Según todos los sondeos y los analistas, el presidente se impuso en el segundo encuentro
Por Silvia Pisani |
WASHINGTON.- Noventa minutos de debate a puro golpe de oratoria terminaron con el suspenso. El presidente Barack Obama volvió a ser el que era, antes del misterioso bajón que sufrió hace 15 días, y ayer los primeros sondeos lo confirmaron ganador del segundo debate con su adversario republicano Mitt Romney, quien, por el contrario, dejó pasar sus mejores oportunidades.
Un abanico de encuestas corroboró la mayoritaria decantación de los norteamericanos a favor de su desempeño en este segundo duelo, al que había llegado muy presionado por el tibio papel que tuvo hace dos semanas, en su primer cruce con el aspirante republicano, cuando se mostró ausente y distraído.
"La verdad, parece que, esta vez, el presidente se tomó un Red Bull", concedió, al reconocerlo ganador, el gobernador de Luisiana, el republicano Bobby Jindal. "Pero el punto no es quién tiene mejor oratoria, sino mejor gestión, y en eso Obama deja bastante que desear", añadió.
Las encuestas mostraron consenso al confirmar el veredicto. El conteo de Reuters-Ipsos dio ganador a Obama, con un 48% de los votos, contra el 33% que opinó que Romney estuvo mejor. "Claramente el debate marcó un giro para Obama. Tuvo una actuación mucho más enérgica y eso se nota en los números", comentó la encuestadora Julia Clark. Con diferentes guarismos, los sondeos de las principales cadenas de televisión apuntaron en la misma dirección.
A esta altura, sin embargo, uno de los misterios de la noche fue la floja actuación de Romney a la hora de defender sus reproches a la gestión del presidente después del ataque del 11 de septiembre pasado en Benghazi, donde murieron cuatro norteamericanos, entre ellos, el embajador. "Era una de sus principales bazas y ni siquiera en eso jugó bien la carta", dijo Matt Reynolds, de la Universidad de Nueva York.
Tanto se dieron vuelta las cosas que lo que en la estrategia republicana era un punto "vulnerable" de Obama terminó siendo, en rigor, uno de los mejores momentos del presidente. Ocurrió promediando el debate. Romney quedó expuesto cuando, erróneamente, sostuvo que el mandatario había tardado dos semanas en calificar aquella matanza como un "acto terrorista".
"Eso no es cierto, revise las transcripciones", lo corrigió Obama. Romney insistió y fue entonces cuando, con la ayuda de la moderadora del debate, la periodista de la CNN Candy Crowley, el republicano quedó expuesto. "Fue uno de los momentos más débiles" de Romney, reconoció el diario conservador The Wall Street Journal.
En una sociedad donde la mentira tiene dura condena, el momento pareció marcar una inflexión: el público -que hasta entonces había acatado la instrucción de no hacer exteriorizaciones- aplaudió la corrección. Romney acusó el golpe que puso en duda su credibilidad ante 70 millones de espectadores. Desde ese instante, su oratoria se volvió menos filosa, mientras, por el contrario, Obama creció.
"Soy el presidente, el comandante en jefe, asumo la responsabilidad de todo lo ocurrido, y sus insinuaciones resultan ofensivas", disparó Obama al dar el tiro de gracia sobre la floja exposición que hizo el republicano sobre la crisis en Benghazi.
En contraposición, Obama sufrió uno de sus golpes más duros de boca de un espectador de mediana edad y de raza negra. "Hace cuatro años, tuve mucha ilusión al darle mi voto. Pero, luego de ver que no nos va tan bien, no soy tan optimista. ¿Podría decirme por qué debería volver a votarlo?", le preguntó. Obama hizo entonces una florida descripción de su gestión. De la finalización de la guerra de Irak a las mayores regulaciones sobre Wall Street. Pero no fue bastante detallista a la hora de proyectar la agenda del segundo período que busca.
"No fue capaz de describir cómo podría lograr un segundo mandato más exitoso", sostuvo, por caso, el editorial de The New York Times. El influyente rotativo, más contemplativo con los demócratas, subrayó que esa ausencia fue más notable en el caso de resultar elegido con la posibilidad de un Congreso en contra.
La noche tuvo otras curiosidades. Entre ellas, el "momento Bush", que llegó cuando uno de los asistentes preguntó al republicano en "qué se diferenciaba" del ex presidente George W. Bush. "Somos dos personas distintas", atajó Romney. Pero fue Obama el que asumió una llamativa defensa del ex presidente en varios aspectos, entre ellos, la inmigración. Con eso, sugirió que el actual candidato tiene, en realidad, posiciones más extremas que las de su predecesor.
Aún no está claro cuál fue el impacto del debate en la intención real de voto. Para eso habrá que esperar unos días y con eso se estará ya sobre la fecha del tercer y último debate, previsto para el lunes próximo.
La cita final en la que, esa vez, toda la presión estará sobre Romney y la incómoda posición en que quedó ayer.
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