Los gobernadores de provincias petroleras, Mendoza incluida, enfrentan una curiosa disyuntiva. En esta época de “vacas flacas” en materia de remesas de fondos del Tesoro Nacional, necesitan más que nunca un flujo sostenido de las regalías que reciben de los pozos instalados en sus territorios.
Y los que peores cuadros financieros enfrentan son los más preocupados y, a la vez, los más comprometidos como le pasa al mandatario de Santa Cruz que más de una vez recurrió a adelantos de regalías para pagar sueldos de los estatales.
En el fondo, ninguno quiere dinamitar todos los puentes ni llevar la relación con las empresas a un punto sin retorno. Por eso, el gobernador neuquino optó por una vía salomónica: le hizo sentir el rigor no sólo la díscola YPF, sino también a la “amiga” Petrobrás para generar la reacción del estado brasileño, ya molesto con Cristina por las trabas a las importaciones. De esta manera, abriendo un frente impensado, espera convencer a la cúpula kirchnerista de que no es buena estrategia abrir tantos frentes de batalla al mismo tiempo.
Mientras tanto, impera la “obediencia debida” entre los mandamás provinciales que deben acatar aunque vayan en contra de los intereses de sus mandantes y enfrenten la ira de los legisladores de la oposición a sus gobiernos que, tras bambalinas, se restregan las manos celebrando la oportunidad que les sirven en bandeja.
Por primera vez en mucho tiempo, al menos desde 2009 a la fecha, se les abre la chance de mostrarse como oposición al kirchnerismo con un argumento sólido y fácil de entender: la caja provincial.
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