El regreso. Un viaje a la noche del partido en que volvió y el día después de Fabricio Oberto en Atenas. Hablan Milanesio, Pichi, Magnano, Lotterio y su padre.
Pasadas las 21.30 saltó al parquet. Fue el primero en salir y se llevó la mano al corazón, al maldito corazón que en 2010 lo obligó a retirarse de la actividad por una arritmia cardíaca. Pero el pibe nació en Las Varillas, quien se sacó una foto con Marcelo Milanesio en 1982, cuando la democracia bostezaba, no se dio por vencido.
“Fabricio le dio mucho al básquet argentino. Lo conozco desde chico, sé que se pondrá bien con los partidos y entiende lo que hay que hacer. Es un placer verlo”, dice Marcelo Milanesio. Juntos ganaron varios títulos. Nadie olvida el de 1998, ante Boca, cuando el Griego reinó en el Luna Park donde antes lo hizo Monzón. Esa noche anotó 37 puntos, para un cuadrito.
El Bebé está conmovido. Mira a su alrededor y pareciera estar en otra dimensión. Levanta la mirada y encuentra al DT Rubén Magnano, hoy en la selección de Brasil. Con él, entre tantas cosas, obtuvieron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. No, no es joda, es la paradoja de la vida.
“Lo acompaño desde el silencio. Uno siembra y cosecha en el camino. En la vida de Fabri soy una pequeña parte. Gran porcentaje lo tiene él porque quiso transformarse en un jugador de básquetbol: luchó por eso, contra eso y lo logró”, cuenta Rubén, desde el palco y sus ojos son toda nostalgia.
El tiempo vuela como el reloj de 24 de posesión. Fabri gira sobre sí mismo, ve rostros lejanos, a él mismo. Encuentra al flaquito de Huracán de Las Varillas o el soñador de Ameghino de Villa María.
El calor todo lo incendia. Oberto arranca en el quinteto titular y, pasadas las 22, gana el salto. En el aire besa su debut: 24 de septiembre de 1993, ante Ferro, por la tercera fecha. Aquella vez fue derrota cordobesa 93-60. Tenía 18 años y no anotó puntos. Ya habría tiempo para embocarla.
El Pichi Campana espía en un rincón del Poli. Jugó con él, le marcó el camino. “Su presencia genera expectativa. Significa mucho para el básquet y para Atenas. Se pondrá en forma con los partidos, no es lo mismo entrenar que jugar”, analiza el ayuda-base múltiple campeón del Verde.
El ex San Antonio Spurs está diez puntos físicamente. Pero le falta rodaje. Fricción.
Él lo expresaría al terminar el partido. “Jugé más de lo que pensaba. Me falta rodaje, los chicos vienen con ritmo. Tienen otra dinámica, otro roce”, responde sin forzar la autocrítica. Su humildad lo engrandece aún más.
Tiene categoría. Oberto juega sin jugar. Es como el aire, no se ve, pero se sabe que existe y es fundamental. Su planilla final indicará 2 puntos con 0/5 en dobles y 2/2 en libres. Jugó 19,11 minutos, dos asistencias y dos rebotes. No fue mucho aunque demostró oficio para darle protagonismo al resto.
La noche de su regreso se repite en su cabeza, en los canales de televisión, en las fotos inmóviles de los diarios. Oberto se habrá despertado a media mañana de ayer. Cerca de las 13, en la red social Twitter, escribió: “Gracias a todos una noche increíble! a seguir trabajando ahora GRACIAS a todos!”
“Si me dicen que vamos a ganar todos los partidos hasta el final y no hago puntos, lo firmo ya. Hay que tratar de llevar a Atenas lo más alto posible, pero debemos trabajar”, dijo en declaraciones para todos los medios.
Y llegaron. Todos estaban con sus máquinas de fotos/celulares/para retratar los primeros puntos de varillense. A las 23.51 el destino lo mandó a la línea de simples y convirtió los dos. Hubo explosión, júbilo, aplauso.
Lo advierte Luis Villar, otro de la familia verde. “Hay que disfrutarlo a Fabricio. Era una injusticia muy grande que se fuera del básquet sin saber muy bien porqué. Habrá tenido sus razones y son respetables, pero grande como es, merece irse de otra forma”, reflexiona entre el griterío.
Mientras, Oberto se faja duro en la pintura. Ordena, corta, mira a Bruno Lábaque, lo entiende con la mirada. “Con él (por Bruno) tengo ciertos códigos en cancha. Pero vamos trabajando con mis compañeros, aprendiendo. Tengo de todo para mejorar”, le dice a Día a Día.
La tarde de ayer –con lluvia y piedra– se habrá ido con el viento denso. Rodeado de su familia, entre los afectos, para que el corazón baile su mejor canción.
Él en cancha, afuera Milanesio, Campana, Magnano...
Jugar adelante de ellos es como si tuvieras a todos los Decanos de una universidad y te toman algo.
Atenas vuelve a ganar tras tres derrotas en fila y Oberto a jugar oficialmente. La última en agosto de 2011 en el Preolímpico en Mar del Plata, con Argentina.
Felipe Lábaque, quien lo convenció de decir “sí” cuando era “no”, está feliz. “Potencia todo. A sus compañeros, a la gente, al equipo. Y los rivales lo respetan mucho. Hasta último momento era no de su parte, pero lo “agredí” diciéndole que cambiara el chip que tenía torcido”, relata.
La chicharra tajea los oídos. Como si un tren rompiera los espejos. Saluda a su esposa, feliz.
Fabricio busca a su padre en la platea. Algo se dicen. Como hace 15 años. “En esa mirada le dije que estaba todo bien, muy contentos los dos, emocionados”, dirá Raúl, el papá. Y algo se dicen en silencio.
Ayer Oberto escuchó la canción Yellow Ledbetter de Pearl Jam, tema que sonó previo al partido.
Antes de que el micrófono se quedara sin pilas. Antes de que él cortara el aire con el filo de sus ojos y demostrara su buena madera. Un mortal directo de Fábrica que no pierde su esencia.
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Todo se mueve cuando él está en escena
Estaban todos asombrados. El Polideportivo Carlos Cerutti volvió a tener una presencia de público como en las viejas épocas. Y así lo hizo saber Felo Lábaque, uno de los más importantes dirigentes del club.
“Hacía mucho que no veía el estadio así. Me hace acordar a otros tiempos, ojalá sea así. Pero son otros tiempos, otra estructura y otros recursos. Hay que trabajar y adaptarse”, le contó a Día a Día. Pero con Fabricio en escena todo cambió. Si hasta se vendían remeras con el número 7 en la espalda.
Ni hablar del público. Unas 4.000 mil personas dijeron presente en la noche que Oberto llegó a los 2516 puntos en la liga nacional de básquet.
En la dirigencia cruzan los dedos para que los vientos soplen todavía mejor. Y Atenas tenga una sonrisa.
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El equipo
Atenas volverá a jugar mañana ante 9 de Julio de Río Tercero en el Polideportivo Carlos Cerutti, a las 21.30, por la 22ª fecha de la Liga Nacional. Los dirigidos por Alejandro Lotterio van por la segunda victoria al hilo después de vencer 82-59 a Argentino de Junín, en el regreso de Fabricio Oberto al básquetbol argentino.
Aclaración. Desde Atenas, y a través de un comunicado de prensa, aclararon que el club solicitó el Centro Cívico a las autoridades por la importancia del deportista, pero que “para hacer frente a la contratación del deportista, se realiza con sponsoreo de empresas privadas”.
Entradas. Hoy, en la sede (Aguado 775) de 9 a 13 y mañana desde las 19.30, en el Cerutti. Plateas a 80 pesos, populares a 30.

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