Distintos sectores que apoyaron al Partido Demócrata en los comicios presidenciales se inclinan ahora por los republicanos
WASHINGTON.- Aún dispersos y sin un líder claro, los candidatos del Partido Republicano saben cómo culpar al presidente estadounidense, Barack Obama, de los males de la primera potencia del planeta. Su esfuerzo proselitista caló a tal punto en sectores tradicionalmente afines al líder demócrata que ahora, frustrados, cruzan de vereda y afirman que no lo votarán el próximo martes.
La autodefinidos como independientes, los sectores de menores recursos, las mujeres y los católicos -todos grupos que en 2008 fueron un importante soporte de Obama- parecen inclinarse en cadena hacia la abstención o hacia el voto republicano, según se desprende de un sondeo publicado por la cadena CBS y el diario The New York Times .
El 61% de los consultados por el Times consideró que, de la mano de Obama, Estados Unidos va en la dirección equivocada, mientras que apenas el 34% opinó que está en el rumbo correcto. El 42% sospecha que ni el mandatario ni su equipo de gobierno tienen una idea clara de cómo enfrentar el problema del desempleo.
"Hay una prédica muy efectiva a la hora de culpar al presidente", dijo a LA NACION John Voyteck, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Colorado. "En eso, sectores como el Tea Party han sido sumamente eficaces en su cuestionamiento del gasto público", añadió.
No es sólo eso. Obama pareció enfrentarse con la franja de votantes católicos en su ofensiva por la reforma sanitaria, cuando se vio forzado a presionar a los legisladores demócratas que se oponen al aborto y a que el dinero público se use para financiar ese tipo de intervenciones.
La posición, enarbolada por un grupo de congresistas liderados por el demócrata Bart Stupak, generó una trabajosa negociación y una salida salomónica en la que se procuraba quedar bien con todos.
"Buscamos un sistema de salud, no un proyecto sobre el aborto. No permitiremos que el dinero federal se utilice para financiarlos, pero tampoco queremos limitar la opción de la mujer", dijo en aquel entonces Obama. La solución no pareció conformar ni a unos ni a otros. Hoy, en ambas franjas -católicos y mujeres- se ven importantes deserciones de votantes demócratas, según la encuesta publicada ayer.
"El problema de Obama es que aparece demasiado como un fence-runner [equilibrista], un hombre del que no termina de saberse para qué lado va a caer. Y demasiado obsesionado por quedar bien con todos", añadió Voyteck. "Esto a veces no funciona bien en campaña electoral", subrayó.
En tanto, Obama mantiene su agenda y ayer se las ingenió para recibir a un grupo de miembros de la NASA y de varias empresas norteamericanas que colaboraron en el rescate de los 33 mineros chilenos. Tenía pensado hablar públicamente, pero luego lo canceló. "Tuvimos una buena charla con él", dijo Jim Stefanic, uno de los operarios invitados. La Casa Blanca se esfuerza en estos días en mostrar un perfil cercano de Obama.
Frente a las embestidas opositoras, la campaña demócrata contraataca con el argumento de que heredaron una situación caótica y que han logrado estabilizar una economía hundida por la mala gestión de sus predecesores republicanos. Pero el mensaje no convence: las cosas no están bien, la economía no arranca y eso ya es suficiente mala noticia como para añadir que podrían haber sido peores, según comentó Erwin Hargrove, politólogo de la Universidad Vanderbilt. "La realidad es que Obama es el responsable ahora del país y lo que le importa a la gente es cómo están ahora las cosas y no cómo estaban o cómo podrían haber llegado a estar", subrayó.
El mensaje republicano se conecta mejor con la dificultad que a diario enfrenta el ciudadano promedio. Eso se ve en la deserción de los sectores independientes que, más allá de una afinidad ideológica, persiguen la mejora de sus condiciones de vida. Esa deserción hacia la abstención o el voto republicano tiene, además, como antecedente, la tendencia natural del electorado norteamericano de votar, en los comicios de medio término como éstos, al partido opuesto al que está en el gobierno.
"Es una curiosa tendencia que se ha mantenido en las últimas décadas", subrayó Voyteck. Y que en este caso "resuena más fuerte porque las medidas aprobadas por los demócratas no se han traducido, en los hechos, en un aumento del bienestar", añadió.

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