A pesar de que en la provincia de Buenos Aires son cada vez más los sectores destinados a nuclear a las industrias y empresas, aún no es suficiente. Muchos barrios del conurbano todavía conviven con fábricas o químicas que alteran la vida de los vecinos. Este es el caso de un barrio en Luis Guillón, donde vecinos denuncian a una empresa química de contaminar el aire con naftalina y amoníaco.
Así se refleja en una nueva demanda social de un grupo de vecinos de Luis Guillón, que denuncian que una empresa contamina el aire con residuos de naftalina y amoníaco, y que esto les provocó enfermedades respiratorias.
En tanto desde la planta, según publica la Agencia de Noticias AUNO, niegan la existencia de tal contaminación y expresaron el interés por llegar a un acuerdo con los vecinos para adquirir un crédito bancario que les permita trasladarse a un polo industrial.
Aunque en el barrio las versiones sobre esta contaminación ambiental se remontan a una década atrás y aseguran que han sufrido síntomas de intoxicación, picazón en las fosas nasales y los ojos, además de malestares en los pulmones y las cuerdas vocales que "mejoraban" cuando esos olores cesaban.
"Los chicos sangraban por la nariz y se presentaron casos de asma de piel, como si fuese un sarpullido, un enrojecimiento muy grande que genera picazón. En la salita regalan bronco dilatadores como si fuesen caramelos. Mi hija tuvo una crisis asmática", contó Claudia Cacace una de las voceras del grupo de vecinos a AUNO.
La vecina también había apuntado al testimonio de un ex trabajador de la empresa Química Monte Grande S.A., quien le habría asegurado que la polución radicaba en que las combinaciones de gases resultantes del trabajo con naftalina u amoníaco son "tóxicas" emanadas desde allí, y que ocurrían porque no eran neutralizados por "chorros de agua" antes de salir al exterior porque el purificador "estaba roto".
Por otro lado, el gerente Comercial de esa firma, Alberto Selvaggi, pidió a AUNO que Garribba no dijera "estupideces", que "no hay ningún purificador averiado" y que "parece que quedó resentido" porque lo despidieron. Asimismo, destacó que ellos trabajan "legalmente bajo todas las normas de seguridad" junto a ingenieros y abogados "especializados que les salen caros".
El apoderado de la empresa aseguró que no buscaban "molestar a nadie", que son "laburantes" y que está dispuesto a "negociar con los vecinos" ya que lo "mejor sería trabajar juntos" con el fin de que un banco les concediera un "crédito para poder mudarse" a un polo industrial, que es lo que "realmente quieren".
No obstante, Cecace cuenta que padeció dolores de garganta que le dificultaban la ingesta de alimentos y disfonía, hasta que consultó un otorrinolaringólogo que la mandó a realizarse estudios en las cuerdas vocales y le diagnosticó "alergia y falso cierre de glotis (las cuerdas vocales quedan un poco abiertas y por eso la disfonía), ya que ante el aire contaminado la glotis intentaría cerrarse".
Otra de las voceras Graciela Liguori dice tener el filtro de las fosas nasales "quemadas" por haber pasado diez años "aspirando naftalina" y aseguró que llegó "perder la voz" y que fue atendida por una fonoaudióloga con la que empezó un tratamiento en el que por un tiempo "estaba bien", pero empeoraba cuando había "olores fuertes".
Por su parte, Selvaggi advirtió que los trabajadores no van a "descontinuar la empresa" o dejar a "50 familias sin trabajo" por culpa de unos vecinos que "no pueden quejarse de los olores" porque "compraron una casa enfrente a una química".
Además, destacó que Química Monte Grande S.A. es una empresa "totalmente argentina" a la que "no le sobra el dinero", distinto de la antigua dirección de la misma planta bajo el nombre de Ashton chemical S.A. que era mitad Estadounidense.
Selvaggi afirmó que recibirá a todos los vecinos que "no vengan a pelear" a que vean las instalaciones de la química, sin embargo, ni Claudia Cacace ni Graciela Liguori desean acercarse al predio.
Asimismo, en mayo del año pasado, luego de un fax que Claudia Cacace le envió al gobernador Daniel Scioli, el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) mandó a un inspector que firmó un acta de infracción que admite grado de contaminación tres y olor a naftalina. La clausura recién llegó en noviembre y sólo para la máquina averiada, por lo que la química continuó produciendo. "Somos Quijote contra los molinos de viento porque la corrupción está por encima de todo, todo se resuelve con un billete y a nosotros se nos cortan los caminos y se nos acortan los tiempos porque vivimos enfermos y nos vamos desgastando, física y psicológicamente. No puede ser que tengamos que pedir permiso para poder respirar", manifestó Cacace.
Por el momento, los habitantes aledaños anticiparon que seguirán enviando cartas al gobierno provincial y están juntando firmas para que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pueda atenderlos. (Por Agencia Universitaria de Noticias-AUNO)


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