan de descontaminación visual y para preservar las antiguas fachadas” a contrapelo de lo que sucede en la peatonal, donde como se detalla antes, la municipalidad o el mismo intendente dio el guiño para demoler la historia de la capital que gobierna.
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