La obesidad infantil, en aumento

En la provincia de Neuquén alcanza el 10%, similar a la media nacional. En el año 2011, en algunas escuelas de la ciudad, se registró un 44% de alumnos con esta problemática y, además, con sobrepeso.
Los malos hábitos alimenticios sumado a una vida sedentaria traen como consecuencia niños con sobrepeso y obesidad.

Si bien aún no se unificaron los registros en Neuquén, desde la Subsecretaría de Salud aseguraron que “en la provincia ya no es un problema la desnutrición sino el sobrepeso y la obesidad. Mantiene la media nacional. El 2 por ciento de desnutrición y entre el 8 y 10 de sobrepeso y obesidad”. Así lo indicó la directora general de Atención Primaria de la Salud, Viviana Herrera.

Para la doctora Marcela Pose, a cargo del área Maternidad, Infancia y Adolescencia, de la Subsecretaría de Salud, la epidemia de obesidad universal comienza en etapas tempranas, se arrastra a la adolescencia y posteriormente a la adultez.

“Tiene un serio impacto en la salud infantil y futura. Junto con la baja talla constituye el problema nutricional antropométrico más prevalente en la población de 0 a 6 años de nuestro país. En nuestra provincia la prevalencia es alrededor del 10 por ciento, similar a la media nacional”, estimó Pose.

El equipo del Área de Programa del hospital Bouquet Roldán realizó un estudio durante estos tres últimos años en tres escuelas de la zona y se encontró con que no se modifica la tendencia de aumento de sobrepeso y obesidad.

“En controles realizados entre 2009 y 2011 empezó a surgir el sobrepeso y la obesidad. De los datos que obtuvimos observamos que de un tercio a un cuarto de alumnos de cada grado tenía sobrepeso-obesidad. Y veíamos que de Primer grado comparado con Cuarto y Séptimo iba en aumento aunque no en forma exagerada. En Primer grado había un tercio y en Séptimo la mitad del curso, el 50 por ciento”, sostuvo el pediatra del Área Programa del hospital Bouquet Roldán, Guillermo Karlen, uno de los integrantes del equipo que trabaja desde hace diez años con los colegios de su jurisdicción.

Las cifras surgen del universo evaluado en las escuelas 309, 16 y 132 donde se controlaron niños de 1º grado, 4º grado y 7º grado -siendo dos cursos por grado- con un promedio de 120 chicos por institución. Es decir, 360 niños por escuela entre 2009 y 2011, un universo estimado en esos 3 años de 1.000 niños.

“En 2009, específicamente en la Escuela 309, se observó que en el Primer grado el 31 por ciento tenía obesidad y un 67 por ciento tenía un peso eutrófico (adecuado), pero en Séptimo grado el 51 por ciento alcanzaba la obesidad y descendiendo el peso adecuado al 46 por ciento”, ejemplificó Karlen.

Otro dato que se desprendió de estos controles de peso, talla, índice de masa corporal es que en estos niños escolarizados la desnutrición estaba en un 2 por ciento.

“Se evaluó en la misma escuela porque es donde se fue dando una mayor predisposición y comunicación entre el Área Programa y la comunidad. En 2010 registramos que en Primer grado el 62 por ciento tenía un peso adecuado y un 24 por ciento de sobrepeso-obesidad, pero extrapolado a Séptimo grado sube un 31 por ciento, que si bien no es una cifra significativa, sigue aumentando”, afirmó el especialista.

Para 2011, en 1º grado se encontraron con un 25 por ciento de obesidad, mientras que en 7º se incrementó a un 44 por ciento entre los índices de sobrepeso y obesidad. Del 75 por ciento de peso adecuado descendió al 56 por ciento.

“No se modifica la tendencia en ascenso, por eso la importancia. En los términos prácticos, sobrepeso y obesidad lo ponemos en el mismo pool de pacientes porque sabemos que las complicaciones para adelante son las mismas. El niño tiene el riesgo hacia delante, porque no sabemos cuál será su trabajo a futuro y si contribuirá a una vida sedentaria”, evaluó el pediatra del Bouquet Roldán.

“Los pediatras tenemos la ventaja de tomarlos pequeños y hacer participar a la escuela, a través de las maestras, y a las familias, para poder modificarlo. Una vez que el niño aprende qué comer y cuándo hacerlo, es raro que se lo olvide”, agregó el especialista.

A los controles odontológicos, traumatológicos, de peso, talla, edad y agudeza visual, que se efectúan en el Bouquet Roldán se le suman los del hospital Heller y varios centros de salud de la ciudad, aunque -como en este nosocomio- no siempre cuentan con los datos informatizados.

Perfil

“Hoy el perfil alimentario cambió de ser la preocupación de los desnutridos (aquellos de bajo peso) a la obesidad, sobre todo de la población infantil. Hoy en Neuquén se están viendo problemas que llevan este sobrepeso y que van a caer en obesidad infantil”, sostuvo Gabriela Gutauskas, nutricionista de la Dirección General Atención Primaria de la Salud.

La nutricionista destacó que este grupo es más proclive a padecer en los años siguientes de diabetes, problemas cardíacos, e hipertensión arterial.

En este sentido, Pose coincidió en que “hasta el 30 por ciento de los niños con obesidad presentan valores patológicos y el peso corporal es un fuerte preeditor de hipertensión en adultos, mientras que la obesidad es la condición más frecuente (hasta el 50 por ciento) en adolescentes hipertensos”.

Aclaró que los factores de riesgo no sólo se circunscriben a lo físico, como dolores de rodilla o molestias para movilizase sino también de orden psicológico que pueden ocasionar en su grupo de pares dentro del aula.

“La idea es trabajar en educación alimentaria con toda la familia. No sirve de nada ponerlo al chico a dieta y que el resto de su familia siga manteniendo los mismos hábitos alimentarios. Por eso es tan difícil desarraigar esos malos hábitos en pos de más saludables”, indicó Gutauskas.

Dijo que al niño con sobrepeso no se lo pone a dieta sino que se le recomienda a toda la familia a llevar adelante una alimentación sana. Sostuvo que la clave está en la elección de los alimentos -calidad y precio- y en la organización de la alimentación cotidiana.

Revertir

“Lo que se detecta tanto en los consultorios que no sólo los chicos sino los adultos consumen mucho menos frutas y verduras que antes. Lo primero que tiene que suceder es que las familias estén convencidas de que es lo más sano para todos, no solamente para el chico sino no sirve de nada. Es terrible cuando las madres concurren con su hijo a la consulta y dicen que lo lleva porque él tiene que hacer dieta”, ejemplificó la profesional.

Advirtió que generalmente no hace falta elaborar un plan alimentario, con determinada cantidad de calorías, con hacer una buena anamnesis alimentaria (antecedentes culturales, hábitos, patrones alimentarios) y prescindir de comidas evitables sumado a actividad física programada, se revertiría.

“Lo importante es que nosotros no estamos esperando los resultados para iniciar las acciones. El Ministerio de Salud está realizando acciones individuales (consulta) y grupales (talleres de crianza), además de las capacitaciones con equipos de Desarrollo Social y Educación en Guías Alimentarias Argentina para que todos tengamos un mensaje común e involucre a otros estamentos del Estado en relación a la alimentación”, especificó la directora de Atención Primaria de la Salud.

Atendiendo a uno de los pilares para revertir la obesidad, puntualizó que se promueve la actividad física a través del programa “Neuquén Saludable” como así también convenios con veinte municipios para que profesores de educación física realicen actividades en los centros de salud.

“Si los padres consumen frutas y verduras ese chico va a incorporar precozmente ese hábito. Desde ahí se empieza a cambiar la concepción. Si estamos criando obesos, vamos a tener obesos, con más riesgo vascular y más diabetes. Es un círculo, trabajamos sobre los adultos para que impacte sobre los chicos y, a su vez, trabajamos sobre los chicos para que impacten sobre sus padres”, sentenció Pose.

Herrera recordó que Patricia Aguirre, antropóloga especialista en alimentación, dice que está estudiado que existen tres generaciones para cambiar un hábito alimentario. "No es de padres a hijos que se verá el cambio sino que se requieren años y los frutos los vamos a ver en la tercera generación, pero no por eso hay que dejar de hacerlo”, señaló Herrera.

Recomendaciones

• Recuperar el hábito de comer en familia.

• Recuperar el hábito del juego y de las actividades físicas.

• Comer sano. Se recomienda frutas y verduras.

• Observar la variedad y la proporción de los alimentos.

• Reforzar el hábito del desayuno.

• Preferir el agua sobre bebidas azucaradas y gaseosas.

• Respetar la saciedad manifiesta del niño.

• Limitar el tiempo del niño frente al televisor y la computadora.

• Establecer momentos de rutina de la alimentación, del juego y de la higiene.

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