Obama vuelve a desafiar a la historia de EE.UU.

Obama vuelve a desafiar a la historia de EE.UU.
Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún presidente norteamericano logró la reelección con un desempleo mayor al 7,5%. Los errores de Mitt Romney y la incipiente recuperación.
Por Facundo F. Barrio.

Al igual que en 2008, cuando se convirtió en el primer presidente negro de los Estados Unidos, Barack Obama tendrá que desafiar una vez más a la historia para alcanzar un segundo mandato en las elecciones del 6 de noviembre. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún presidente estadounidense logró la reelección con una tasa de desempleo superior al 7,5%. En el segundo cuatrimestre de este año, la desocupación osciló siempre por encima del 8%, y los esfuerzos del gobierno demócrata para superar esa barrera psicológica, por ahora, no fueron suficientes.

Tal vez Mitt Romney no sea el candidato ideal para enfrentar a Obama. No termina de seducir a las bases republicanas, la prensa lo cuestiona por el modo en que amasó su fortuna personal, no es un brillante orador y, por si fuera poco, esta semana se conoció un video en el que el ex gobernador de Massachusetts se refiere con desprecio a los votantes de su rival. Aun así, el peso decisivo que la economía tuvo históricamente en la política norteamericana anticipa un final de campaña abierto.

“La economía es lo que definirá la elección. Para muchos votantes indecisos, ni Obama ni Romney tienen la llave mágica para mejorar la situación. Pero, en esa franja de electores, cualquier noticia económica positiva sumará puntos al presidente”, explicó a PERFIL Matt Mac Williams, ex asesor de campañas demócratas y profesor de Ciencia Política de la Universidad de Massachusetts. “En aquellos estados donde el desempleo es menor o donde existe la percepción de que bajará, para Obama será más fácil. En Iowa, por ejemplo, la tasa de desocupación es baja y allí el presidente tiene muchas chances de ganar”, agregó el experto.

El último inquilino de la Casa Blanca que fue reelecto con un índice de desempleo superior al 7,5% fue Franklin Delano Roosevelt, en 1940. Ocurrió en un contexto único e irrepetible: el país comenzaba a reponerse de la Gran Depresión gracias al New Deal que el propio Roosevelt había implementado ocho años antes, tras arrebatarle la reelección al republicano Hebert Hoover. Un año después del inicio de la Segunda Guerra, Roosevelt alcanzó el tercero de sus cuatro mandatos.

Desde entonces, ningún intento reeleccionista tuvo éxito mientras sobrevoló el fantasma de la desocupación. Harry S. Truman (1948), Dwight Eisenhower (1956) y Richard Nixon (1972) fueron ratificados en las urnas en períodos de relativa estabilidad económica. En 1976, Gerald Ford fue el primero en sufrir el “karma”. Luego de reemplazar a Nixon tras su renuncia por el escándalo del Watergate, Ford vio frustrado su sueño de una segunda presidencia cuando el demócrata Jimmy Carter lo venció en las urnas. En ese momento, el desempleo alcanzaba el 7,7%.

Cuatro años más tarde, Carter bebió de la misma medicina. En plena crisis del petróleo, con la economía en recesión y la desocupación escalando por encima del 7%, cayó ante Ronald Reagan. En 1984, el propio Reagan estuvo cerca de ser la excepción a la regla: fue reelecto con una de las victorias más aplastantes de la historia del país. Aunque el desempleo entonces era de 7,4% –una décima menos del número tan temido–, el republicano pudo sacar a relucir que había conseguido bajarlo dos puntos en sólo un año.

En 1992, las cosas no fueron diferentes. En la previa de la contienda, los referentes del Partido Demócrata no querían enfrentar a George Bush (padre), quien había adquirido una enorme popularidad luego de la Guerra del Golfo. Hasta que apareció Bill Clinton con su famoso slogan: “Es la economía, estúpido”. Durante la presidencia de Bush, el país había entrado en recesión y el desempleo se había disparado hasta la cifra mágica: 7,5%. Clinton concentró sus críticas en ese aspecto y desembarcó en la Casa Blanca.

Ahora es el turno de Obama. La desocupación en agosto rozó el 8,2%. Más que contra Romney, el presidente estadounidense luchará contra esa vieja costumbre de la historia: la de repetirse.

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